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Tiempos de mili en Wad Ras 55

Recuerdos, fotos, aventuras, nostalgias y añoranzas de la mili en el viejo cuartel WAD RAS 55 en el Madrid de los años setenta.

 
 
     
 
Tuesday 19/August/2008 13:15

Wadrreros en la Expo (3) Los mosqueteros al ataque.


Terminamos esta crónica del encuentro de los Tres mosqueteros Wadrreros. Esperamos que alguien más se una a esta fiesta del agua y nos lo cuente en el blog con todo lujo de detalles.

Saludos a todos.

Pedro A.

0000_1_a1_0tres mosqueteros01.jpg

(Fermín A., Fermín Esteban y Pedro A. con el Palacio de Congresos y la Torre del Agua de la Expo Zaragoza 2.008 al fondo)

Continuación de EL ENCUENTRO:

El horizonte supo de pronto a miel y azúcar. Nueces y almendras caramelizadas aparecieron del zurrón de Fermín Esteban, como buen “ranchero”. Y la habitación se perfumó para todos con aroma a cocina wadrrera, en especial a aquellos atardeceres en que los hornos escupían palmeras con la melosa cadencia del crepúsculo.

Tres mosqueteros dispuestos a revivir las aventuras que un día les unieron y, además, a renovar el voto de amistad eterna que nunca hicieron pero que siempre acompañó sus corazones. Y una “milady” –Ana, mi mujer- hermanándose con los antaño soldados como si alguna vez hubiera dirigido ataques imaginarios erguida sobre la férrea torreta del carro 323 en las peliculeras arenas monegrinas.

El Pilar, el Ebro, la Seo prestan sus muros, sus riberas, sus mármoles al renovado revival. Luego vendrá la Expo y tantos rincones que la ciudad atesora. Pero ahora solo queda, arropado bajo el sutil arco del Dean, el amistoso grito del reencuentro, la mirada hecha trío, la luz reflejada en las mudéjares paredes ancladas en la historia… Fueron casi tres décadas en que el correo postal pasó a electrónico y, de vez en cuando, nuestras voces traspasaron cables y señales telefónicas. Treinta años a punto de cumplirse y que han florecido en un nuevo comienzo.

Una vez compartimos los veinte años. Ahora, con cincuenta, el panorama de nuestras vidas es distinto. ¿Pensamos ahora igual que cuando una guardia en la infecta garita “Norte” no nos impedía soñar? Posiblemente no. Y, sin embargo, la vieja Salduba nos ha inoculado el virus del renacimiento, en todos y cada uno de las acepciones del término. Nacemos de nuevo aun con el pelo cano y la artrosis a punto de declararnos la guerra. Volvemos a ser jóvenes o quizá nunca dejamos de serlo. Ya no somos soldados o quizá si. No luchamos por los mismos ideales que entonces, pero queremos plantar nuestra bandera personal en los campos de batalla a los que cada mañana nos lanza el despertador.

El encuentro, el “encontronazo” ha recolocado la neurona nostálgica y la ha hecho real. Ya tenemos el recuerdo más cerca. Podemos tocarlo. Respirarlo. Sentirlo. En ningún momento hemos advertido que el tiempo había pasado. Diríamos que nos vimos ayer. Que hablamos hace unos días de tal o cual problema. El tiempo solo ha pasado en los relojes. La lágrima antañona de muchacho perdido en un inmenso cuartel destartalado está a punto de transformarse en agua en una Expo diseñada al efecto, en gota que disuelve, en torrente que purifica, en río que traslada, en océano que une orillas, que entrelaza manos, que funde miradas…

Estamos frente a frente de nuevo. Vaciemos los bolsillos, camaradas. Dejemos al aire hasta el último y recóndito pudor escondido. Somos libres de nuevo. Sabemos que la vida nos espera –todavía, si- en cada esquina, en cada ventanal, en cada puente, en cada calzada repleta de adoquines… Y sabemos también que podremos dar esos pasos juntos, como antes, como ahora, como siempre.

Una vez nos despedimos pensando que la vida nos llevaría por senderos lejanos. No fue así. Esta vez nos despedimos con el mismo abrazo pero con otra certeza. La de que hay lazos que no rompe el fuego del olvido. Un taxi rompe de nuevo el hechizo. Unas ruedas giran y se alejan. Otro AVE golpea el aire con la fuerza de los dioses.

Todo sigue oliendo a miel y azúcar. La vida puede ser como una tierna palmera recién salida del horno del recuerdo…

Pedro A.


 
 
  3 comentarios  · autor: ferapaly  ·  sección: General  
     
 
Tuesday 19/August/2008 12:58

Wadrreros en la Expo. Parte 2: Los tres mosqueteros.


Os habíamos prometido que la serie “Wadrreros en la Expo” tendría en breve más capítulos. Pues bien, aquí los tenéis. Los mayorales, Fer A. y Pedro se han vuelto a reencontrar tras veintimuchos años en la Zaragoza del primero con motivo de la Expo del Agua. Y al encuentro se ha unido el tercer miembro de aquel grupo que nació en época cuartelera y que ya ha aparecido en el blog en alguna ocasión: Fermín Esteban, el Ranchero por excelencia. (Le dedicamos una entrada llamada  "FERMIN EL RANCHERO", en Enero de 2006  que podéis buscar en el archivo del blog).

