De Juanito decían que era algo torpe y tonto; si… tonto.
Desde mi punto de vista tenia algo raro, extraño, que le otorgaba un aspecto inocente.
Vuelvo a contaros una historia, de esas que el tiempo ya transcurrido barniza de ficción, aún siendo algo totalmente real.
Llegó el chaval el mismo día que yo al Cir. de Alcalá, un dos de octubre de aquel 78 ya tan lejano. Es cierto que básicamente al llegar a un lugar como ese…el Cir., uno se fija de manera más concienzuda en todo, también en las personas que estaban contigo, claro. Yo tardé una semana en verme relacionado de pleno dentro de un grupo que se iría definiendo para el resto de los 63 días que duro mi campamento. Recuerdo que cuando se nos enseñaban diferentes tareas: desfilar, desfilar, desfilar, gimnasia de esas raras, desfilar y limpiar el arma (novia) ó hablar con los tocinos idiomas, me fijaba en Juanito, pues esa vulnerabilidad que ofrecía su persona daba en la diana de nuestra fibra sita en el corazoncito menos rojo ya y mas verde ahora.
En las comidas apenas decía nada, siempre había algún gracioso, que escondía sus carencias como persona (ya sabéis) depreciando y ofendiendo al más débil del momento; ese era Juanito.
Del muchacho decían que era torpe y tonto; si…tonto.
Lo recuerdo sobre todo en una ocasión, creo que fue la primera en la que nos enseñaban a limpiar el cetme. Si no recuerdo mal, estábamos tres, otro chaval que no paraba de decirme cosas sobre el camino del Rocío que era "lo mas" para él y luego Juanito. De vez en cuando el chico subía la cabeza que escondía con esa vergüenza que sin motivo te hace “casar” la barbilla con el pecho y miraba como limpiamos los otros, me acuerdo (pobre) que se fijaba en mi, lo que supuso seguro un mal ejemplo a seguir. Ese momento de “limpieza” hizo que se uniera mas a mi y aquella noche cenamos juntos los manjares aquellos del Cir. No hablaba apenas y su apareciera era realmente de un tipo con pocas luces. Pero es cierto que dejaba notar la necesidad de alguien a su lado. De regreso al la compañía, venia conmigo y dijo algo sorprendente:
-Me quiero marchar de aquí, creo que me iré pronto.
-Si, si…pronto te irás; solo catorce meses mas y listo.
-No, no, digo que me voy pronto. ¿Me entiendes?
-Que si, que si…te entiendo.
De Juanito decían que era torpe y tonto; si…tonto. Por las primeras noches recuerdo que en altas horas de la madrugada, en donde ronquidos, gemidos y llantos se mezclaban hasta hacer un popurrí demencial, una noche vi a Juanito asomarse por la puerta central de la compañía, con ademán de salir.
-Tío... ¿Que haces ahí?
Pregunte una vez había bajado de propio desde mi tercer piso de la litera 12.
-Creo que me voy…
-Pero Juan como demonios te marchas, hasta puede que te ametrallen (le exagere).
Seguramente verse "atravesado por las balas" hizo que reflexionase y se fue a su litera, bastante lejana de donde me encontraba yo.
A los quince días, creo recordar, nos hicieron realizar aquellos ejercicios gimnásticos tan raros subidos en troncos de cuatro en cuatro. Sinceramente pienso que "AQUELLO" pudo ser decisivo, pero el caso es que partiendo de ese dia, ya se podía decir que el montante esperado de soldados llenaban las Cías., de manera que partiendo de ese momento todo comenzaría realmente.
El caso es que por la tarde, me fui con otro amigo a la cantina que estaba cerca de la puerta central del Cir. y por delante de nosotros iba…Juanito.
-Juanito, ¿Cómo estas?.
-Mal, me voy a mi casa.
-¿Qué dices Juan?-
-Me esperan mis padres y las ovejas, el campo, mi padre es muy viejo ya no puede solo con el “arao”.
Mi amigo anexo me decía que tal como contestaba parecía algo tonto, pero yo notaba una situación rara. Diríase que de veras se largaba de allí.
-Juan, para tío, ¿a dónde vas?
- ¡A mi casa!.
-¡¡¡Juan, para ya coño!!!.
Se volvió hacia nosotros dos y con su mano izquierda (era zurdo) nos dijo adiós esbozando una sonrisa nunca vista antes por mi y siguió unos pasos mas y
mira por donde que llego a la puerta; un soldado de vigilancia le acompaño a las dependencias. No lo vimos salir. Pensé si lo habrían fusilado directamente dentro.
Llego la hora de la cena, pero antes cuando pasaron revista…ya no lo nombraron siquiera. No pude por menos que preguntar a un alférez mas estirado que los palos de gimnasia de por la mañana y me contestó que lo habían dado de excedente, que por lo visto no era normal, que debía ser tonto. Pensé en el motivo por el cual, en su momento, le habian dejado venir desde el comienzo...
Ya. Claro.
Su mili duró quince días. De Juanito decían que era torpe y tonto; si…claro tonto.
Fer. A.