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Tiempos de mili en Wad Ras 55

Recuerdos, fotos, aventuras, nostalgias y añoranzas de la mili en el viejo cuartel WAD RAS 55 en el Madrid de los años setenta.

 
 
     
 
Monday 31/July/2006 13:01

Sueño de guerra. Segunda parte


(Continuación de la historia que nos ha enviado Teodoro de las Heras)

 

Dicho y hecho. Hubo que salir de la carretera, parar y solicitar ayuda por Ia radio. Los carros llevanun emisor-receptor de radio, del que se ocupa el cargador, para comunicarse con otras unidades ytambién para que puedan comunicarse los tripulantes entre si, tal es el horrísono fragor del motor.

Por ello, en orden de marcha, cada tripulante lleva ajustados sus auriculares y un micrófono.

Dos horas después llegó un jeep para llevarse al teniente Merino y dejar al mando de nuestro carro al sargento X (Permitidme que sea el único personaje del relato al que no nombre).

¡Dejarme a mi en este carro averiado!. Bramaba el sargento X...

 

El sargento veníafurioso, posiblemente ebrio, cosa no inhabitual en él.

- Muy bonito, hombre. Bramaba.-Al teniente Merinose lo llevan a mi carro y a mi me dejan en este averiado...¡Será que Merino vale más que yo!

Lo decía él,pero cualquiera que los conociera podría afirmarlo.

 

m47_averia.jpg
El sargento X bramaba al ver la avería del carro... 

 

 

Se marcho andando enseguida y no volvió hasta el anochecer.

Por la radio nos habían comunicado que los mecánicos no acudirían hasta el día siguiente dado que había muchos carros averiados y deberíamos esperar el turno correspondiente.

Cuando X volvió se encaró conmigo y me dijo:

-Yo me voy a pasar la noche a un chozo que he visto por ahí.Quedaos 'vosotros al cuidado del carro y¡ojo!.

De esta manera, por la desidia de aquel sargentoiba a convertirme en jefe responsable supremo del carro.

De pronto se volvió de nuevo y nos dijo:

-¿Cuántas mantas tenéis?

-Nueve -Respondió Raris.-Nos han dado tres a cada uno.

-Muy bien. Pues quedaos con dos cada uno que yome llevo las tres que sobran.

¡No solo se había dejado las mantas en su carro sino que se llevaba la parte del león de las nuestras!

La noche, pasada al raso, resultófría, muy fría. La única manera de no quedarse yerto era estar en continuo movimiento a base de echarnos carreras.Vamos, que no había peligro de que nadie pudiera atacar al carro si nos pillaba dormidos...

A media mañana llegaron los especialistas mecánicos. Con la avería semiarreglada, a media tarde reemprendimos caminohacia Almonacid.

El carro, sin embargo,seguía funcionando muy mal, así que llegamosmuy avanzada la noche.

Todo el mundo dormía, así que nos fue totalmente imposible averiguar cuál era nuestra tienda. ¡Otra noche sin dormir!.

Al díasiguiente supimos que el ejercicio había tenido lugar mientras estábamos tirados en el camino. Por lo visto consistía en atacar un cerro por los cuatro flancos para conquistarlo -coronarlo en lenguaje militar-, pero pocos carros lo consiguieron. Sus motores no resistieron.

A pesar de las dificultades alguien comentó que debíamos seguir en el pueblo tres días más. ¿Para qué?, nos preguntamos.

Aprovechamos el tiempo para confraternizar con los lugareños y con sus uvas tal y como contamos anteriormente.

Así iba pasando el tiempo de mili al que, por cierto, ya hemos concretado. Ya sabemos el tiempo y el espacio en que todo sucedía.

Ya es hora de comenzar con ese sueño que nunca antes he contado...

(Continuará)

 


 
 
  Sin comentarios  · autor: ferapaly  ·  sección: General  
     
 
Friday 28/July/2006 20:39

Sueño de guerra. Primera parte.


Agradecemos esta entrada a TEODORO DE LAS HERAS. (Para subirla al blog nos hemos permitido limar algunas cosillas solo en aras del espacio disponible. Gracias compañero.)

 

Soñé que había guerra, que teníarnos que ir... Nunca he contado este sueño, pero hoy voy a hacerlo.

Claro que, sera mejor que aclaremos dónde, cuándo y cómo se produjeron las circunstancias que dieron pie a....

Bueno, empecemos.
Estamos en 1970. Estoy en la mili tras cuatro prórrogas por estudios. Me había correspondido, no se mediante qué extraño sorteo que no fue público ni yo presencié, el Reqimiento Wad-Ras 55. En los papelotes que previamente nos habían hecho rellenar, yo había consignado que deseaba ir a Sanidad y en segundo lugar, Intendencia. Pues bien, a Infantería, a Wad - Ras.
Estaba enclavado Wad Rass en Madrid, en el barrio de Campamento,  y constaba de dos batallones: Carros  y Mecanizado. A mi me tocó el de Carros.

NO se permitía decir "tanque". Aquellos vehículos eran "Carros de combate". La palabra tanque era poco más que tabú en el viejo cuartel.

 

Los carros de nuestro batallón eran los famosos M-47 que tan buen uso habían tenido en la guerra de Corea, claro que eso fue en los años 50...

Estaba claro que los 300.000 dólares que los mandos nos decían que costaba cada carro no se ajustaba demasiado a la realidad.

Se decían muchas cosas por aquel entonces. Algunas, incluso, cantadas, como esta coplilla que seguro que alguien recuerda...

 

Madres, si es que tenéis hijos
y no queréis que os los maten,
que no vengan a Wad Ras
a los carros de combate.


A los carros  de combate
la segunda Compañia,
donde no hay quien nunca duerma
ni de noche ni de día:
De día porque no puedes
ya que siempre tienes guardia.

de noche, porque  te toca
Ia tercera imaginaria.


Yo era tirador de carros y estaba en Segunda Compañía de Carros. Más adelante me trasladarían a la Plana  Mayor: "la plana", pero, para entonces ya me habían encuadrado en Extensión Cultural, o sea, maestro de analfabetos.


Y, ¿qué es un tirador de carros? No, no es el que va tirando del carro uncido a él como lo haría un borriquillo...  El tirador del carro tiene como
misión tirar, disparar. El carro va pertrechado con un cañón de 90 mm., una ametralladora antiaérea de 12 mm. y otra ametralladora de proa, manejada por el ayudante del conductor. 

 

El tirador es el segundo de abordo de entre los cinco tripulantes que componen la dotación  humana del carro: Jefe, Tirador, Cargador, Conductor y  Ayudante de Conductor -cuando lo hay-


Había alegado antes de incorporarme a filas perforaciones  timpánicas en ambos oídos, consecuencIa de las múltiples otitis que había tenido desde la  niñez y que aun hoy sigo teniendo, pero...  ¡¡a los carros, a las ametralladoras, que es el mejor sitio para un oído enfermo!!

El caso es que en Septiembre fuimos con los carros a un campo de tiro,  en la sierra de Madrid, , cerca de Colmenar Viejo. Mi carro y algunos más llegaron a duras penas pero otros se quedaron por el camino.

El teniente Galán nos había explicado detenidamente lo que era el acimut,  el telémetro y todo lo que intervenía en el disparo.  El sargento Barroso y el alférez Castro nos mostraron como homogeneizar el cáñón y a medir la distancia de tiro.

