Seguimos con la moda wadrrera: Bernardo se lanza al ruedo con esta sabia afirmación: “Pa un carrista no hay imposibles”. Si Señor. Y si es carrista y wadrrero… la cosa está ya que se rompe…
Y… ¿de qué color iba a ser una camiseta carrista?...
Una nueva aportación al diseño de nuestra particular casual wear: Este modelo nos lo envía Juan P: Serio, concentrado, con toques de su espíritu motero y con ese aura de color oscuro que quizá simbolice la oscuridad en la que nos movimos en aquel tiempo…
Pues eso. Me subo al carro de Jesús Acebrón. Aquí va una pequeña propuesta de camiseta. No es un prodigio de diseño pero espero que sea un acicate para todos vosotros que, seguro, sabréis darle un aire mucho más profesional, divertido o “emocionante”.
Wad Ras: Tu pesadilla…Parece un slogan de película de terror adolescente. A lo mejor, quien sabe, eso fue lo que vivimos entonces, aunque ahora el tiempo haya obnubilado nuestro recuerdo y todo nos parezca de otro color más suave y transparente.
Claro que… también son transparentes las lágrimas…
Jesús Acebrón nos manda este diseño de camiseta wadrrera un poco heavy, diseñada por su hijo.
Al verla, nos comenta, le ha parecido curioso que estableciéramos una nueva serie de entradas en que diseñarais una camiseta virtual del Wad Ras. ¿Qué os parece? La convocatoria queda abierta…
Volvemos a recibir, tras bastante tiempo sin tener noticias suyas, un envío de Tito Galván Camaño, de la Tercera de Carros. Nos manda en esta ocasión la foto –según afirma- “que más me gusta de todas las que hice o me hicieron en la mili”.
Y una vez más, el escenario no podía ser otro que los Monegros.
Los nombres de los compañeros de la foto son: segundo por la izquierda Manuel Campos Larrosa, tercero por la izquierda Ángel Barbero y Tito Galván, primero por la izquierda.
De los otros no recuerda sus nombres aunque cree que era valenciano el cuarto por la izquierda.
Menudo aquel paisaje… Nos cuenta Florencio que en ese terreno se hizo uno de los últimos días un desfile con los carros. Tal erael polvo que se levantaba que no se veían los carros que había en paralelo ni aun delante. Elriesgo de choque entre carros al ir tan pegados enía, evidentemente, altas probabilidades.
Claro que después de cada jornada esperaba a los soldados una confortable morada: En la tienda de campaña que hay detrás dormían cuatro personas, imaginaros lo pegaditos que había que estar… ¡Como para no hacer amigos!
Y para quitarse el polvo de la garganta, alguna que otra cerveza o como podéis apreciar en la foto a la derecha una botellita de Larios para los cubatas nocturnos…
Tomás Sánchez ha encontrado en Madrid, cerca de su trabajo, en el obrero y castizo barrio de Estrecho la calle Wad Ras.
Si, ya sabemos que seguramente está dedicada a la batalla que podéis rememorar en otra entrada anterior en el Archivo, pero, mirad, a Tomás le impactó y, cámara en ristre, como él mismo dice, se apresuró a inmortalizar el momento de su paso por allí para el blog.
Aquí queda su incursión curiosa en una calle cuyo nombre a muchos nos retrotrae a aquel tiempo en que fuimos soldaditos de España.
Dejadme que titule la entrada con aquella canción de Sabina….
Posiblemente ya la habréis recibido. Una presentación en Power Point con un pequeño homenaje –uno más- a todos los que alguna vez montamos en un tren militar -¡¡Ay, Adelita!!, y nos lanzamos al poderoso desierto maniobrero.
Una visión triste del paso del espacio cuando alcanza al tiempo. ¿Qué quedó de aquel vagón en el que nuestra canción cansada quedó prendida junto a la ventanilla?. ¿Qué fue de aquella estación en la que, fugazmente, atisbamos la vida a nuestro paso?.
