Wednesday 18/April/2007 20:43
En las últimas 2 décadas, el desarrollo de la tecnología les ha permitido a los limitados visuales ponerse a la par de las personas videntes en lo concerniente al acceso a la información; no obstante, la educación ha sido renuente a facilitarle las cosas a una población que pese a todas las trabas impuestas por la “progresiva”
LA EDUCACIÓN MÁS ALLÁ DEL DIAGNÓSTICO
En las últimas 2 décadas, el desarrollo de la tecnología les ha permitido a los limitados visuales ponerse a la par de las personas videntes en lo concerniente al acceso a la información; no obstante, la educación ha sido renuente a facilitarle las cosas a una población que pese a todas las trabas impuestas por la “progresiva” estructura de nuestro estado, ha sido capaz de demostrarle a la sociedad que el ciego puede llegar a ser tan productivo como cualquier otra persona con la facultad de sus 5 sentidos.
Si bien nuestras instituciones culturales y educativas se han visto en la necesidad de adquirir herramientas que le permitan a los limitados visuales acceder a la información, cierto es que muchas de las mismas se han quedado en una adquisición protocolaria, pues se olvidan que la mayoría de esta población no tiene la menor idea del uso de elementos tan sofisticados.
Digo pues, que es un compromiso ineludible de colegios y demás estamentos que de una u otra forma se relacionen con la educación, masificar entre la población con discapacidad visual el manejo de la tecnología, pues de nada sirve que ésta exista si sus destinatarios finales no pueden acceder a ella.Además, la tecnología se convierte en el puente que une de manera eficaz al alumno ciego y al docente, lo que le permitirá a este último, adaptar su proceso de enseñanza a las reales necesidades de su alumno.
Durante mucho tiempo, el docente ha sido visto como el supremo transmisor del conocimiento, a todas las sociedades que han contribuido al desarrollo de nuestra nación; ¿pero qué hacer cuando el docente le dice a los padres de una persona con limitación visual: “Yo no sé cómo trabajar con él”?
Esta es la razón que los docentes han esgrimido para librarse de una de sus tantas responsabilidades, por lo que la “Integración escolar” ha sido un proceso lleno de múltiples irregularidades, pues lo que no se hace por convicción suele terminar con exceso de vacíos, en un estado que pretende resolver todo a costa de leyes que derogan a otras, sumado el hecho de que algunos docentes se han tomado a pecho el calificativo de “Supremos portadores del conocimiento”, siendo ellos mismos los que se niegan a aceptar las leyes sancionadas por quienes otrora fueron sus estudiantes, por lo cual el proceso de renovación pedagógica se da de manera fragmentada y deficiente, perjuicio que no le es ajeno a los invidentes.
Creo que para dar comienzo a un verdadero proceso de renovación pedagógica, los educadores deben tener en cuenta que la forma de transmitir el conocimiento debe adecuarse a las vivencias actuales del entorno de la sociedad que esté vigente.
Desde la academia siempre se ha afirmado que la docencia es una de las profesiones con más responsabilidad, ya que se ocupa de formar a cada integrante de la sociedad.Esto significa que la educación debe estar a cargo de verdaderos profesionales, conscientes a plenitud de que su trabajo debe ser sumamente objetivo y de alta calidad, ya que ellos son los hacedores de las sociedades productivas.
Pero en la práctica, muchos se dedicaron a la docencia gracias al favor del político de turno, o porque no encontraron nada más para hacer, hecho que desvirtúa en cierto modo el profesionalismo de nuestros maestros.
Debido a esto, durante los casi 200 años de nuestra república, los administradores del saber académico siguen aplicando la misma metodología con la que ellos aprendieron, sin tener en cuenta que en la actualidad las expectativas de los estudiantes se frustran al pretender encasillarlas en procesos anacrónicos de aprendizaje.
Es pues, necesario que el docente entienda que incluso lo que en sus épocas de estudiante aprendió, en la actualidad ya no es de la misma forma; es decir, que el conocimiento varía de acuerdo a la sociedad y su entorno.
Sin entrar en cuestionamientos políticos, diré que en nuestro país la educación ha sido y es la cenicienta; pues las inversiones económicas son famélicas y a cuentagotas, lo que le ha servido de caballito de batalla a muchos docentes que se escudan en ello para impartir el conocimiento de modo intermitente, con el fin de presionar al estado para que mensualmente les desembolse un sueldo del que nunca se sienten conformes.
Pero cuando hablo de las inversiones famélicas, no me limito simplemente al sueldo de los maestros; es preciso decir que en nuestro país “En Vía de Desarrollo”, existen colegios que se apuntalan por 2 voluntades: la del maestro y la de los estudiantes ansiosos de aprender, ya que el complejo andamiaje del aparato estatal es el principal responsable de que los recursos a invertir en la educación, se extravíen en el largo recorrido hacia las escuelas y colegios que no están tan cerca de las zonas de influencia de nuestros dirigentes “Omnipotentes”
Para fortalecer a la educación, el estado debe realizar una mejor inversión, ya que de este modo es posible construir una sociedad que no requiera ni cárceles ni policías para autorregularse.Es decir, que si se invierte en la educación, el país tendrá un crecimiento económico respaldado en un eficaz desarrollo académico.
Pienso que la educación no debe bajo ningún precepto, olvidarse de la población en situación de discapacidad visual, pues estas personas antes que ser ciegas, son un valioso componente de nuestra sociedad y sin duda alguna ya han demostrado que con su potencial pueden aportar al real desarrollo de esta nación.Más que regalos, los ciegos le pedimos a la sociedad oportunidades para darles a conocer que podemos ser tanto o más productivos que quienes hasta hoy han gozado de la plenitud de sus 5 sentidos.
Wilson Perea Estupiñán.
Comunicador social con discapacidad visual.