A los cargadores les indicaron cómo debían empujar la vaina para que no les pillara la mano el cierre en su subida... como a los tiradores se nos avisó de que podríamos perder el brazo si olvidábamos levantar la palanca de la recámara del cañón... total, una instrucción de lo más completa. Lástima que la mayoría no pudo demostrarla al fallar los motores de los carros...

Y en Octubre,. de maniobras. Toda la división acorazada Brunete (si, la del 23 F) se preparó para ¿entrenar? -subir los carros al tren en Villaverde y desembarcar en Tarancón, en la provincia de Cuenca.

 

 

 

M47_tren.jpg

Subimos los carros al tren en Villaverde...

 

Luego, por carretera, llegaríamos a Almonacid del Marquesado. Bonito pueblo con un anciano castillo en ruínas y que estaba celebrando la vendimia. ¡Buenas uvas nos ofrecieron los almonacidenses. ¿Será ese su patronímico?.

En el recorrido, no lejos de Tarancón, cerca de Saelices, el carro comenzó a ratear...

- Mi teniente, ¿no nota usted lo mal que tira el motor?, -dijo por la radio el conductor, Rodrigo.

El teniente Merino le contestó afirmativamente mientras el cargador, Raris, afirmó entre dientes - ¡Ostias, a que nos quedamos en el camino!

 

(continuará)

 


 
 
  Sin comentarios  · autor: ferapaly  ·  sección: General  
     
 
Friday 28/July/2006 11:59

Quién pisó la garita Norte... es mi amigo.


Hace algún tiempo le pasé la dirección de este blog a mi compañero  de trabajo Joaquin.  Me resulta curioso escuchar lo que siente y me comenta al leer nuestras "aventuras" desde la distancia que da el no haber vivido la mili como era lo habitual y obligatorio "en nuestros tiempos". Se libró por sorteo y nunca le dio más importancia al tema. Ahora, cuando lee nuestros recuerdos le parecen historias en algunos casos espectaculares, intimistas, vivenciales, divertidas, anecdóticas y muy cercanas, casi, a momentos cinematográficos.

Le alegra observar como hay gente que se agrega poco a poco y de esa forma se enriquece el blog con diferentes entradas y maneras de narrar.

Hoy, al leer la entrada de Teodoro de las Heras, Joaquin me ha comentado lo bien escrita que le parecía.  Para él, en cada entrada se distinguen claramente las diferentes formas de vivir y sentir  la mili que nos tocó a cada cual.

Algo me dice que habrá mucha mas gente que nos lee, sin quizá atreverse a contar su ...batallilta. Animo de corazón a que lo hagan. Entre todos rememoraremos lo vivido en el viejo cuartel.

 

Lo que un día comenzó para intentar comunicarnos con compañeros de nuestro reemplazo se está conviertiendo en casi un trabajo de documentación en la materia, gracias a que otras personas se han unido a esta especie de cruzada-relato-militar.

Sin conocer a los que ya habeis incluido vuestros comentarios, o incluso escrito historias que os hemos subido al blog, por no se bien qué extraña sensación...os siento -os sentimos-  como camaradas de aquel mundo verdicaqui.  Da igual el año en que pisásteis  Wad Ras 55. Eso ya es mas que suficiente;

Quien vivió un momento dentro de la garita norte, merece la pena llamarse amigo mío.

(Os recomiendo la entrada dedicada a esa garita: La noche me miraba, en este blog).

Os dejo mi "careto" actual. Soy "el barbas" de la impagable foto que Pedro os puso en la entrada titulada  "Los 4 jinetes del apocalipsis" ... Lo que hace el tiempo....

Un saludo a todos.

Fermín.

 

fermin_blog.jpg

 
 
  1 ¿sólo? comentario!  · autor: ferapaly  ·  sección: General  
     
 
Friday 28/July/2006 11:30

Indexados


Nuestro blog dedicado a las viejas aventuras de la mili en Wad Ras 55  se encuentra indexado en el directorio general de blogs de España.

Podéis consultar el listado en

www.directorio-blogs.com/

 

Gracias a todos los que apoyáis esta iniciativa.

Saludos. Os esperamos.


 
 
  Sin comentarios  · autor: ferapaly  ·  sección: General  
     
 
Thursday 27/July/2006 07:10

Responsabilidades


Ante la noticia de la condena a un joven por las opiniones que otras personas incluyeron a modo de comentario en su blog, queremos indicar que tanto las entradas que aparecen personalizadas como los comentarios de terceras personas interesadas indican opiniones personales que no necesariamente son compartidas por quienes ofrecemos en el blog la posibilidad de plasmar los sentimientos, vivencias e ideas que aquella lejana  mili en Wad Ras generó en los entonces soldados.

 

Por tanto, las apreciaciones, calificaciones, opiniones que aparezcan firmadas tanto en las entradas como en los comentarios son de la exclusiva responsabilidad de quienes las incluyen.

 

Dicho lo cual, dado que ningún viejo soldado de los que aqui cuentan sus historias creemos que sobrepase las normas del buen gusto, la cortesía y la corrección educada, seguimos animando a todos los que nos leen a mandarnos sus fotos y recuerdos de aquel cuartel que, un día ya lejano, nos acogió a todos nosotros.

 

Os esperamos.


 
 
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Wednesday 26/July/2006 07:47

Olvido de Guardia


El galón de Cabo daba un reflejo extraño cuando miraba alrededor. Ni siquiera recuerdo en qué momento ni circunstancia accedí a aquellos cursillos con los que se conseguía el ascenso. Si tengo constancia de haber sido en primer lugar, soldado de primera ya que se demoraron por alguna causa olvidada los nombramientos de Cabo.

Nunca estuvo entre mis deseos ni aspiraciones poder mandar una escuadra ¿Se llamaba así? diciendo aquello de izquierdo, derecho, izquierdo,  ar....

Sin embargo si que tuve que hacerlo. También tuve que soportar el dudoso honor de ser Cabo de Guardia en dos o tres ocasiones y repartir soldados por las garitas que circunvalaban el viejo Wad Ras.

En otras entradas de este blog ya he contado alguna aventura como soldado de guardia en la suntuosa garita Norte, pero ahora llega el turno del Cabo.

La noche era apacible. Una ligera brisa te despertaba de los últimos coletazos de sueño a poco que comenzaba el paseo. Los soldados, a mi orden, se iban desplazando hacia cada garita y los recogidos se unían al cortejo. Todo sucedía con la parsimonia anodina de lo cotidiano. Ninguna emoción especial acompañaba a aquella cansina ceremonia.

Había una garita cerca de la galería de tiro, una zona de poco uso que, o bien había sido abandonada, o estaba siendo arreglada -no recuerdo ahora mismo-.

Aquella garita, que habitualmente en otras ocasiones no se usaba, tenía ese día un habitante. Alguien a quien le había tocado en suerte habitarla durante.... varios turnos.  ¡Qué pena que no había móviles en aquel momento!.

Veamos la causa de esa afirmación.

En mi periplo de recogida y cambio de soldados, sin que me lo hubiera advertido mi antecesor, aquella garita, repito,  estaba ocupada. Pero yo nunca lo supe.

Fue al llegar cuando uno de los soldados recién levantados me preguntó por su amigo. Ante mi cara de sorpresa me indicó en qué garita estaba.

Tragué saliva. ¡Había olvidado recoger y, por supuesto, reponer a un soldado en aquella garita!

Monté inmediatamente una mini expedición a la busca y sustitución del soldado perdido.

¡Qué muchacho más prudente, Dios mio!. Ni siquiera protestó cuando lo recogimos dos turnos después de lo establecido.