¿Queda acaso huella de aquellos soldados que fuimos en los eternos raíles paralelos a la nada por los que circulamos?.
Espero que os guste. Y, ya sabéis, si por los extraños azares de la red, a alguien no le ha llegado… solo tiene que decirlo.
1.979. Un soldado destinado en la oficina de la tercera, observa impertérrito el lento discurrir del tiempo, bajo ese compendio de ramas, hojas e incluso lágrimas. Está vestido de “romano” listo para salir. Aguarda, apoyado en el tronco de nuestro árbol, a su amigo el maestro paramarchar de paseo…
-Curioso éste árbol,¿verdad?¿Qué pintará aquí?
-Ni idea tío, pero aporta algo de sombra ¿no? Bueno, al menos da un toque “verde” al entorno.
-Ja!!!…..¡¡¡Mas verde aún!!!
-Por cierto, ayer vi como el perro delCapitán Goytisolo se meaba en su tronco.
-Ese perro, siempre tan arisco…
El calendario seguía inexorable su marcha. En las fiestas de la Patrona, 1.984, un soldado desfila sobre el adoquinado patio del Wad Ras. Lleva el Guión del Batallón de Carros. Sabe que es la última vez que eso sucede. Es “el último” porta-estandarte.
Momentos antes del desfile intentó tranquilizar su mente mirando a la copa del arbolillo wadrrero, El bamboleo de sus hojas parecía aportar cierta serenidad a ladespedida; paz que invitaba al chaval a llevar con orgullo y soltura el símbolo y emblema carrista.
2.020. La ciudad de Madrid es totalmente distinta; la zona de Campamento perdió aquellos cuarteles que le dieron nombre.Apenas algunos edificios permanecen como símbolo aislado de algo ya totalmente perdido.
Tres son los chavales que ahora mismo juegan en la zona junto a una de los bloques que sobreviven de aquel Wad Ras que pocos recuerdan.Ahora es una biblioteca dentro de un Centro cívico. La zona, reconvertida en plaza, dispone de bancos que destacan sobre las baldosas que sustituyeron a los recios adoquines de antaño.
Los niños, juegan junto al árbol.Sigue erguido, frondoso. Uno de losellos persigue con malas intenciones a un grupo de hormigas junto a una de las raíces que sobresalen.
El otro chaval, quizá enfadado, golpea con una piedra el tronco, haciendo saltar un trozo de corteza.El tercero mira y observa. En un momento dado les dice a sus compañeros:
-Tíos, ahí,en el banco aquel…hay un abuelo que nos mira.
Cierto, un anciano les hace señas con la mano haciendo ademán de que dejen de golpear al árbol.
El chulito del trío se le acerca:
-¿De qué va abuelo? ¿Qué quiere? ¿Le importa tanto un árbol?
El anciano se levanta, ayudado por su bastón y mete la mano en el bolsillo de su chaqueta.
-¡¡¡Cuidado tíos, que el viejo saca la pistola!!!
El abuelo saca un botellín de agua, pequeño, de apenas cuarto de litro, de esos que le dan en la residencia donde ¿vive?, allí cerca. Con paso lento se dirige al árbol y en su base derrama el agua de la botella de plástico. Uno de los niños, de esos chavales a los quetodo se les ha dado en demasía, menos educación, dijo:
-Vamos, dejemos al viejo loco éste que siga regando el árbol.
-Si, está” zumbao”el hombre, ¿igual se piensa que con esa agua riega el árbol?
Dos de los críos se largaron y el tercero, el que observaba,se quedó parado mirándolo.
-Chico -dijo el anciano- ¿quieres hacerme el favor de tirar la botellita de plástico a lo del reciclaje?
-Si señor. Me llamo Julio ¿y usted?
-VICTOR CAMPOS y ten por seguro, díselo a tus amigos, que el agua, por poca que sea…hará su papel.
El niño marchó y el anciano, un poco después.
