Como un regalo de estos calurosos días de fin de Agosto recibimos a un nuevo miembro de nuestra gran familia wadrrera en el exilio. Ya os lo anunciábamos en una entrada anterior, WADRREROS SIN FRONTERAS. Se trata de Julián González de Rivera. Nos cuenta que “parece mentira comprobar que muchas cosas que creíamos olvidadas, al parecer todavía se guardan en algún rincón de nuestras neuronas” en referencia a su hallazgo del blog. Ha navegado por casi todas nuestras entradas pero, seguramente debido a que su promoción es del 1974/75, no ha encontrado muchas referencias a ella.
Julián nos manda varias fotos que os adjuntaremos aquí y en próximas entradas, aderezadas de algunos recuerdos de su paso por el Wad Ras.
Gracias, Julián, esperamos poder seguir contando con tus aportaciones.
Pedro A.
Esta es una crónica de su llegada:
Por contar un poco de mis andanzas por el "Ba-rás", que así lo llamábamos la mayoría, diré que me incorporé a él en junio del 74, proviniente del CIR de Colmenar Viejo. Nada mas llegar me habilitaron cabo, pues al parecer había falta de ellos. Y el primer servicio que me endosaron fue: cabo de cuartel.
Podeis imaginar un cabo habilitado, novato, recien llegado, teniendo que reclutar gente para hacer la limpieza de la compañía. Fracaso total.
-¡Recluta, un bisa no limpia!... y cosas similares.
A media mañana, el puerta:
-¡Compañía, el teniente!
-A sus órdenes, mi teniente, sin novedad!
-¿Se ha echo ya la limpieza, cabo?
-Sí, mi teniente!
-Pase la mano por encima de esa taquilla!
Paso un dedo y lo saco lleno de polvo.
-¡Cabo, le he dicho que pase la mano, no el dedo!
Ya podeis imaginar como estaba mi mano, parecía la de un mecánico después de desmontar el motor de un carro.
-¡Que se vuelva a hacer la limpieza y usted se queda arrestado siete días de cabo cuartel!
Creí que se me caía el mundo encima. Mi primer logro había sido conseguir el pase pernocta y yo salía todos los días a las dos y media del cuartel hasta el día siguiente.
Gracias a que aquella semana recibí la visita de mi novia por las tardes, no caí en la depresión. Esto provocaba la envidia no disimulada de los compañeros que eran de fuera de Madrid y no podían tener esa suerte…
Enseguida, debido a mi condición de universitario entonces, me enchufé en el Gabinete Topográfico y a partir de entonces la mili fue un paseo ya que estábamos rebajados de servicio. No hice ni una sola guardia. Mis dos únicos servicios fueron dos retenes en épocas de maniobras a las que yo no fui, pues el cuartel se quedaba diezmado. En el Gabinete el ambiente era de fábula y los compañeros que encontré, todos fenomenales. No he vuelto a saber de ellos, aunque me gustaría.
(Dos imágenes del Gabinete Topográfico wadrrero en 1.975)
Un saludo para todos los que pasamos por allí ratos buenos y malos como los que os he contado.
Julián González de Rivera.