RECUERDOS:
A Navamorales:
Mientras dure el sentir de mi recuerdo
Nunca podrá morir mi viejo pueblo.
Yo me acuerdo de mis años mozos:
De un pueblo de Castilla, en Salamanca
De una fuente de cántaros repleta
Que, al ocaso del sol, mozas llenaban.
De un despertar al alba sin relojes:
De un trinar de las aves que arrullaban
De un corral bullanguero en la mañana
Que a tus sueños de golpe despertaban
Yo me acuerdo del fuego que abrasaba:
Del color del serojo echando ascuas
Del calor de la encina que arropaba
De los fríos y las nieves en el alba.
Mientras dure el sentir de mis recuerdos
Nunca podrá morir mi viejo pueblo.
Yo recuerdo el despertar de los terneros:
Las pasturas y el “azúcar” que les daba.
Yo aprendí en las labores del ordeño
A beber la leche tibia de las vacas.
Y me acuerdo del fuego y del caldero:
De lo ricas que estaban las patatas
Que a los cerdos en gran algarabía
Mi tio Pedro en la pila les echaba.
Yo recuerdo, y me acuerdo de recuerdos:
Cuando al prado llevaba yo las vacas
Y arreaba al ganado por veredas
Y en mi burra sentado cabalgaba.
Mientras dure el sentir de mis recuerdos
Nunca podrá morir mi viejo pueblo.
Y recuerdo a mi tía, al mediodía:
En su silla sentada junto al fuego,
Conjugando la brasa y el puchero,
Resolviendo el almuerzo familiar.
De primero unas patatas coloradas,
Engordadas de sudores en las Vegas,
Por las aguas del Corneja refinadas,
Y tan rojas por los soles de la Vera.
Y de segundo, estrellaba,
Huevos fritos de corral,
Pimentón, ajo y aceite
y una “miajita” de sal.
De las eras salía el trigo
Y del trigo salía el pan.
Y el pan del “Horno” servía
Para empezar y acabar.
Y me acuerdo, ya en la calle, de la gente;
Te paraban y, con todo desparpajo, te espetaban:
¿De dónde vienes? ¿A dónde vas? Y saludabas.
Y unos metros más allá, de nuevo recomenzabas.
Mientras dure el sentir de mis recuerdos
Nunca podrá morir mi viejo pueblo.
Avelino Hernández