No volvió VICTOR por allí. Quizáel tiempo se le terminó, como el agua del botellín.
Un par de días mas tarde, un brote en la parte mas frondosa de la copa nació y de esa forma el árbol de Wad Ras, tan mal colocado como siempre, seguía erguido, rotundo, enorme, verde y frondoso, marcando, eso si,su propio paso.
Fer. Alonso.
(A todos los que en algún momento de su vida militar sintieron sobre su capada gorra la benefactora sombra del árbol del Wad Ras.)
Corría 1.952. El soldado VICTOR CAMPOS a sus diecinueve años, era ya “residente” del cuartel. El Capitán Escolar le había encargado un trabajo poco habitual y estaba decidido a desempeñarlo. En el pueblo era agricultor y aquello de plantar árboles…
Ante si, siete raíces de troncos pequeños. Las órdenes, claras: colocarlos en la entrada, frente al cuerpo de guardia. VICTOR contempló aquella pequeña franja de tierra y se dio cuenta de que, con el tiempo, los siete árboles se estorbarían en su crecimiento. Pensó que serían demasiadas copas visualmente hablando. Decidió plantar solo seis yse llevó el séptimo.
Llegando a su compañía, la tercera de carros, oyó la voz del Capitán:
-¡Soldado! ¿Has colocado todos los…? Llevas uno en las manos… ¿y eso?
-Mi Capitán, de colocar todos, llegará un día que no quedará bien tanto árbol en la entrada, son demasiadas raíces y...
-Bien, puede que tengas razón; pon el tronco que llevas aquí mismo.
-Pero Señor…aquí es un lugar…raro, además cuándo salgan los soldados por la puerta pueden llevarse el tronco…
-He dicho…que lo pongas aquí mismo, frente a la puerta. Algún día dará sombra.
-Pero mi Capitán.
-¡¡¡Aquí…he dicho”””. Ah, y te hago encargado de que al tronco no le pase nada y crezca como debe.
-¡A la orden…mi Capitán”.
Victor era un soldado obediente y plantó el tronco. Si, allí mismo, a unos cuatro metros de la entrada principal de Carros. Con su cantimplora metálica y una vez por semana, regaba el arbolillo. Lo rodeó con unas piedras grandes, delimitando un espacio propio.
Vigilante del tronco, Víctor llegó al final de su servicio militar. El día que marchó, vestido ya de “normal” se quedó mirando al arbolillo, no sin antes decirle a su buen amigo el furry que por favor, cada lunes lo regase un poco.
Dejaba mucho de si mismo el soldado en ese sitio inverosímil para plantar un árbol. Lo del hijo, lo tenia en mente con la novia del pueblo, lo de escribir un libro…ni se lo planteaba. Plantar árboles, por el contrario, si que era algo muy suyo.
Diez años después, el arbolillo resultó estar más alto y frondoso que sus hermanos, la media docena de la entrada. El árbol se conservó y creció sin quenadie lo maltratara, -quizá por temor al castigo subsiguiente. Corrían los años sesenta y algún subteniente tomó el árbol, ya de “buen ver” como apoyo de espera, como lugar para encenderse un pitillo o, incluso,como escenario de alguna bronca al oficinista a quien no cuadraban las cuentas.
En los setenta, el árbol servía como fondo para que los soldados salientes se hicieran fotos de recuerdo, con el fondo de la U de carros como queriendo dar algo de belleza al paisaje.
A veces servia como referencia para formar,”ahí…junto al árbol” o como baliza que señalizaba la espera de un soldado previa visita de una añorada novia.
