Decía una peli de guión barato, una idea nada desdeñable en todo caso, eso que todo principio tiene antes un final, es decir la idea del circulo. Lo cierto es que un año termina y otro comienza, lo viejo y lo nuevo, lo ya conocido y vivido con todo un misterio por delante de 365 días.
Este cuento simboliza todo ello. Con mucho afecto a todos vosotros.
“Matías aquella tarde se quedó con el nieto, un chavalin de siete años algo revoltoso. Era la tarde de un 31 de diciembre, su hijo y nuera se lo habían dejado un rato para realizar ellos mas tranquilos algunas compras. Matías en todo caso no quería ir a su casa a la cena de fin de año, no se encontraba muy bien y prefería cenar solo en su propio hogar y una vez ya “devuelto” su nieto Adrián.
El niño, como dije era muy movido, al final consiguió tirar al suelo “sin querer” la vieja caja de madera que el abuelo tenia junto a la foto de la abuela a la que el nunca conoció por ser muy pequeño aún. Todo el interior de la caja quedó esparcido por el suelo.
-Adrían ¿qué has hecho muchacho?
-No pasa nada yayo, se recoge y ya esta… ¡cuantas cosas tenias aquí!
Era cierto, su abuelo tenía muchas cosas metidas, ese tipo de objetos que representaban parte de su vida y que eran valiosos recuerdos de antaño.
-Esto ¿qué es abuelo?. ¿Son chapas?
-Dos chapas, si, en forma de rombo que guardo desde que hice la mili en un cuartel de Madrid.
-¿La mili?.
-Nieto, ahora no tengo tiempo de explicarte algo que tú seguro no harás.
-Bueno…se lo preguntaré a mi padre.
-Te dará igual, el tampoco hizo la mili… ni la hará.
-¿Y eso abuelo …que es?.
-Una piedra, representa un momento especial de mi vida, resulta que…
-¡¡¡Mira abuelo un reloj viejo!!!
El chico en su afán de verlo con esmero, resultó que se le cayó al suelo con la mala suerte de romper el hasta ese momento impoluto cristal.
-Adrián muchacho del carajo! ¡Mira lo que has hecho!.
El niño de carácter espacialmente optimista como todos los niños de edad escasa, todo lo arreglaba enseguida.
-Es un reloj muy viejo y no da ni la hora, lo ves bien abuelo, no da la hora. Es feo y viejo. Me gusta mas la piedra esa y la navajita aquella y…
El abuelo le miró a los ojos con una ternura diferente, como disfrazada de regañina que no surtió efecto alguno en el chaval.
-Este reloj Adrián, me lo dio mi abuelo, hace muchos años. El reloj es bueno, de aquellos tiempos pero bueno y tiene mucho significado para mí. Mucho.
Le dijo al nieto mientras acariciaba la esfera del reloj.
-Ah, mira abuelo, por el suelo… hay mas cosas…
Durante un buen puñado de minutos, abuelo y nieto fueron depositando de nuevo los objetos dentro de la vieja caja, una pulsera de su mujer, una foto de una joven pareja en un blanco y negro agrietado, donde el mismo, mucho mas joven ya intuía la felicidad que le esperaba. Un sujeta corbatas de la mili, con un carro de combate amarillo oro en fondo rojo dibujado dentro, objetos varios, en fin, que por decirlos no aumentaban su importancia ó su existencia, pero que junto a la memoria del abuelo eran totales y cobraban vida.
-¿Sabes abuelo? Me ha gustado eso de la caja y lo de meter recuerdos. Haré lo mismo.
-Pero nieto si tú no tienes aun casi recuerdos que guardar.
-Mi oso, tengo a mi oso…¿no?.
-Tu oso no entra en una caja así. El caso es que tengo yo una cajita pequeña de carton duro que mira...te la doy. Guarda en ella lo que quieras.
El chico muy contento la recibió en sus manos justo cuando sus papas regresaban de las compras.
-Padre, deberías de venir con nosotros a cenar…No estoy tranquilo dejandote aqui...solo. Ven a cenar.
-No, esta noche no, prefiero estar a solas, veré un rato la tele y lo de las uvas puede que también. No se.
Aquella noche el señor Matías cenó poco y sencillo, se recostó en su sillón orejero y por encima de la vieja manta marrón que le cubría las ya delgadas piernas, agarraba con débil fuerza entre sus manos la caja de los recuerdos. Y así dieron las doce y una año nuevo entró, mientras el solo sentía entre los dedos escurrir el tiempo, el de una vida troceada en…objetos varios.
A la mañana siguiente, el nieto Adrián, pensó en meter ya algo en su flamante caja de cartón duro y porta recuerdos; al introducir el muñeco ese de Spiderman en la misma, se percató de que sonaba algo dentro. Miró detenidmente. Era el reloj que su abuelo había dejado dentro. El niño extrañado, permaneció un buen rato sin saber que hacer; cuando reaccionó, se lo dijo a su padre y se lo mostró. Le dijo su papá:
-Este reloj lo tenia mi padre, es muy antiguo ya el se lo dio su abuelo.
-Pero...no funciona papi.
-Hijo, el abuelo te lo ha dado, así que le cambiaremos el cristal roto y ahora lo llamas por teléfono para darle las gracias.
No cogió Matías el teléfono, ya no, Toda la noche la pasó en igual posición, si acaso las gafas las tenia algo ladeadas y la tez un poco más blanca. Por lo demás, un sol de invierno del primer día de aquel nuevo año, parecido a otros días, iluminaba una habitación vacía de vida.
Matías seguía con la vieja caja entre sus manos, sin pulso, quizás ahora sus recuerdos eran más valiosos que nunca.
-Papá…el abuelo no contesta al teléfono.
Un escalofrío recorrió el cuello de su papá, mientras intuía lo peor.
-Papi ¿Qué haces?
Su padre rotó arriba y abajo las manecillas para darle así la cuerda que necesitaba el reloj y lo puso en la hora. Funcionaba perfectamente. Volvía a ser útil.
El tiempo detenido pasó a ser continuo, ese tiempo que pasa de mano en mano, de ser a ser, el que nunca se detiene.”
Ojala el año que viene, entremos todos con nuestros recuerdos más bellos y sepamos traspasar nuestro saber y conocimiento a los que vienen detrás. En cierto modo, lo sabemos, es la única forma conocida de…seguir existiendo.
Buen año a todos.