Se unió a nuestro cortejo en silencio. Volvimos al cuerpo de guardia.

Ningún mando se enteró de aquel olvido.

Definitivamente, ser Cabo de guardia no entraba en mis preferencias de futuro.

La noche acabó como había comenzado.La vida en Wad Ras seguía su marcha pausada y aburrida.

Pronto saldría el sol.

 

Pedro A.


 
 
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Wednesday 26/July/2006 07:28

Entrega de cuentas


Creo recordar que se acercaba el verano, aunque la estación del año se ha difuminado en mi recuerdo.  Mi compañero antecesor y hoy cómplice de blog, Fermín, ya se había licenciado. El Brigada Centeno estaba haciendo el curso de Subteniente. La Oficina estaba a cargo de un inexperto sargento Máximo Peñafiel. Una persona excelente, compañero y camarada, de trato afable y totalmente alejado del chusquérío general. Se diría que era alguien cultivado y que el mundo militar no estaba hecho para el.

Llegó el momento anual de rendir cuentas de la Compañía ante no sé bien qué autoridades militares.

Cuadrar balances, buscar facturas...  Fueron días de soledad y de angustia. Mas de una noche me dieron las tantas (me tienta reproducir alguna estrofa de Joaquin Sabina al respecto, pero moderaré mis ganas) bajo la luz mortecina de aquella oficina dando vueltas y mas vueltas a interminables hojas abarrotadas de datos, cifras que casi me bailaban y signos de sumar que giraban peligrosamente ante mis ojos convirtiendose, por lo menos, en aspas multiplicativas.

Nunca había hecho un trabajo semejante y el solo hecho de ser el responsable de presentar las cuentas ante un tribunal me abrumaba sobremanera.

Una noche, en el silencio del ronquido general -que traspasaba la escalera que separaba la compañía de la oficina- me encontraba dando las últimas vueltas a la documentación cuando apareció el teniente Vales, de guardia, para interesarse por aquella luz que habia observado desde abajo.  Debió de ver mi angustia ya que inmediatamente me dejó solo no sin antes dedicarme una de sus famosas miradas, no se sabe si de desprecio, odio, consideración, lástima o sencillamente indiferencia.

Llegó el día. Máximo Peñafiel me miró con un ligero rictus de preocupación en su rostro. Un jeep nos estaba esperando para trasladarnos al lugar donde nos esperaban una colección de generales, comandantes y otros cargos a la espera de la documentación económica.

Literalmente me costaba trabajo sostener los libros de cuentas. De pronto parecían pesar toneladas. Las piernas no me sostenían. El gesto amable de Peñafiel parecía confortarme algo. Creo que se lo dije. También él, según me  confirmó personalmente, estaba nervioso. Tampoco se había visto nunca en semejante circunstancia, con el agravante de que era el responsable de mis supuestos errores si es que los hubiera habido.

En ese momento nos sentimos unidos ante la adversidad. Pasara lo que pasara estabamos junto en aquello.

El jeep arrancó y en pocos minutos habíamos llegado a unas oficinas cuya localización, nombre y función exacta he olvidado. Quizá alguno de los lectores de este blog recuerde dónde se entregaba la economía de aquellos viejos cuarteles. Si es así, le agradecería que lo incluyese en algún comentario.

Nos hicieron esperar sentados en unos bancos corridos de madera en un pasillo impoluto que me hizo pensar en el tiempo que otros soldados como yo se habrían tenido que dedicar a su limpieza.

Máximo paseaba nervioso alrededor. Me senté y coloqué los libros junto a mi.

Se abrió una puerta oscura y un ligero resplandor nos iluminó. Había llegado el momento.

Como un actor en el justo instante de enfrentarse a su público, avancé con una inusitada seguridad. De pronto ya no me importaba lo que pudieran opinar de mi trabajo aquellos militares llenos de estrellas.

Los segundos pasaron disfrazados de minutos. Me miraron y dejaron que una ráfaga de amable condescendencia atravesara sus uniformes estrellados.

Me preguntaron, respondí. Mostré cuentas y listados. Cuadraban las sumas. Todo estaba en su lugar. Un asentimiento de cabeza. Una firma. Un sello.

De nuevo el jeep como en una nube. Sentí la mano del sargento Peñafiel en mi hombro. - Todo bien, dijo.

Asentí sin palabras.

El jeep se enfrentaba ya a la puerta de Wad Ras. Estaba en casa.

 

Pedro A


 
 
  3 comentarios  · autor: ferapaly  ·  sección: General  
     
 
Tuesday 25/July/2006 19:33

Retreta floreada


Agradecemos, de nuevo, esta entrada a TEODORO DE LAS HERAS.

 

carne_teodoro.jpg

Era el 25 de Mayo de 1.971. Me había examinado hacía unos días en Madrid del 3er ejercicio, oral, de las oposiciones de magisterio. Era el último y, al igual que los dos anteriores, eliminatorio; es decir, que si te suspendían equivalía a suspender toda la oposición. Yo había hecho buen examen, pero... como eran muy pocas plazas... Oliverio y Barambio habían pedido unos días de permiso para ir a examinarse en su Cuenca natal, de donde aún no habían regresado.

Alguno de los 5 tribunales de Madrid ya habían hecho pública la lista de aprobados en la oposición. De modo que ese día, apenas terminada la comida, salí del cuartel vestido de paisano, cosa que se nos permitía a los cabos 1os , con ánimo de acercarme al colegio de Cuatro Caminos donde habían sido los exámenes, ver si estaba expuesta la lista, y que me diera tiempo a llegar a mis clases de Alcorcón.

Pues sí: A través de la cancela se veía la lista expuesta en el tablón de anuncios del pórtico del colegio. Otro había esperando a que el bedel abriera la cancela desde dentro. Cosa que hizo poco después. Un momento de ansiedad y...

Allí, allí estaba: Con el no 15 (la niña bonita) de una lista de 87, que eran las plazas que podía otorgar mi tribunal, estaba mi nombre. Era importante obtener buen número, por aquello del escalafón.

A la ansiedad siguió la alegría desbordada. Lo inmediato comunicárselo a mi novia. Pero tuve que desistir: Ella carecía de teléfono, y acercarme hasta la Avda. de San Luis en Hortaleza, barrio, donde estaba su colegio, significaba no llegar a tiempo a mis clases de Alcorcón. “Ya se lo diré mañana”. Llamé a casa de mi hermana. Mi padre cogió el teléfono y, por tanto, la noticia. Él se encargaría de transmitírselo a los demás. Luego tomé “La Blasa” hasta Alcorcón, donde a todo el mundo enteré del evento. Tras las clases, algunas celebraciones, pues Antonio, otro profesor, también había aprobado en otro tribunal diferente al mío y hacía dos días que lo sabía.

Cogí de nuevo La Blasa hasta Campamento y desanduve, mientras iba oscureciendo, como un Km. Hasta el cuartel. Llegado a él, advierto junto al cuerpo de guardia un gran ajetreo y gran contingente de soldados. “¿Qué ocurre?”, pregunto. “¡Floreada! ¡Floreada!” Me responden al unísono tres o cuatro con las bocas muy abiertas. Floreada. Por la razón que fuera el capitán de cuartel o el oficial de guardia había mandado llamar a los músicos con sus cornetas y tambores para tocar Retreta Floreada. Nadie sabía por qué. Se suponía que era porque faltaba poco para que nos licenciaran. Pero a mí se me antojaba que era para que yo mejor pudiera exteriorizar mi contenido alborozo. Sólo otra vez habían tocado floreada desde que estaba en Wad Ras: Creo que fue el 8 de Diciembre, día de la Patrona..