Dicen que allá por 1975, un Coronel, uniformado como un pincel y con cigarrillo en los labios, se acercó al árbol; contaban que se quitó el guante blanco de su mano derecha y tocó el tronco suavemente. Era Escolar, el que lo había mandado plantar…
Nuestro buen reportero Julio G. Blanco, en su incansable labor de búsqueda, nos advierte que en el B.O.E. del 20 de Octubre aparece ya el anuncio de adjudicación de obra para demoler nuestro viejo Wad Ras. Nos adjunta la hoja correspondiente donde se da buena cuenta de que, en breve, esas fotos de Teodoro, de Mikel, de Fermín… serán ya parte de la historia… gracias a “Construcciones Arribas Gozalo S.A.”.
En fin, todo llega… Entonemos un emocionado cántico de despedida…
Hace unas entradas preguntábamos –casi retóricamente- por aquellas muñecas del CIR que solían acabar en manos de hermanas, novias, madres y demás familia femenina. ¿Os acordáis?.
Pues dicho y hecho. La gran familia wadrrera se pone en movimiento y ¡tachan! encontramos la primera “NACY CUARTELERA”. Su “papi”, Tomás Sánchez, que la guarda como oro en paño desde 1981, la llama “La Cacereña” como homenaje a su CIR de origen.
La pobre perdió tiempo ha el fajín patriótico y un cornetín de atrezzo que la acompañaba, pero mantiene intacta aquella simpatía que solo el plástico podía reflejar en aquel tiempo…
Pues nada, Tomás, gracias por este nuevo gadget que añadir a nuestro particular mercata de los recuerdos de la mili.
Ya termino este apunte nostálgico, esta revisión de aquella escapada que a veces no consigo saber cómo se gestó ni como llegó a buen término.
Hoy, atravesando con la mirada la baldosa blanca de la cocina wadrrera, vislumbro en ella imágenes de un pasado imponente; veo a Teodoro recibiendo alguna visita que sería tan especial algún día, a Jesús observando desde la garita pasar los atardeceres anaranjados, a Santiago cruzar con su estandarte la plaza del cuartel, al brigada -carpeta en ristre- caminar pausado hasta la compañía; a unos cuantos compañeros que regresan con un paso ya menos firme desde la cantina. A los soldados de guardia aburridos, al señor Carlos cabizbajo llegando hasta cocinas y pensando en que plato poner el día siguiente. A Pedro con su peculiar semblante. A Jorge, a Mikel, a Vicente, Chema y… ¡cielos! tantos otros amigos, a TODOS sin excepción. A los carros disparando, a los Toas recorriendo sus distancias, a sargentos, tenientes y capitanes, a un ejercito que una vez anduvo por un cuartel llamado Wad Ras 55.
Al salir, así de claro lo digo, casi con una sutil marcialidad, acompañé mis pasos silbando el tema de mi adorado Jerry Goldsmith y su música del film “Patton”; quien quiera compartir y sentir lo mismo, que la escuche cierre los ojos y se pasee virtualmente con el pensamiento por el viejo gigante que ya pronto caerá. Allí nos veremos. Voces perdidas en el tiempo saludaron marciales y a su vez amistosas, marcando esos minutos como un recuerdo ya imborrable.
¿Acaso alguien sabe responder que olor desprende una sonrisa? ¿Desde cuando se justifica un deseo?
Fui, fuimos (Mikel, Teodoro…) como representantes de todos los que de alguna manera homenajeaban al cuartel. Tengamos una forma de pensar u otra eso nos unirá siempre.
Si, eso es, no era el lugar. A lo que quise realmente regresar fue a mis compañeros y amigos.
Permitidme que vuelva, en esta nueva entrada, en esta segunda parte, a sentir de nuevo un característico olor de entonces, mezcla de tantos otros, de ropa sucia, comidas rancias, latas abiertas y efluvios de los cercanos retretes.