Os dejamos primero una foto de los tiempos wadrreros y la primera parte de una aproximación literaria del encuentro escrita con la emoción a flor de piel.

En la siguiente entrada la imagen será actual y finalizará la crónica.

Saludos a todos.

Pedro A.

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(Fermín A. Fermín Esteban y Pedro A. con el monolito de la entrada del Wad Ras de fondo. 1978/79) 

 

EL ENCUENTRO.

Con la mirada aun casi perdida, incrustada diríase, en el marcador de velocidad del AVE –que llegó a 302 km/h-, la estación Delicias apareció como un oasis de color arena perlada solo mancillada por las rectilíneas rampas andantes que comunican el subsuelo burbujeante de vías, traviesas y raíles con la superficie. El sur había quedado atrás casi de alborada.

Unos pasos, en principio titubeantes, una inquietud escrutadora, un giro de cabeza en busca de lo esperado. Un alguien que se acerca y a quien no distingues entre la multitud. Una voz que se acerca y pronuncia tu nombre. Unos brazos que te estrechan. Unas palabras que te envuelven y te empujan hacia atrás más de veinte años en el calendario…

Fermín Esteban, el Ranchero, el compañero del alma, el hombro que soportó lágrimas, el oído que supo atesorar susurros de alegría contenida, de sufrimiento compartido, el amigo que siempre estuvo en ese lugar en el que uno espera encontrar el alivio, el  soporte, la fortaleza de la comprensión, la risa que esconde el dolor, la mano que te guía… Extrovertido y con un desbordante mundo interior. Él estaba allí, frente a nosotros. Ana y yo lo miramos, al principio sin distinguirlo. Después su imagen se formó rápida y viva. Sus pasos –aquellos pasos recordados- semejantes a sílabas, desgranaron frases coordinadas con sus labios. ¡Dios mío! Dijo alguien. ¡Pedro!; ¡Fermín!...

El sonido se volvió quedo ante el abrazo. La fuerza de los brazos intentó sonsacar el paso de los tiempos. Vano esfuerzo.

¿Quién dijo algo? ¿Quién articuló palabras de bienvenida?. Debió ser el Tiempo con mayúscula. No han quedado nítidas en el recuerdo. Las letras pronunciadas son solo –ahora- sensaciones. Escenas cinematográficas que solo han sido reales en el instante fugaz que nos impidió aprehenderlas con cualquiera de los cinco sentidos que pretendimos azuzar para el momento.

El plano siguiente huele a taxi acalorado, a recuerdos de Fermín pasando por su viejo barrio de niñez juguetona, a intercambio de jirones de vida entrecortada… ¿Qué has hecho? ¿Cómo has vivido? ¿Qué has pensado? ¿Dónde estás? ¿Cómo conjugas esos verbos del día a día?...

Hijos que han crecido, esposas que han dado sentido al camino, ilusiones prendidas en las insignificantes esquirlas que saltan por doquier cuando rozamos la vida con la realidad que soñamos… divinas y humanas presencias se hicieron verbo en aquel taxi que, inmune a los recuerdos, vibraba feliz sobre el asfalto tibio hasta el final del primer trayecto.

La Zaragoza agosteña tintineaba en las fachadas iluminadas por un sol de cálida justicia. En la otra acera, el hotel con nombre de leyenda. Puerta al Oriente, a lo deseado, a lo buscado.

Un paso de cebra. Un semáforo en rojo. Una mano en el hombro. Otra voz. Otro Fermín. Ahora el oficinista de serio y adusto semblante en aquel perdido cuartel ya desmantelado. El compañero de oficios y vales de comida, de máquinas de escribir y furrielería polvorienta. El amigo continuo y permanente. Un referente de seriedad combinada con un extraño punto de tierno interior escondido. Siempre presente, siempre al acecho, siempre al quite. Introvertido, con la mano extendida, la mirada firme y el corazón palpitante de humanidad serena…

Otro encuentro de extraña plasmación, casi irreal. Una voz, una imagen que rastrea los sentidos hasta el extremo. Una emoción que raya en el dolor. Un soplo de aire irrespirable que tapona las frágiles branquias de lo real. Demasiados años, quizá, sin enfrentarnos frente a frente. Tiempo que estalla en un solo instante y que tiñe de blanco suspiro el cabello, la barba… hasta un fragmento de alma  podríamos decir que encaneció también bajo nuestras miradas. Salvo en ese blanquecino velo, nada más había cambiado. El risueño galopar de las voces destronó al árido reloj. El brillo nuevo de los ojos de antaño renovó el escenario y los personajes supimos, de pronto, recitar el papel que nunca estudiamos. El encuentro –como un nuevo individuo unido a todos- nos fue guiando lentamente, poniendo en nuestras bocas lo que una mente desasosegada intentaba hilvanar...

Continuará...

Pedro A.


 
 
  2 comentarios  · autor: ferapaly  ·  sección: General  
     
 
 
     
 
Tiempos de mili en Wad Ras 55
 
     
   
 
     
 
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