La anciana Rita de pelo blanco, de ropa desgastada por el paso del tiempo, de barrio humilde, y de mirada triste, llegaba a su casa, con su manos quemadas por la lejía de las ropas que lavaba, manos huesudas y a la vez suaves y menudas, que un día fueron de gran Señora, la Sra. Rita……………
Llego a su casa, con la mirada en el suelo como siempre, solo miraba su buzón de reojo, nunca había nada en su buzón, nadie la escribía, no tenía familia, y aunque un día si la tuvo no notaba su ausencia, ahora solo tenia soledad, pena y melancolía, y Rita vio que en su buzón de correos, había una carta.
Recelosa, la miro, abrió su buzón y cogió la carta, solo una carta, no había sello, ni matasellos, solamente su nombre y su dirección,
La abrió con cuidado, con recelo y la leyó, decía:
Querida Rita, el sábado iré a visitar a tus vecinos, tus amigos, y también pasare a visitarte a Ti,
Jesús
Sus huesudas y suaves manos temblaban cuando puso la carta sobre la mesa, una lagrima cayo por su mejilla.
Se sentó en una vieja silla de anea, en la cocina y pensó…. ¡ Porque querrá venir a visitarme el Señor ¡
No soy nadie en especial, no tengo nada que ofrecerle... pensando en eso, Rita recorrió con sus ojos llorosos el vacío reinante en los estantes de su cocina, en su alcoba, en su salón, no había nada, no había nada de comer, solo cuatro muebles viejos y la silla de enea en la cocina, donde estaba sentada.
¡Ay no ! No tengo nada para ofrecerle !
Tendré que ir a comprar algo.
Bueno, comprare algo de pan y alguna otra cosa, al menos.
Se puso un abrigo encima, que un día le regalo una Sra. donde ella lavaba su ropa, un abrigo, negro, viejo y raído, pero que abrigaba, un abrigo al fin y al cabo, y se apresuro a salir.
Compro una barra de pan, un cartón de leche, y un poco de mortadela, no había para mas, y Rita se quedó solamente con unos pocos euros, que le deberían durar hasta el lunes.
Aun así se sintió bien camino a casa, aunque el aire era frío, muy frío, respiraba tranquila y estaba emocionada, con sus humildes ingredientes bajo el brazo, y pensó, ya tengo algo que ofrecerle al Sr.
De camino a casa, casi en su puerta oyó una voz…… Oiga, señora, nos puede ayudar, señora ¿, Rita que estaba tan absorta pensando en la cena, que le prepararía al Sr. que no vio las dos figuras que estaban de pie frente a su puerta, un hombre y una mujer, los dos vestidos con poco más que harapos, y casi descalzos.
Mire señora, no tengo trabajo, ni nada que comer, vengo con mi mujer estamos viviendo en la calle, hace mucho frió, y tenemos hambre, y bueno, Sra. si usted nos puede ayudar, Sra. le estaríamos muy agradecidos…….
Rita los miro con más detenimiento, miro sus ojos, sus caras y pensó que ellos podrían trabajar si realmente quisieran, aun siendo mayores aun eran jóvenes.
Señor, quisiera ayudarle, pero yo misma soy una mujer pobre, trabajo de lavandera y casi no tengo para comer, todo lo que tengo es una barra de pan, mortadela y un poco de leche, pero tengo un huésped importante para esta noche y pensaba servirle eso a El.
Si, bueno, si señora, entiendo. Gracias de todos modos, le contesto.
El hombre puso su brazo alrededor de los hombros de su mujer y se dirigieron a la salida, despacio y con la cabeza agachada, a medida que los veía saliendo, Rita sintió un latido familiar en su corazón, noto como un escalofrió……..
Señor, espere….
La pareja se detuvo y dio media vuelta a medida que Rita corría hacia ellos y los alcanzaba en la calle.
Mire: por que no toma esta comida ? algo se me ocurrirá para servir a mi invitado... y extendió la mano con la bolsa que acababa de comprar, Pan, Leche y Mortadela
Gracias, señora, muchas gracias
Si, gracias, dijo la mujer y Rita pudo notar, que esa mujer estaba temblando de frío, sabe? tengo otro abrigo en casa. (Aunque no era cierto) tome este, Rita desabotonó su abrigo y lo deslizó sobre los hombros de la mujer, y sonriendo,
regresó camino a casa, sin su abrigo y sin nada que servir a su invitado.
"Gracias, señora, muchas gracias”
Rita estaba tiritando cuando llegó a la entrada, ahora no tenia nada para ofrecerle al Señor.
Buscó rápidamente la llave en la cartera mientras lo hacía notó que había otra carta en el buzón, que raro, el cartero no viene dos veces en un día.
Era otra carta, sin sello ni matasellos, solo su nombre y su dirección, cogió el sobre y lo abrió:
Querida Rita
Que alegría fue volverte a ver, gracias por la deliciosa cena, y gracias también por el hermoso abrigo.
Con amor,
Jesús
El aire todavía estaba frío, pero aun sin su abrigo, Rita no lo notó.
Y Rita lloro de felicidad, entro en casa, miro su cocina, sin nada en los estantes, se sentó en su silla de anea, miro hacia arriba y dijo……..
Gracias Jesús