Vuelvo a verme en “la gran habitación”, como yo la he llamado siempre. La visión de la nave de la Tercera Compañía de Carros me trajo momentos imborrables y a su vez sencillos. ¿Cuántas veces habría mirado por la ventana junto al cuartelero para vislumbrar la salida? Las taquillas ya no "formaban" seguidas casi una pared para separar las literas del pasillo por donde se forjaba la vida cotidiana de los soldados. La mesa de ping pong, las sillas metálicas testigos de tantas conversaciones. El teleclub me resultó casi un lugar desconocido, con aquella brecha en la pared y mas sucio que el resto del recinto, ¡cuantas pelis allí vistas! Recuerdo que los baños habían sido algo modificados, un poco mas modernos ahora, pero daba igual, yo seguía viendo aquellos lavabos, aquellas tazas turcas…
En el blog habéis podido “disfrutar” de la cara que se me quedó al pasear por allí, un verdadero poema. Aun así, el momento álgido fue justo al entrar a la oficina y a la furrieleria. Creedme amigos que me sentí hermanado con tantos y tantos compañeros que hicieron la mili en ese mismo lugar como administrativos. Mirando por la ventana veía a lo lejos carros de combate y Toas que se dirigían a sus habitáculos e incluso aquella puesta de sol que fotografié hace ya tanto tiempo. ¡Cuantas charlas allí dentro! ¿Verdad Pedro? Todo vacío, como olvidado. Y yo me decía: ¿No era eso mismo lo que todos queríamos por entonces?
Mis pasos, recién salido de la U de Carros, se dirigieron al comedor. Aquel espacio, ahora vacío, me impresionó muchísimo. ¿Recordáis aquella entrada en la que nombraba a mi amiga "Águila"? Pues si. La vi de nuevo al fondo del recinto, semi oscurecido por el olvido; Allí estaba, como esperándome recién salida de la cazuela del cocinero Carlos quizá para invitarme a una visita guiada por las dependencias de las cocinas a las que durante dos meses me enviaron para cubrir servicio "oficineril".
Allí fui contador de papeletas de rancho y coloqué alimentos a cientos en mil casillas, con sus calorías, en papeles que parecían representar algo de cara a los mandos, cuando en realidad solo servían para cubrir expedientes alimenticios. Al entrar en aquel recinto, soñé que Águila estaba limpia y sin grasa en sus alas, que sabia volar incluso…
Durante las últimas entradas he visto como habéis mandado llaveros, banderines, y todo tipo de recuerdos del Wad Ras o de la mili en general. Yo no me guardé casi nada y me apena ahora bastante el reconocerlo, pero debo confesar que para paliarlo, hice algo en esa visita al cuartel que no os conté…
Quise recuperar algún detalle, algún recuerdo, del cuartel. Sinceramente no vi nada que pudiera representar mi estancia en aquel lugar, pero en la oficina de las cocinas, aquella de mis 59 días entre cazuelas, cocineros bizcos y águilas nada reales, si llegué a tomar algo en mis manos. Al apoyarme en una delas paredes todavía en pie, un trozo de baldosa blanca se desprendió y cayo al suelo; me la quedé mirando y la propia sencillez del objeto fue determinante. Recogíel trozo, lo limpie con las manos y lo guardé…
Ha pasado casi medio año desde mi fugaz visita al viejo Wad Ras. En varias entradas os deje reflejo de la vivencia en aquella "Crónica de un impulso". ¿Lo recordáis?
Pasado el tiempo he vuelto a leer lo escrito y a revisar las fotos, llegando a la conclusión de que como dice me buen amigo Pedro, tengo una asignatura pendiente a la hora de intimar mas a fondo con aquellos minutos.
Desde ese día he tenido la extraña sensación de no saber explicar a fondo el sentimiento allí experimentado. Me resultó un momento más cercano al shock que al disfrute de la experiencia en si misma. Mi reto ahora es mostraros con palabras aquella sensación, tan extraña como apasionante.
En muchas ocasiones vivimos instantes que nos hacen invertir el tiempo, dirigiendo miradas al pasado, incluso a lugares y situaciones que no nos fueron agradables. Son varias las ocasiones en las que mi hijo me cuestiona con extrañeza, el que habiendo rechazandopor mi parte el mundillo aquel, luego volviese a visitar el cuartel.No sé explicarlo, ciertamente, pero es verdad que el blog tiene mucho que ver, quiero decir que de no existir el mismo, seguramente no me hubiera acercado jamás. En un ataque que no puedo ni identificar rompí mi promesa de que nunca regresaría. ¿Por qué fui entonces?