La floreada comenzó: Cornetas y tambores atacaron con fuerza. Un gran corro de soldados agarrados de las manos se formó en torno a los músicos. Espontáneamente me integré en el corro sin importarme nada el hecho de que estaba vestido de paisano. El corro giraba y giraba frenéticamente dando brincos sus componentes que gritaban y chillaban enloquecidos alrededor de los músicos, quienes atronaban el ambiente con sus ensordecedores instrumentos. Y yo de paisano; gritando como el que más en el interior de la danza; formando parte de aquella orgía. Pocas veces me sentí tan a gusto en medio de tanto ruido. Nunca el estrépito me resultó tan gratificante.

Duró la floreada unos cuantos minutos, pues repitieron el toque varias veces. Pero al retirarse los músicos el corro siguió incansable con su frenética danza, gritos y cánticos. Y yo de paisano. Sólo cuando sonó el toque de Silencio aquella vorágine se detuvo y sus componentes se fueron reintegrando, sin prisas, a sus respectivas compañías.

Subí a la plana de carros y busqué en la nave principal la litera del amigo Laca. Ya estaba metido en ella, pero todavía no se había dormido; mucho ruido había aún para ello.

-- Laca, he estado a ver las notas.

-- ¿Y qué? ¿Qué tal? – Dijo incorporándose de un salto.

-- Pues nada: que he aprobado, ¿sabes?

-- ¡Lo ves! ¡No te lo decía yo!: que seguramente aprobabas.

Y era cierto: estudiando y repasando temas en la biblioteca de oficiales, más de una vez, en mis horas bajas, casi deprimido, semiabatido, había pensado en voz alta: “Y que esto, todo este esfuerzo, vaya a ser quizá para nada. Con tantos como somos y tan pocas plazas que salen...” Y siempre había tenido al bueno de Laca dispuesto a dar ánimos: “Pero tú estudia; no te desanimes, hombre; que seguramente que apruebas: quien estudia con ahínco suele aprobar”. Menos mal que había procurado seguir su consejo.

-- Vístete. Vamos a la cantina. Los cantineros aún están allí y nos abrirán. Lo celebraremos. Que entre ellos hay más de un buen amigo.

-- Mañana, hombre, mañana. No tengas prisa. Además esta tarde han llamado por teléfono Oliverio y Barambio. Que vienen mañana y que ellos también han aprobado los dos.

-- ¡Pues mira qué bien! ¡Qué gran noticia!

Continuamos hablando durante un buen rato, hasta que alguien de las proximidades nos dijo, nos exigió más bien, que nos callásemos.

Me dirigí a mi habitación y me dispuse a acostarme. Fue entonces cuando me di cuenta de que no había cenado. No tenía ganas de rebuscar algo de comer en la taquilla, así que me dije: “Bueno; por un día...”; y me encaramé en la parte alta de la litera.

El día 25 de Mayo de 1.971 lo pasé en su mayor parte intramuros de Wad Ras, y me acosté sin cenar. No obstante, floreada incluida, fue un hermoso día para mí.

 


 
 
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Sunday 23/July/2006 16:24

Teniente "GORILA"


Agradecemos esta entrada a TEODORO DE LAS HERAS.

 

La feria la tiene que contar cada cual según le haya ido en ella.

Los mayores disgustos que me llevé en Wad Ras me los proporcionó, sin duda, el teniente Gorila. Teniente Faustino, apellido, por buen nombre.

Lo de Gorila le venía, según versiones, porque para referirse a los soldados siempre decía: “Ese gorila, pitos...” o “Aquel gorila flautas...” A mí una vez me dio el encargo: “Mándame dos guripas para “ no me acuerdo qué. (Guripas, no gorilas). Otros aseguraban que en más de una ocasión se le había oido amenazar a alguien : ”Te vas a enterar de quién es el teniente Gorila”. Y no faltaba quien, con sorna, argüía: “Al Gorila, cuando le den la estrella de ocho puntas habrá que decirle: ‘A sus órdenes, mico mandante’ “. (No mi comandante, sino mico mandante). Pues, en efecto, con su cara delgada de corta nariz más se asemejaba a un mico que a un gorila.

En la compañía, la plana de carros, no había capitán; de modo que él hacía las veces. Bayán y Rodrigo, buenas personas, eran los otros dos oficiales.

Un día de Marzo (“Guárdate de sus idus”, le habían dicho a César) me mada llamar a su despacho y me espeta:

-- Camisón, voy a intentar que en lo sucesivo te ocupes de la gasolinera. Tendrás tiempo para ello, ¿no?

El cielo se me cayó encima. O los otros se me subieron a la garganta. O ambas cosas a la vez. Yo daba dos clases por las tardes en un colegio de mi primo en Alcorcón. Coger la gasolinera significaba tener que soltar el colegio. Con un hilo de voz, como buenamente pude, balbucí:

-- Pienso que sí, mi teniente.

-- ¡Ni tú ni yo – replicó airado – estamos aquí para pensar! ¡ Sólo estamos para recibir órdenes! ¡Y para cumplirlas!

-- Sí, mi teniente.

-- El comandante Villegas es el presidente del Patronato de Extensión Cultural, del que dependes, ¿no? Pues mañana iré a pedirle autorización para que te hagas cargo de la gasolinera, además de dar las clases que tengas que dar a los analfabetos.

Aquella tarde en Alcorcóncomuniqué atribulado la mala nueva a mi primo y a su socio, “No te preocupes – me decían – que si no puedes venir, ya nos las arreglaremos como buenamente podamos para atender a tus alumnos”. Algo me tranquilicé, porque el colegio y, sobre todo, los alumnos, estaban en buenas manos; pero las pesetitas que yo por las clases percibía, esas... iban a volar.

A la mañana siguiente, a eso de la una, llevé el prte de incidencias al comandante Villegas a su despacho. Todos los días tenía que llevárselo. En él se reflejaban las novedades habidas y se refundían cada uno de los estadillos de asistencia a las clases que me suministraban los maestros.

Entregado el cual:

-- ¿Ordena alguna cosa más, mi comandante?

-- No, nada. Puede Ud. Retirarse. ¡Ah! Un momento, Camisón. Ha estado aquí esta mañana el teniente Faustino a pedirme que autorizara el que Ud. Se hiciera cargo de la gasolinera. Y le he dicho que no y que no. Que a Ud. No se le puede cargar con otro destino más. Que se le necesita para que lleve convenientemente a cabo su cometido actual en Extensión Cultural. Así que ya lo sabe: De gasolinera, nada. Si el teniente Faustino le insistiera, que no creo, Ud. Viene y me lo cuenta, ¿eh?

-- A sus órdenes mi comandante.

Di el correspondiente taconazo y salí del despacho. Pero tentado estuve de abalanzarme sobre el comandante y estamparle un sonoro beso en su incipiente calva. Ya en el pasillo, sentí un irrefrenable deseo de ponerme a brincar. Deseo que, por mor de la compostura, pude reprimir a duras penas. Ahí es nada: No sólo podría asistir a mis alumnos en el colegio y había puesto en salvaguardia las pesetillas que me pagaban. Lo más importante: Aunque sin proponérmelo ¡había infligido una severa derrotaal teniente Gorila!

Albitos, gallego, fue finalmente el designado para la gasolinera. Pasado un tiempo le pregunté y me dijo que le iba allí muy bien; que la única pega era que no podía salir casi ninguna tarde, pero que a él eso le daba igual. A él, que a mí bien que me hubiera jeringado.

