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Navamorales desde la distancia

.: Este blog pretende solamente describir con palabras e imágenes la realidad de NAVAMORALES DESDE LA DISTANCIA. Se añaden también versiones subjetivas de hechos o circunstancias siempre con sentido c

 
 
     
 
sábado 28/abril/2007 11:10

Reflexiones de una vaca


.CAPÍTULO I


¡ Quién lo iba a decir!¡ Una vaca en la red!¡ NAVAMORALES en la red! ¿ Acaso estoy soñando?. No lo sé. Pero ya apenas soy capaz de recordar aquellas historias que mi abuela, vieja vaca de la yunta, cuando me contaba, poco antes de que la llevaran a la feria de Piedrahita para enchorizarla.


Ella me susurraba con inquietante añoranza cómo fue mi nacimiento, y lo fue,me decía,en una primavera donde los prados estaban cubiertos de un verdor increíble, donde pacer era una verdadera delicia; pocos minutos después de llegar al mundo, sin ayuda de nadie fui lamida y relamida por mi madre sin dejarme ni rastro del líquido que me había envuelto; fue así como vaca y ternera fusionaron sus primeros lazos maternos.


No había pasado ni un cuarto de hora cuando yo ya daba mis primeros pasos y trataba dubitativa pero a la vez decidida,de buscar en la hinchada ubre, el primer sorbo de aquellos calostros primerizos. Pero caí desplomada después de un temblor corporal,incapaz de resistir de pie, con aquellas cuatro patas larguísimas. Todavía mantenía visible el cordón umbilical, que hasta hacía pocos momentos me había servido de unión imprescindible dentro de la barriga de mi madre.


De nuevo, inquieta, traté de erguirme levantando las patas delanteras aún dobladas, y más tarde las patas traseras; lo conseguí. Y ahora sí, rozando el hocico a lo largo de la barriga de mi madre, conseguí acercarme,ya decidida,a probar de nuevo el templado líquido que de forma instintiva sabía que sólo a mi me pertenecía; ahora sí, mamo; incluso percheo; provoco que las tetas hinchadas de la vaca derramen sin contención aquel milagroso líquido, que tendrá algo más que misión alimenticia; estos calostros pondrán en movimiento todo el aparato digestivo de la recién nacida y,la madre succionará complacida la primera defecación, confirmando así que la naturaleza funciona y,el mecanismo alimentario está en proceso.


Ya se ha secado su gran pelambrera. Ya corretea. Ya duerme. Ya la madre, aún con la placenta a medio expulsar, se permite algún mínimo alejamiento para continuar comiendo; no obstante, el instinto materno la mantiene ojo avizor, ante cualquier movimiento de la recién nacida. Aparece el primer bramido como lenguaje de identificación entre los miembros de la familia. La madre aproxima el hocico por toda la extensión de su piel impregnándose absolutamente de su olor inconfundible; vaca y ternera serán de por vida madre e hija. La madre marcará el norte y el camino cuando sean traídas y llevadas hacia el prado o hacia la tenada; la hija sabrá que la madre guía, y aunque podrá retozar y corretear en aparente alejamiento, volverá a la manada, porque serála madre quién marcará el camino.


Mi abuela, quiero recordar,me contaba,que la libertad se me acabó pronto, y en el primer viaje en dirección a la tenada de mi dueño fui sujetada junto a un pesebre, aunque de poco me servía el poner todas mis fuerzas para soltarme de la soga... Nada más llegar me pusieron un bozal. Total para qué, si yo no había dicho ni palabra, ni un simple mugido.Así me mantenían durante todo el día y durante toda la noche. Yo sólo esperaba los amaneceres y los anocheceres,porque era el momento de mi gran ilusión: mamar, mamar y mamar. Antes de que me desataran de la soga que me mantenía sujeta del pescuezo,y con ella a una anilla de hierro incrustada en el cemento de la pesebrera, yo no podía reprimir mi alborozo y daba unos tirones de mil demonios; tales eran aquellos tirones que en más de una ocasión hacía elevar las iras de mi dueño que las pagaba conmigo con algún que otro golpe – pensaba yo- inmerecido.


Por fin me dejaban libre y mi instinto, y por qué no decirlo,  el hambre; me llevaban directamente a meter el hocico ente las dos patas traseras de mi querida madre. Más tarde aprendí, que la posición más cómoda sería la de colocar mi cuerpo, pegado a la panza de mi madre, pero claro está orientado en sentido contrario. La vaca comiendo la pastura ( 1) en su pesebre, y la ternera con la tetaza henchida dentro de su boca,moviendo la cola sin parar,  merecían ser aquel momento de delicia que es difícil describir con un simple bramido. Esta escena bucólica era completada con la satisfacción del dueño pasando la mano por lomo de la nueva inquilina, observando cómo su redondez iba tomando consistencia; ¡pone quilos! – decía.


Yo, una vez acostumbrada a mi estancia en el establo, día noche, reposando mi buena panzada de aquella sabrosa leche materna, comencé a engordar y engordar, y en pocos meses mi aspecto era envidiable; y es que no sólo mi madre hacía lo posible por alegrar mi estómago; el dueño, de vez en cuando me echaba dentro del bozal de madera una sustancia con la que llegué adisfrutar más que con la misma leche materna. Diría más, moría por ella; y cuando percibía el sonido del latón en donde el dueño guardaba aquella dulcísima sustancia, mi cuerpo brincaba, retozaba y agradecía con impaciencia dando tales lametazos,que en un dos por tres el bozal quedaba más limpio que una patena.


. Continuará ...


 


(1) Pastura: paja de algarrobas, de trigo, cebada o centeno mezclada con harina de algarrobas.


DGH



 
 
   · autor: navamorales  · sección: General  
     
   
 
     
 
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