Durante estos meses he tratado de contestarme y creo que he descubierto una respuesta. No era tanto el lugar, no era solo volver a pisar el adoquinado. Sobre y ante todo necesitaba volver a sentir la compañía de ciertas personas, de aquellos compañeros que en situaciones inusuales, se cobijaban unos con otros para poder salir de cien mil apuros, uno de ellos la propia soledad del cuartel.
Tan fácil como coger un reloj y "jugar" a conducir las manecillas hacia atrás, tan raro como dar unos pasos a la inversa, de espaldas, tanta locura como el cerrar los ojos y mirar de frente al tiempo, incluso al más oscuro; tan hermoso a su vez como atravesar un túnel intemporal del que el mismo blog es buen emblema.
Tres fueron los lugares que fundamentalmente marcaron la visita: la cocina, la propia "compañía" y la furry/oficina.
Recuerdo que mis piernas sujetaban a una persona emocionada y nerviosa, reconozco que con cierta ansiedad; quería verlo todo a sabiendas de que no tenía mucho tiempo. Del recorrido dejé ya escrito y en fotos lo vivido, pero… ¿qué sentí?
Subir aquellas escaleras fue lo mismo que “bajar a los abismos”, ir en sentido inverso, era como llevar una presión en el corazón, con la taquicardia del reencuentro. Cantidad de personas, reclutas, soldados y mandos fruto de mi propia imaginación se cruzaban por la escalinata y todos me miraban como preguntando: "Tío…¿Qué haces tú aquí?". Muchas fueron las voces que escuchaba, mezcladas por el crujir de mis pasos sobre cascotes, cristalillos y yeso desprendido de los muros.
Me tembló la mano al abrir la fría puerta de metal. Al entrar en el recinto, ahora tan vacío, los relatos, historias y fotos del blog y de mi propia experiencia personal se hacían presentes en mi mente. Mis pasos, ahora mas lentos, como deleitándose de haber conseguido entrar allí, me traían imágenes y narraciones de entonces. Sobre todo a mis compañeros…
A Pedro, a Super rancher, a Rafales, a Hernández, a Marín, a ese chaval tan alto y tan enorme llamado Andrés, el imponente Dosi, Lasa, el “belloto”, Galván (Paco) Goicoechea,Añon, a mi buen amigo Luís, a JC (si, el del "chocolate") a…bueno si, incluso a los nuevos amigos y compañeros de una mili como mas actualizada, a Isaac, Bernardo, Jesús, Teodoro, Antonio, Julio, Santiago, Juan P y tantos otros que nos vamos catalogando como "wadrreros" de pro. Las fotos de sus imágenes también estaban presentes, daba igual de Toas que de Carros; todos acuartelados en mi mente y situados en la compañía, solitaria, sucia y vacía ahora…
Por ahí pululaban los/”mis” capitanes Rodrigo y Córdoba, "mi Brigada" Centeno, los sargentos varios, recuerdo a Caballero de los que mas y eso que era enjuto el condenao; los sargentos Andrino, Moya,el alto teniente Valhondo. Me vi de nuevo envuelto en las dianas mañaneras formados todos con la gorra, el calzoncillo y con las botas aún sin abrochar, acompañando a legañas y bostezos, a desganas y perezas…
José, nuestro camarada amigo canario, se ha dedicado en este minipuente a elaborar otro collage wadrrero. Aqui lo tenéis para vuestro solaz, esparcimiento y disfrute.
Vicente vuelve a enviarnos algunos de sus recuerdos wadrreros. En esta ocasión, un llavero de la Jura de Bandera y un recordatorio de la fecha de aquellos “dedicados con cariño a mis padres”. Os dejamos con ellos y le agradecemos su incesante trabajo de recolección.