La venganza.- Poco después llegó la Semana Santa. A mucha gente le daban unos días de permiso. Comprobé que no iba a tener ningún servicio que realizar de los pocos en que no estaba liberado. Tampoco funcionarían las clases de Extensión Cultural ni las de Alcorcón. De modo que me dirigí al despacho del Gorila.

-- Mi teniente, deseaba pedirle un significado favor.

-- ¡Si es muy significado ya vas mal! ¡A ver, dime!

-- He comprobado que no tengo ningún servicio estos días de Semana Santa. Así que, si me lo permitiera, desearía marchar a mi pueblo donde están solos mis padres, que ya son ancianos. – No me inventaba nada en lo que le decía.

-- ¡Ud. es muy importante aquí! – Bramó -- ¡Aquíes muy importante lo que Ud. hace! ¡Hace mucha falta Ud. aquí! ¡Ud. de aquí no puede marcharse porque esto no funcionaría sin Ud.!

El muy... Siempre me hablaba de tú, y ahora por sorna, por recochineo había cambiado al usted. Total que mis ancianos padres tuvieron que pasar solos la Semana Santa, y yo en Madrid la única que en toda mi vida allí he pasado.

En suma: una pobre venganza perpetrada por un pobre hombre.

 


 
 
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Saturday 22/July/2006 09:04

!! Fuego ¡¡


(Agradecemos esta entrada a Jesús Acebrón)

 

CAÑONES CONTRA-CARRO..

(O sea, el “Bazooka”, pero que no se entere nadie)

Tenía la 2ª Mzada., en los tiempos de mi reemplazo,fama de tener a los mejores tiradores del viejo cañón anti-carro; me sorprendía mucho que pudiera haber algún tirador siquiera decente con semejantes tubos de hojalata descoloridos, pero lo cierto es que en las ocasiones en que pude verles disparar (Hoyo del Manzanares, San Gregorio...) hacían saltar machaconamente a aquellos pobres Seat 124 e incluso 600 traídos del desguace (con lo buscados que están ahora) por los aires madrileños y maños.

 

Campo_de_tiro_san_gregorio.jpg

(Plano del campo de tiro San Gregorio)
 
No recuerdo haber disparado con aquel trasto ni una vez en mis largos meses de mili (confieso además que fuí “volunta”), pero, aquí viene lo desternillante de esta historieta, me vi al mando, siendo cabo, de un pelotón de tiradores escogidos para probar un nuevo modelo de cañón. Fue una más de esas bromas que me gastó el Capitán Salvador, como aquella ocasión en me eligió para representar a la Compañía en un campeonato de ajedrez a nivel de brigada ¡¡ Y JAMÁS HE JUGADO AL AJEDREZ!!

La verdad es que ese artilugio sí que era bonito (en la medida en que un arma puede serlo), todo de plástico, ligerísimo, con botoncitos, miras y mirillas....en fin, que estábamos como chicos con zapatos nuevos – bueno, yo no, que a mí sólo me correspondía decir ¡¡fuego!!-.

Os abrevio la historia: seguro que recordareis más de uno esas ocasiones en que se daba la orden de abrir fuego y nadie os había dicho contra qué. Pues eso nos pasó a nosotros; escuché por radio la orden y como tal la transmití a ese pelotón “selecto” a mi cargo.

¡¡Ardió Troya!! Ahí vinieron hasta generales poniendo el grito en el cielo, supuestamente con nuestro desastroso ejercicio, nos habíamos cargado un proyecto armamentístico importantísimo – eran nuestros primeros años de OTAN- .

A un profano esto le sonará absurdo pero, ¡qué no era absurdo en aquella añorada mili!


 
 
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Wednesday 19/July/2006 19:51

La Oficina


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La oficina de la Tercera compañía de carros, mi refugio durante tantas horas de mili, era una habitación pequeña. dividida en dos por una muro a media altura rematado con una cristalera. Tras ella estaba la verdadera oficina, nuestra mesa de trabajo, los estantes con la documentación de los soldados,de los carros en uso, partes, los vales de comida...

En la pared de la izquierda, justo encima de la mesa del Brigada, un cartel del viejo Ministerio de Información y Turismo dedicado a Tenerife y escrito en alemán, daba un cierto toque exótico al ambiente. Incluso unas cortinillas de color indefinido recortaban la ventana al exterior.

Nuestro puesto de trabajo era la mesa de la derecha, más sencilla que la del Brigada Centeno, pero bien dotada de material de oficina y escritorio.

Una máquina describir, vetusta y resistente, de clásico color gris, presidía la estancia en justa lucha con otro de los grandes protagonistas, el botijo bajo la ventana.

Estábamos rodeados de un zócalo plastificado de color madera, algo deteriorado por algunos lugares y observados por un cuadro al óleo, en la primera parte de la habitación, delante de la cristalera, en el que un monstruoso carro de combate salvaba una colina bajo uncielo ensangrentado. Una obra muy propia para el espíritu que debía imperar en un recinto militar.

Este dibujo, realizado por mi poco tiempo después de abandonar el cuartel tiene el toque ingenuo del recuerdo pero recoge todos y cada uno de los elementos que fueron mi mundo durante todos aquellos meses, a veces inacabables, en que la Patria nos llamó a su servicio.

Hoy, en el espectral limbo de las nostalgias reverdecidas, aquella oficina surca de nuevo los espacios, las mentes... Ya nada queda de ella. Tan solo un dibujo perdido, amarillento ya.

Solo un soplo de brisa en el recuerdo que quizá mueva despacio las ajadas cortinas sobre el barrigudo botijo subido en su taburete...

Pedro A.


 
 
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Wednesday 19/July/2006 19:24

El Brigada Centeno


Mis recuerdos del Brigada centeno (Cuando acabé la mili ya era Subteniente) son de una extrema simpatía. Era un tipo amable, cálido, con una cierta sonrisa socarrona en los labios. Nunca parecía estar enfadado, o al menos, nunca me lo demostró fehacientemente.

Llevaba la oficina de la tercera de Carros con guante de seda. Ni una mala forma, ni una mala mirada. Su mesa, enfrente de la mía, estaba vacía muy a menudo, pero se notaba su forma de llevar las cosas.

Vales de comida, apuntes de carros, pases, formularios.... la documentación fluía sin aspavientos en parte por su buen hacer, en parte por la eficiencia -modestia aparte- de mi antecesor y compañero de blog y de la mia propia.

El Brigada Centeno daba confianza, seguridad. Era como un familiar que podía ayudarte si lo necesitabas. No respondía a la adusta figura del militar profesional. Era un ser humano con un trabajo definido dentro de la maquinaria militar, pero no hacía ostentación de poder ni procuraba humillarte o tenerte bajo su bota férreamente controlado.

Trabajar en aquella oficina de zócalo de plástico color madera era como entrar en un oasis de paz dentro de la vorágine de la compañía.

A pesar de su nuevo cargo siempre me confundía en el saludo y el "A sus órdenes, mi Subteniente" siempre era sustituido con un "A sus órdenes, mi Brigada". Su sonrisa condescendiente respondía siempre al error con un ligero movimiento de cabeza asintiendo y demostrando poco apego a las formalidades militares. Eso se agradecía bastante en aquel ambiente en que -aparecerá en próximas entradas- el hecho de no mantener ciertas reglas era castigado de forma inmediata por algunos mandos de no tan buen recuerdo.

