.: Este blog pretende solamente describir con palabras e imágenes la realidad de NAVAMORALES DESDE LA DISTANCIA. Se añaden también versiones subjetivas de hechos o circunstancias siempre con sentido c
Se cuenta que en Navamorales, hace ya mucho tiempo había dos vecinos muy, muy, ... pero que muy burros. Fíjate si eran burros que ante una discusión en la que no había manera de ponerse de acuerdo, llegaron a la conclusión, ( por una historia que contaré más tarde), de que la razón sería, de aquel que dando un puñetazo al peñasco que tenían delante, fuera capaz de partirlo por la mitad.
Al día siguiente, en el encuentro que previamente habían pactado, uno de ellos vino con una propuesta sorprendente: ¡ Nada de un puñetazo ! Yo me atrevo a partir el peñasco con la cabeza; auque, se reservó de decir con la cabeza de qué ... Y el otro, que se quedó un tanto patidifuso, le pidió un tiempo para pensárselo..
Pues, no penséis que la cosa acabó aquí, se dieron un tiempo para pensárselo... y la cosa acabó como se explicará en el siguiente capítulo.
El segundo, el patidifuso, volvía de camino hacia su casa, devaneándose el cerebro y “pensando” cómo podía aceptar la apuesta, y si era posible incrementarla. Y, mira por donde se tropezó con un vecino suyo, que por cierto era también de armas tomar.
Entre ambos rumiaron la forma para salirse con la suya. Si el otro apostaba por romper el pedrusco con la cabeza, y el pedrusco era más duro que la cabeza, lo probable era que lo primero que se rompería sería la cabeza, no el pedrusco; y el amigo de nuestro contrincante, con poca sesera en la mollera, le propuso ablandar la piedra, lo cual le pareció bien a nuestro protagonista.
¿ Pero, cómo ablandaremos la piedra?
- Pues mira, ¡muy fácil!. Yo cuando tengo un mendrugo de pan duro, lo dejo dentro del agua un buen rato, y cuando vuelvo ya está listo para comerlo, incluso sin dientes.
- Está bien
- ¿ Pero... ¿dónde encontraremos agua suficiente para meter ese peñasco tan grande?
- Pues en el Tormes. Allí en La Chorrera hay un barranco suficientemente grande "pa" que quepa.
- Está bien.
- ¿Pero cómo lo llevaremos allí con lo que pesa?
- Eso va a ser más difícil; pero podemos hacer una regadera y desviar una pata del río por aquí..
- Está bien; ¡ pero si este año el Tormes está casi seco!...
En estas, se les había pasado el tiempo "pensando” cosas casi imposibles, y cada vez más irrealizables; cuando llegó el otro contrincante, que a su vez se había encontrado con otro amigo suyo, tal para cual, que no desdecía nada de los tres en liza, que acabamos de describir.
El empate de brutos predecía malos tiempos; la discusión alcanzaba cada vez con más claridad tintes de gran tragedia: palabras gruesas, insultos, encomendamientos, incluso el arremangamiento de los contrincantes. Dos contra dos; y hasta las nubes se conjuraron, y ya por El Berrueco se avecinaba la tormenta. Nubarrones negros, a punto de anochecer...
Este cuarto interviniente, con apariencia de hombre más sesudo, proponía al resto una solución interesada y supuestamente pactada. Les hizo ver que estaban haciendo el ridículo y que lo mejor era, que dejaran el agua correr; que su prao era el primero y que mientras hubiera agua regaría él; y a cambio, ninguno de los dos perdería respecto del otro; no haría público el contencioso que habían mantenido los dos litigantes, por lo absurdo de todas y cada una de las propuestas; y para que la cosa no fuera a menos, asestó un puñetazo en una piedra que no parecía endeble y la partió, y les dijo: ¡ Por mis santos “guevos” que ese peñasco lo parto yo con la cabeza, pero no de un puñetazo, ni siquiera con esta cabeza; yo no preciso espectadores ni público como vosotros, ¡ mequetrefes ¡, partiré el peñasco con la punta de... y es aquí donde la tormenta se echó encima y los relámpagos y los truenos dejaron aturdidos a nuestros protagonistas. Había anochecido.
Hete aquí, que la historia parecería concluida, pero lo auténtico es que al día siguiente, aquel peñasco de marras, que mostramos en el principio, apareció partido en dos trozos casi simétricos. Así quedó el peñasco después del ¿ puñetazo?
La historia de los cuatro "brutos" forma parte, de alguna forma, de la rumorología, y de las circunstancias en que vivieron nuestros antepasados. Hay alusión a hechos reales, ( quien se llevaba el agua a su molino, ( los propios peñascos) etc. que sin embargo no he querido poner nombres propios, por razones obvias.
Simboloza, sin embargo, muy bien, el prototipo de hobre corto de entendederas, que abunda por doquir.
Los de Navamorales, como no puede ser de otra manera, somos gente lúcida y cabal. De ello tendremos ocasión de hablar en otros capítulos de este blog.
Saludos, y hasta la próxima.
Enhorabuena al escritor DGH. Creo que gracias a él, podremos aprender mucho de las costumbres, pensamientos e historias del hermoso pueblo de Navamorales. Me gustaria leer otro cuento. ¿Podria ser?