Por cierto…. ¿Nadie tiene guardada aquella muñeca vestida de militar, a veces con cornetín y todo, que se regalaba a las madres o novias?. Sería curioso recordar a la Nancy Soldado…
José Gil, ante la advertencia de que los números del carro del fotomontaje que nos obsequió estaban al revés, nos vuelve a mandar la imagen con los números “al derecho”. Las casualidades de la vida han hecho que el número parezca ahora el 330… Un carro que realmente existía en nuestra Tercera de Carros….
Agradecemos a José su nueva aportación y desde ahora mismo la subimos a la presentación del blog.
Solo unas palabras de felicitación en este 12 de Octubre con olor a banderas… Os transmito unos versos de Lope de Vega que nos envía Juan P.
Y…el que quiera defenderla honrado muera; y el que traidor la abandone no tenga quien le perdone…
Algo parecido “juramos” en aquel episodio que tantas veces se ha asomado al blog, pero bueno… no entremos en terrenos de arenas movedizas. Que cada cual celebre la fiesta como mejor tenga a bien.
Ya os habréis dado cuenta del montaje que abre esta entrada. Es un regalo que nos manda José Gil desde“”fotosdelamili.com””. Veréis que mezcla aquel cartel que glosamos hace unas entradas con la vieja foto del Wad Ras en sus mejores tiempos. Sirva como homenaje, uno más, a todos los que por allí pasamos. Gracias a Juan P. por recordarnos y a José, desde Canarias, por su amable envío.
Habréis visto que la piel del blog ha cambiado ligeramente. Ahora hay una foto de nuestro viejo Wad Ras en la página inicial. Aquella que un día hice desde la ventana de la furrielería de la Tercera de Carros en uno de los festivos desfiles de la Patrona. Todos y cada uno de vosotros, de los wadrreros que habéis sobrevivido al tiempo y a la adversidad y que aun enarbolais aquel estandarte cuartelero, ahora en la tranquilidad nostálgica de la red, podéis ser uno de los puntos caqui que se ven marcando el paso sobre los adoquines. Todos sois el alma de esta página y como tal os mandamos un abrazo virtual desde esta pequeña innovación bloguera.
También habréis descubierto una sección e páginas amigas. Lo son, en principio, de los "mayorales" como en algún momento nos habéis llamado. Mi viejo PALYAVENTURAS donde ya sabéis que, de vez en cuando, aparece una mensaje, un verso, un poema en el que pensar sobre nuestro caminar diario y las REFERXIONES de Fermín os esperan en esos rincones de la red para que les echéis un vistazo cuando el cansancio del día os atenace.
También hemos añadido dos enlaces de páginas que en algún momento han colaborado con nosotros o viceversa: las canciones de la mili del amigo Julio y las Fotos de la Mili de nuestro amigo canario donde hemos enviado alguna patrulla a defender el Wad Ras por internet. ¿Os acordáis?.
Para terminar, a la espera de vuestras propias páginas, hemos enlazado también con el blog de Julio, nuestro wadrrero por un día, que inasequible al desaliento sigue dejando su huella en nuestro blog y en las muchas páginas en las que colabora.
Un último enlace: Si sois amantes de la nostalgia no solo cuartelera, os encantará visitar un apartado de la web de mi antiguo centro: los libros y recuerdos de la vieja escuela. Os lo recomiendo vivamente.
Ni que decir tiene que si alguno de vosotros, wadrreros de pro, disponéis de una página personal, de un blog interesante por ejemplo, pasadnos la dirección y os agregaremos a este pequeño apartado de enlaces mimados con el cariño de quienes una vez compartimos las duras jornadas wadrreras.
Acabo de dejar el irrespirable ambiente del teleclub. La peña fuma y fuma sin parar hasta conseguir que la luz del televisor se vea brumosa. La tarde va cayendo en un sábado indeterminado, sin estación, sin clima, solo hay humo de tabaco barato obstruyendo la atmósfera en aquella Tercera de Carros de finales del 78.