Muchos años después aquel Brigada sigue apareciendo en mi recuerdo como el afable compañero de penas más que como el suboficial del que dependiamos. Es curioso. Posiblemente nunca lo volveré a ver, pero sirvan estas lineas como agradecimiento por su sencillez, su caracter y su amable disposición hacia todos nosotros.

Gracias, mi Brigada. Gracias D. Fernando Centeno.

 

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Pedro A.


 
 
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Wednesday 19/July/2006 18:00

Todas las historias


Si llegas por primera vez a este blog y te interesan las historias, anécdotas, fotos y recuerdos que, entre todos los viejos camaradas de WadRas 55 hemos ido subiendo, te recordamos que en ARCHIVO tienes TODAS LAS HISTORIAS, mes a mes, ordenadas para ti, para tu nostalgia, para tu recuerdo...

 

Gracias por pasar por aqui.

Repetimos la primera foto que incluimos. Una plácida imagen de descanso en aquel Zoo del Madrid de los  70 en que los Soldados Marín y Franco Ambrós, de la TERCERA COMPAÑIA DE CARROS, posan entre cebras y antílopes...

Esperamos tus fotos y comentarios.

 

 

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Monday 17/July/2006 07:19

Petición desesperada


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Hacemos un alto en la narración de las aventuras de Wad Ras 55 para trasladaros una petición "desesperada" de nuestro amigo y compañero Bernardo Sainz, a quien ya habéis conocido  en algunas entradas del blog, que, tras el emocionado descubrimiento de las órdenes del regimiento que hemos incluido,  nos pregunta qué posibilidades hay de conseguir la orden del dia 24 de diciembre del 80. (Nochebuena)

No la tenemos en nuestra colección de recuerdos así que lanzamos el reto por si alguien dispone de ella y nos la manda escaneada.

No solo a Bernardo, sino a todos los que recordamos día a día aquel tiempo de mili nos interesan todo este tipo de aportaciones.

Ánimo y no dudéis en mandarnos todo tipo de material que os aparezca, fotos, recuerdos, etc.

Gracias a todos los que os pasáis por el blog y vais dejando vuestras opiniones, bien en los comentarios o en los múltiples mensajes privados que estamos recibiendo.

Os esperamos.

Pedro y Fermín.


 
 
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Monday 17/July/2006 07:12

Oficiales y Suboficiales


(Agradecemos esta entrada a Jesús Acebrón)
Al hilo del apunte sobre el Capitán Rodrigo, escrito por los autores del blog, quiero aprovechar la ocasión para recordar con agradecimiento a dos personas a las que debo buenos aprendizajes: el Capitán Salvador y el Sargento Lozoya, ambos de la 2ª Cía Mecanizada.
Como escribían estos compañeros de su Capitán Rodrigo del Batallón de Carros, en unos tiempos en los que abundaban los mandos "chusqueros" y perfiles de posguerra, estos dos hombres supieron (por lo menos en lo que a un servidor se refiere), inculcar de forma ecuánime y positiva los valores de camaradería, disciplina, sentido del deber.... pero no de esa forma arcaica que implicaba menosprecio y humillación, sino enseñando, aconsejando, y, siempre, predicando con el ejemplo.
Eran tipos duros, pero nunca te obligaban hacer algo que previamente no hubieran hecho ellos... si había que arrastrarse por el barro, ellos iban en cabeza, si había que sancionar, lo hacía en justa proporción a la falta cometida y, sobre todo, lo hacían de forma tal, que del error se estrajera un aprendizaje.
Os contaré en posteriores algunos detalles que merecen la pena ser recordados de estas buenas personas.
 
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Thursday 13/July/2006 11:21

Jugando a la guerra


 
jugando_a_la_guerra.jpg

 

No. No estábamos en los ardientes Monegros, en el Aragón profundo. Ni en las arenas de un desierto cualquiera en una de esas maniobras a las que tan aficionada era la Brigada Brunete.

 

Los AMX30 de la foto no pesan toneladas. Son miniaturas a las que nos enganchamos en las largas tardes desocupadas. La mesa de la oficina, con una cartulina, pasó a ser un diorama en el que, como Rommel en sus películas, dibujábamos planes de ataque, o sencillamente planos cinematográficos que luego fotografiabamos.

 

Inocentes diversiones de soldados a los que el espíritu militar empezaba a hacer mella. Todavia hoy guardo uno de aquellos carros de combate perfectamente reproducidos a escala en uno de los cajones del recuerdo.

 

La guerra, afortunadamente, se limitaba a ser un remedo inventado sobre la formica de una mesa cansada por el paso de mil reemplazos.

 

 

Pedro A.


 
 
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Tuesday 11/July/2006 18:33

Jinetes del Apocalipsis


 
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Curiosa imagen salida de la polvorienta furrielería de la Tercera de Carros en la primavera de 1979. De izquierda a derecha, como los cuatro jinetes de un Apocalipsis caqui, Luis Franco Ambrós, Pedro Antonio López, Fermín Aloso y Francisco Galván aparecen preparados para una de esas salvajes maniobras que, a veces, solo se desarrollaban en la ingenua amistad de los largos ratos de inactividad.

 

Palas, espadas, hachas, cascos de una guerra inexistente...  Aparecen dispuestos al ataque, al acecho de melancolías, recuerdos y sentimientos dejados en las taquillas previas al ingreso en el universo militar.  Tanta vida abandonada, tanto que vivir tras los muros del viejo Wad Ras...

 

Las puertas de madera verde de la orilla izquierda de la furri no solo guardaban los avituallamientos, uniformes o antiguos desechos inservibles. También atesoraban los deseos de juventud de unos muchachos cuya única salida era el inocente juego de la guerra.

 

¡Qué tiempos aquellos!. El Apocalipsis no estaba fuera. Las pequeñas cosas de cada día de cuartel, las tardes de cantina, las galopadas hacia los hangares, el cansino teclear de las máquinas de escribir, el paso firme de instrucciones varias, el atardecer mirando a un calendario que pasaba sus páginas con demasiada lentitud... Ese era el Apocalipsis.

Luis, Pedro, Fermín, Paco.... y tantos otros dejaron entre las estanterias polvorientas jirones de una vida recién empezada.

 

Sería curioso preguntarles qué les quedó de todo aquello.

Pedro A.


 
 
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Tuesday 11/July/2006 16:37

Hablando de ascensos


Ante la buena acogida de la Orden del regimiento que os pusimos hace algunas entradas, retomamos otra, del 28 de julio del 79 en la que se hacía público el ascenso de algunos de los compas de la tercera de carros (Os los he subrayado).

Un saludo para José Molins, Paco Galván, Rafael, Rogelio, José García, Manolo Campos, Florencio Galván Camaño... y tantos otros.

Además ese día había bastante gente de la compañía de guardia: el Capitán Rodrigo, el sargento Peñafiel, el sargento Andrino, el corneta Enrique Rafales y el gastador Leonardo Juri.

A todos ellos, en la distancia del recuerdo, un abrazo.

Disfrutad de la orden...

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Saturday 08/July/2006 18:44

Capitán Eustasio Rodrigo


 
capitanrodrigo.jpg

 

Aparecen en esta foto, de izquierda a derecha, el Teniente NIETO, un soldado y un sargento cuyos nombres he olvidado, José García Hernández, el CAPITÁN RODRIGO, Alfredo Ibarra Lara (Andaluz de Jaén)y Rogelio San Miguel Morán (Asturiano de Gijón), soldados.

