El Juez dictó sentencia y los acusados la han recibido.
LA JUSTICIA EN EL TRAPECIO
El Juez dictó sentencia y los acusados la han recibido.En estos días de múltiples fallos judiciales, de Jueces que se declaran impedidos y otros que descubren el peculado antes de que el mismo pueda existir, la rama judicial muestra permanentemente vergonzosos contrastes.
Hasta donde alcanzo a entender, peculado es el delito que se tipifica en el Código penal cuando los funcionarios públicos hacen desviaciones de recursos del Estado (cosa común entre los mediocres que en su mayoría ascienden a tales peldaños), y que tal delito suele cometerse en Países de alta corrupción.¿Mi país es honesto verdad?
En la semana pasada, un Juez militar sentenció a los soldados y a sus superiores implicados en el encuentro del dinero de las FARC, bajo el delito de peculado por apropiación.Según la Justicia militar, el dinero al ser encontrado por funcionarios del estado automáticamente pasó a ser propiedad del mismo; pero yo no lo creo así, ya que el dinero no había sido enterrado por ninguno de nuestros ancestros y menos por alguno de nuestros “Honorables Padres de la patria”, cosa que de antemano desmonta la figura de tesoro o guaca.No señores, esa era una platica que se les había quedado a las FARC, tal vez guardada o envolatada desde los tiempos de la zona de distensión; además, se suma el hecho de que la plata aún no había sido entregada a la oficina de estupefacientes y tampoco había sido reportada a los medios de comunicación.No es que se deba decir que los militares son inocentes, pues pese a lo que sea, el dinero no les pertenecía; pero no se les puede condenar por peculado, cuando sabemos que en nuestro “maravilloso país” es costumbre de los “profesionales funcionarios públicos” hacer desvíos de recursos sin que ningún Juez les dicte sentencia.Véase por ejemplo a la rama ejecutiva (experta en cerrar hospitales y abrir batallones que constantemente cometen errores), que con nuestros impuestos fortalece a la industria militar, pese a que algunos de éstos están destinados por ley a la decrépita inversión social, que en esta patria saturada de leguleyos es cada vez más famélica.