Camino hasta mi taquilla, cerca de la puerta. No hay nadie en la compañía. Me parece oir un ligero ronquido en el cercano rincón junto a la primera ventana. Alguien no se ha despertado aun de la siesta sabatina sin pase ni salida.
Abro con cuidado la puerta metálica para no despertar al cansado soldado que sueña, probablemente, con la libertad fuera de aquellos muros. Un pequeño transistor negro será mi compañero de las próximas horas hasta que la corneta nos llame al comedor.
Se ilumina el dial con un resplandor verde que da paso a la música mientras atravieso el pasillo hasta la oficina, cruzando el rellano de la escalera, vigilado por el águila mural que bendice nuestras subidas y bajadas.
Por unos momentos no me doy cuenta de la canción que está sonando. La ventana de la oficina me devuelve mi imagen mezclada con el precoz crepúsculo rojizo.
Me acerco al cristal y casi no me reconozco. Pero soy yo, me digo. Estoy perdido en un escenario ajeno que no me invita mas que a la evasión. La estela de un avión parece horadar el cielo oscurecido. La radio desgrana las notas de Albert Hammond. Cada una de aquellas palabras van haciéndose un hueco dentro de mi cabeza…
Loneliness is a cloak you wear / A deep shade of blue is always there /The sun ain’t gonna shine anymore/ The moon ain’t gonna rise in the sky / The tears are always clouding your eyes / Emptiness is a place you’re in / and nothing to lose but no more to win...
(La soledad es el manto que te viste/ Una profunda sombra de tristeza siempre está ahí / El sol no brillará nunca más / La luna no saldrá en el cielo/ Las lágrimas están siempre nublando tus ojos / El vacío es el lugar donde estás / nada que perder pero nada más que ganar…)
No sé si sentarme o permanecer absorto en el paisaje cuartelero que casi no puedo apreciar tras el cristal. No he encendido la luz de la oficina así que nada me hace apartar la mirada del abismo que parece habitar entre las nubes ligeras que pululan cansadas hacia el oeste.
La soledad de una tarde perdida, solo calmada por el recuerdo y el deseo de vivir en otro momento, en otra situación, en otro espacio, en otra libertad… El Sol no brillará nunca más, me digo, siguiendo la canción, mientras, en efecto, una lágrima brota y cae.
Me siento en mi silla. La máquina de escribir me observa desde su carcasa gris. ¿O es verde como el dial del transistor que le regala unos tibios reflejos que titilan al ritmo de mi respiración?.El vacío es el lugar donde estás. ¡Es cierto, Dios!. Vacío alrededor y vacío dentro. En aquel cubículo solo me hablan los vales de rancho, el cartel de Tenerife, las carpetas, los listados, la vieja grapadora también verde.
Nada que ganar. Nada que perder. El sol no brillará nunca más. Ya casi no hay luz natural. El carro de combate del cuadro de la pared aparece aun mas amenazante en la penumbra. En breve sonará la llamada para cenar.
Ahora suena Bob Dylan: Man gave names to all the animals / in the beginning, in the beginning/man gave names to all the animals / in the beginning, long time ago...
Si. Todos tenemos nombre. Y hasta figura escrito en una tarjeta amarillenta en la puerta de cada taquilla… Me resisto a salir de la oficina. No quiero comer. Solo pensar. Quiero cerrar los ojos e imaginar que todo ha terminado. El avión es ya solo un reguero algodonoso en el rojizo atardecer. La lágrima se ha extraviado sobre la mesa. El dial verdoso sigue iluminado y anuncia que alguien trata de acabar con él. Si. The Buggles dicen que Video Killed the Radio Star.No sé si lo conseguirá realmente. No sé si bajaré a cenar.
Oigo el ruido de la puerta de la Compañía. Alguien se acerca…