El Capitán Rodrigo, Eustasio Rodrigo Mata, lo era de la Tercera Compañía de Carros. Estricto pero con un toque de cierta modernidad que contrastaba, por ejemplo, con la ajada vetustez del entrañable teniente Valhondo.

EL Capitán demostraba ciertas inquietudes más allá del espíritu castrense; durante mi estancia en la Cia, pusimos en marcha una revista a la que llamanos ÁGUILA, de la que estoy intentando rescatar un ejemplar.  Recuerdo que para hacer las planchas tuvimos que desplazarnos hasta uno de los servicios centrales del Ejército aunque he olvidado exactamente el lugar.

En la revista, de la que me precio haber sido el primer director, -ignoro si luego se continuo- escribieron distintos mandos y se incluia también algún artículo sobre las supuestas inquietudes de la juventud del momento.

Una anécdota: mi artículo sobre las bandas y pandillas (muy light y que hoy sería casi ridículo) sufrió una cuchillada de la censura. No se podían afirmar ciertas tendencias y/o comportamientos que identificaban a algunas bandas reconocibles... algo inutil ya que pocos lectores debió tener la revista fuera de aquel momento y espacio puntual.

El Capitán Rodrigo tenía un paso ligero, menudo. Una mirada penetrante y un trato que podía llegar a ponerte nervioso. Sabías que era "tu Capitan" y eso te hacía estar en guardia. Sin embargo, podía ser afable y derrochar amabilidad, eso si, con un punto de cierta soberbia añadida, llamémosla orgullo militar.

Imagino que debió estar llamado a más altas esferas dentro del ejército y que ascendería poco después de nuestra marcha de la Tercera Compañía.

Lo recuerdo entrando y saliendo del despacho con paso rápido, casi sin fijarse en lo que le rodeaba.

Veo ahora mismo su silueta recortada tras el óleo negruzco y rojizo de un carro de combate conquistando una colina que adornaba la entrada a la oficina, delante de la cristalera.

O reflejado en el cromado reluciente de un obús que decoraba su despacho... pero esa es ya otra historia.

Pedro A.


 
 
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Saturday 08/July/2006 18:10

Menú del día


Quizá recordéis aquel menú de prueba que se ponía a la salida de las cocinas, en una mesita pequeña. En ese menú se insertaba una tarjetita de cartón en la que se especificaban los platos del día.

¿No os da cierta nostalgia recordar algunas?

 

tarjetacomida2.jpg
ordencomidawadras1.jpg

 

Pedro A


 
 
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Saturday 08/July/2006 18:05

Descubrirse a la orden... ¡ar!


Tras el ajetreo del día, la obligada lectura de la Orden del día siguiente. El menú, los oficiales de guardia... Un ritual que se repetía noche tras noche bajo el cielo de aquel Madrid de finales de los setenta.

Recatamos del baúl del tiempo una de aquellas órdenes que seguro que os traen recuerdos sabrosos... (Pleno verano. 1 de Agosto de 1979)

Por cierto, si alguien de los que aparecen en aquella orden quiere contarnos algo.... aqui estamos.

En breve subiremos alguna más. Y rescataremos de una de las primeras entradas del blog las tarjetas de la comida. Muchos nos lo habéis pedido.

 

nuevaorden1.jpg
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Pedro A


 
 
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Wednesday 05/July/2006 10:31

¡Pobre Susi!


(Agradecemos esta entrada a Bernardo Sainz)

"La Susi" era el mote que algún cabrón le puso a un chaval, bajito y más feo que Picio al que su padre (un poquito más cabrón que el que le puso el mote) intento putear allá “cuando éramos soldados” en el Wad-Ras,por los felices años 80.

Resulta que este muchacho era homosexual declarado y con pluma (según nos comento bailaba en un ballet) y llegado el momento de hacer la mili, a su padre, que casualmente era general de brigada, no se le ocurrió otra cosa que mandarle a nuestro querido cuartel, con indicación expresa de que “hicieran un hombre de él”.

Destinaron a la Susi al Batallón Mecanizado, no recuerdo a que compañía, dondeex profeso fue destinado defusilero, siendo empezado a putear casi de inmediato… eso hasta las primeras maniobras en las que en mitad de una salida a la puta carrera de un TOA, a nuestro amigo no se le ocurrió otra cosa que meter el pie en una topera para partirse el peroné. Como os podéis imaginar de principio le cayeron gritos e insultos de todos los lados donde lo menos que le llamaron era maricón…hasta que alguien, finalmente, se dio cuenta que este hombre tenia la pierna rota, siendo evacuado al Gómez Ulla casi de inmediato, donde se tiró casi dos meses al no ser una fractura completa.

No sabemos que le contaría a su padre, pero según radio macuto, el general se pillo un cabreo de cojones y hubo una charla de tal calibre por el maltrato, que cuando la Susi se repuso y vino de nuevo al Cuartel alguien estuvo sembrado y se le ocurrió la brillante idea de destinar a este hombre a las duchas del Batallón de Carros, siendo adscrito a tal efecto en la 2ª de Carros.

La verdad es que las duchas cambiaron por completo, llegándose a un nivel de limpieza de la hostia… incluso llegó a ponerle una especia de visillos o cortinas a las ventanas sintiéndose el tío mas feliz del mundo(lloreras aparte, porque su noviete le chuleaba), ya que las duchas estaban bien pero tenían un problemilla…no había puertas y se daba el caso de que andabas enjabonándote y cuando te aclarabas y abrías los ojos… allí estaba la Susi mirando con una sonrisilla lasciva.

 

 

ducha_wadras.jpg.jpg
Al principio te mosqueabas y le tirabas el jabón o el bote de champú... pero luego, al cabo del tiempo empezabas a pasar y si quería mirar... pues que mirase coño. Además recuerdo que era muy apañado y si alguno no sabia coserel siempre estaba dispuesto a echarle una mano… buen tío la Susi… desde aquí allá donde estés espero que la vida te haya tratado bien.

 


 
 
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Tuesday 04/July/2006 09:36

La Túnica Rasgada


De nuevo el CIR de Alcalá, fruto de anécdotas mil. Contar lo que ahora viene, requiere de la imaginación visual por parte del lector, digamos que poniendo imágenes casi de cine; la anécdota lo requiere.

En otro momento relato que mis noches las intentaba dormir en la cuarta litera junto a la entrada a la Cía, era el número 12 y mi piso en la misma…el tercero, en lo mas alto. Coincidía esa altura con una de las no demasiadas ventanas gigantes, casi de catedral en desuso, cuyo colmo era tener un cristal…roto. Hablo de un noviembre cuyo invierno se adelantó, por lo que el frío entraba atravesando el agujero de manera glacial; un chaval enorme que luego recuerdo fue gastador, todas las noches tapaba el orificio con papel que parecía ser del retrete, es decir del higiénico. Y papel hacia el mismo, sin duda, pues cortaba el frío, salvo la noche que el viento acompañaba y por ello el papel dejaba su función.

El caso es que aquella noche, la de mi relato, el protagonismo lo tenía una muela picada que me provocó un dolor enorme, aún mas engrandecido por el airecillo fresco de la citada ventana, que al entrar iba directo al dolor, como las moscas a la porquería.

Creo recordar que cada Cía, tenia un colorido distinto en las colchas de las camas, en nuestro caso eran rojas, color sangre. Digo esto para ambientar el vestuario personal que me coloqué, ya que bajé de la litera, tercer piso junto a ventana catedralicia, como cuento antes, me coloqué por encima la colcha, rasgada por cierto por varios sitios para taparme y resguardar el frío de la noche mas cerrada y lúgubre.

