Al pasar por la Puerta del Carmen. ¡Que bien hubieran venido hace 200 años por éste lugar!
El pasado domingo, 01-06-08 se celebró el desfile de las Fuerzas Armadas en Zaragoza. Don Juan Carlos y doña Sofía presidieron el Desfile con motivo del Día de las Fuerzas Armadas, en el que participaron 1.700 militares de los tres ejércitos y la Guardia Civil, unas 50 aeronaves y 90 vehículos. El Rey, que vestía el uniforme de capitán general del Ejército de Tierra, llegó a mediodía al Paseo de la Independencia de La ciudad, junto a la Reina, al príncipe Felipe, con el uniforme de comandante del Ejército de Tierra y la princesa Letizia. También asistieron al acto el ministro de Defensa e Interior Alfredo Pérez Rubalcaba, el jefe de Estado Mayor de la Defensa, general Félix Sanz, el presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias, el alcalde de Zaragoza Juan Alberto Belloch y el Alto Representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Javier Solana.
Personalmente debo decir que no suelo ir a eventos de ésta índole, pero la cosa estaba tan a mano, que al final me acerqué a verlo. Tanto a nivel sentimental, como por su espectacularidad, había motivos para movilizarse y enfrentarse a un par de horas de espera. Mereció la pena, debo reconocerlo. Quisiera, cual periodista de bajos vuelos, dar una visión sencilla del evento, algo muy personal.
Durante el desfile, Zaragoza fue sobrevolada por aviones de combate F-18, Eurofigther, Mirage F-1 y F-5 del Ejército del Aire, 'Harrier' de la Armada y aviones de transporte Hércules C-130, así como por helicópteros Colibrí, Cougar y Tigre. Después, la Agrupación Acorazada-Mecanizada-Motorizada, abrió el desfile terrestre, con carros de combate 'Leopardo', vehículos de caballería 'Centauro' y vehículos de combate 'Pizarro'. También estuvieron presentes unidades navales, como 'Piraña' y 'Hummer', la Unidad Militar de Emergencias (UME) y las unidades antiaéreas. La jornada la completaron la Legión y los Regulares y un escuadrón de la Unidad de Caballería de la Guardia Civil.
Lo primero que me viene a la mente expresar, es que fue impecable en su ejecución, pero algo sencillo en sus contenidos, no hubo dentro del desfile tantos componentes como en otras ocasiones, menos personal y menos vehículos en general. Me llamó la atención la ya gran cantidad de mujeres dentro de las fuerzas, algo que se esperaba ver, pues el desfile no deja de ser un buen escaparate de como se hallan las fuerzas armadas actualmente y eso es algo que, a mi juicio ensalza el tema. Por otro lado también observé que hay una gran cantidad de componentes extranjeros, básicamente sudamericanos, algo que particularmente me gusta que se muestre dentro del desfile, pues no deja de ser un síntoma claro y conciso de una realidad: de que mucho gusto y placer por parte de todos en ver un desfile militar, pero luego pocos de los "nuestros" se meten en el oficio. Algo no cuadra.
Dos cosas me emocionaron y que justifican esta entrada al blog. Por una parte ver la subida de la bandera, junto a la Basílica (que lo es) de Santa Engracia, pues hace ahora 200 años que hubo una lucha bestial dentro del templo en plena guerra de la independencia; me vienen ahora en el recuerdo, cuadros y dibujos que yo he visto con el tema de las luchas por la ciudad maña y en concreto dentro del citado templo. Por eso, ver subir bandera a nivel un nacional desde ese punto, te hace sentir algo muy especial.
En segundo lugar, mi emoción os la podéis imaginar. Ver pasar los carros de combate junto a uno, seis en un momento dado y bien cerca, percibir como temblaba el suelo y escuchar un ruido que ahogaba cualquier aplauso de la multitud, fue sin duda inenarrable. Os juro amigos que vi un carro de combate, al paso de la Mecanizada, con el número 323 y que era una AMX 30 y ese carro.... ¡Dios...ese carro!
A lo mejor fue solo una visión ó los efluvios de éste blog que causan estragos en mi cabezota.
En fin, una experiencia espectacular, digna de todo lo que el blog me aporta cada vez que me meto en él, viajar de nuevo por un túnel del tiempo. Todo un lujo.
Fermín A.