Es mi alma la que siente, la que escucha, la que escribe, la que ve.
No son esas conexiones neuronales ni los descompensados neurotransmisores que alimentan la ilusión del ser humano.
Es mi alma quien piensa, la que se comunica.
Es quien sabe sin saber lo que sabe.
Es mi alma quien se instruye, quien teme y quien prevee.
No es ese órgano latente que transporta el alimento circular y mantiene la materia vital.
Es mi alma la que sobrevive año tras año adquiriendo experiencia vida tras vida.
Es mi alma quien contiene sabiduría, esconde secretos ,y descubre misterios
La que se llena de devoción y de ilusión.
Es mi alma la que nunca duerme, la que no se cansa, la inmortal.
Esencia que acogemos en nuestra carcasa molecular frágil y efímera.
Es mi alma la que viaja por diversos mundos, la que capta energía y la que rechaza la maldad.
Es mi alma la que me avisa, la que actúa y la que se manifiesta.
Es la que siente esa atracción, ese amor, ese odio, esa pasión.
Es mi alma la que no puedo controlar, y es ella la que me controla sin cesar.
Es mi alma la que busca ser libre, la que desea volar.
Es mi alma la que decide cuando desconectar y sustituir este cuerpo carnal para unirse al otro tan especial como el que acaba de dejar y la que se eleva al mundo espiritual.