Imagine quien esto lea, a un servidor, por el pasillo central de la Cía, con aquella lejana, amarilla pálida y única lucecilla de la puerta de entrada; mi figura tapada como un monje salido del mismo infierno, dejando tan solo asomar un ojo (tal era el frío) rodeado de literas que formaban aquel espantoso bosque de metal adornado con sonidos de ronquidos mil, a cual mas sonoro, raro y profundo.

Con el dolor de mi boca y tapado con la algo rota y encarnada colcha, llegué hasta el retrete, con el fin, de paso, de hacer una meada; colocado de aquella pinta, sacando, como dije antes a la intemperie ahora mismo no solo mi ojo, también lo necesario para el pis, un muchacho, se acercó hasta otro servicio tiritando de frío. El caso es que...de pronto se dio cuenta de mi presencia, cuando deje de hacer el menester de mear, para él (claro) yo era ese “monje del averno, con manto ó túnica roja hasta hacer daño” que a horas nada normales…gruñía (encima…) por el dolor de muelas.

--Hayyyy!!! Ghrhgfhghrhh

Quise darle a entender al muchacho que era compañero suyo de pesares militares, pero como convencer a quien todavía creía estar el pobre en un (mal) sueño de que aquello era un soldadito, cuando con semejante pinta parecía salido de una película de terror.

Como el chico se dio semejante susto, no pude por menos que ir detrás suyo para tranquilizarlo, lo que empeoró mas el asunto, ya que cuando mas corría yo detrás, el aumentaba mas la velocidad de escape.

-Oye, que soy uno de la Cía.

Le dije, pero en bajito y a él, pienso, le pareció algo peor, pues jamás había visto subir a nadie tan deprisa y asustado a la litera; se tapó del todo y yo agarrado a los hierros le seguí para justificar mi pinta y explicarle que se estaba tapando con una colcha igual a la mía, el como manta yo como…vestuario.

Otras veces la gente me había dicho gracias por algo, aquel chico, no le culpo me mandó literalmente a la mierda.

-¡Vaya susto que me has dado cabrón! ¿Qué haces vestido así?

-No puedo dormir por el dolor de muelas que llevo.

-Pues te fastidias y te vas mañana al dentista, que lo hay...No se bien donde, pero lo hay y no des sustos así, que casi me matas.

-Bueno, lo siento… ¿estas bien ahora?

-No, ¿Cómo voy a estar bien…si me he venido con la meada cortada? Déjame anda.

Volví a mi litera, creo que la muela se me pasó lo suficiente como para coger el sueño, así que ajusté bien el papel en el agujero y me dispuse a terminar la noche. El gastador-mole (litera quinta, la 16, tercer piso) se revolvió moviendo todo su camastro y quedó con su cara cerca de mí, adornando con ronquidos varios una noche ya fastidiada de por sí.

No lo negaré, con todo, lo que me pude reír yo solo de repetir en mi mente aquellas escenas vividas.

Algo me dice que el chaval aquel, el del susto, si me deseaba la visita al médico, pero no llegué a sacarme la muela, cuando al siguiente día alguien me dijo como lo pasaban los que iban al dentista. Si era preciso, haría otro viaje nocturno, gruñendo de dolor y “pasmando” de miedo a otro fortuito y meón soldado, a fin de cuentas la vez anterior resultó algo medicinal.

 

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Fermin A


 
 
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Tuesday 04/July/2006 09:27

Blanca inocencia


Contar anécdotas, relatar momentos que van completando una historia de un periodo intenso y complicado, tenso y extraño, pleno de experiencias nuevas dentro del carácter de unos jóvenes que eran todavía proyectos de hombre y que, supuestamente, al salir serían definitivamente adultos hechos y derechos; solo de manera aparente. Eso nos decían…

Es caminando el día a día, cuando uno se forja como persona y por ende, como hombre.

En mi caso, asumo decir que siempre fui persona de pocas palabras, de pocos amigos, por elección propia, debo reconocerlo; con esa idea pensé seguir durante el periodo militar, pero en pocas horas, digo bien: horas, supe que de continuar apartado, el recorrido se haría realmente doloroso. El caso es que llegué al CIR y recuerdo que agudicé mucho mas el observar, una forma también de sobrevivir al pesar y a la tristeza mas profunda. Aquello, reconozcámoslo de una vez, era un verdadero encierro, algo muy cercano a la cárcel, siendo lo peor, saber que eras…“inocente”.

Si de algo me di cuenta, era que había muchachos que lo estaban pasando realmente mal, incluso peor que yo mismo. Recuerdo que hubo un caso, el de Juan V. (llamémosle así) que me marcó de forma especial. Yo no se por que extraña razón, pero Juan se unió a mi de manera casi pelma, hasta que me di cuenta de que el refrán “Dios los cría y la mili los arrejunta” (evidente adaptación personal) era algo cierto. Juan, creo, vio su propio sentimiento de soledad muy afín al mío; hablaba poco, pero miraba mucho, dejaba notar que su necesidad en aquel “nuevo” mundo en donde el vivir era en realidad un “sinvivir” la de estar unido a alguien, para él, algo del todo básico, casi una necesidad, una protección. Llego pues un momento en el que Juan casi era responsabilidad mía, él no sabía hacer nada sin tener al lado la figura del soldadillo que era yo en ese momento. Callados ambos, pero con la sintonía de saber que por un lado, yo me sentía útil cuidando de Juan y él a su vez mas tranquilo de estar con quien el pensaba se desenvolvía de manea mas correcta.

Juan nunca había salido de casa, nunca, hijo único, literalmente había estado unido a sus padres, por lo visto ya algo mayores. Una tarde, al par de semanas creo recordar, Juan me pidió que le escribiera una carta dirigida a sus progenitores, precisamente. Yo no entendía muy bien la situación, no alcanzaba a ver del todo aquello: ¿cómo era posible que un joven de 19 años no supiera si quiera como empezar una carta? Con el tiempo era evidente que Juan, nunca, repito, nunca debió ser llamado a filas para la mili, no era persona preparada de ninguna manera para pasar catorce meses, en su caso, realizando el servicio.

Una tarde, un grupo de chavales, visionaban pornografía; en aquel año 1.979 ver revistas de esa índole, era algo novedoso y espectacular; ver a una mujer desnuda suponía un encontrarse con la sexualidad en estado cuasi-porno y por lo tanto con la emoción de ver algo prohibido. Recuerdo que miré a Juan y me extrañó su rostro, realmente aquello era nuevo para muchos de nosotros, no lo negaré, incluido yo, pero para Juan me pareció que no eran tantos las imágenes, como el sorprenderse mucho al averiguar que una mujer desnuda era algo…bello de verdad. Cenamos juntos y notaba que Juan seguía en estado… catatónico por lo menos.

¿Cuál es la línea que separa en el recuerdo, lo real de lo inventado?... ¿el propio tiempo, que hace del recorrido algo que se acerca a lo ficticio, aunque no lo sea? Pues lo que sigue ahora habrá quien piense me lo invento, pero sucedió, lo recuerdo bien.

Sobre la media noche, dormido como yo estaba, Juan me despertó y acercándose para ser oído solo por mí sin que el hablase alto, me dijo:

-¡Ayúdame!

-¿Qué ocurre Juan?

-Creo que me he meado.

-Bueno, levántate ve a los servicios y cámbiate de ropa interior ¿No?

-Es que…

-Es que… ¿qué? Juan, son las tantas de la…

-Es pis blanco.