Entre la sal de la tierra y el síndrome de Ulises
LA SAL DE LA TIERRA:
Unos mineros chicanos de Nuevo Méjico sufren una terrible discriminación respecto a sus compañeros blancos. Tras un accidente en la mina provocan una huelga a la que se unen sus mujeres. Contrariados al principio, los hombres acaban comprendiendo que luchar todos juntos será la manera de cambiar su destino.
Director: Herbert Biberman/ año 1954
Intérpretes: Rosaura Revueltas y Juán Chacón.
SÍNDROME DE ULISES
El Síndrome de Ulises, también conocido como síndrome del emigrante con estrés crónico y múltiple, es un síndrome de naturaleza psicológica que se caracteriza por un sin vivir desapacible que viene asociado a la problemática de los emigrantes al afincarse en la nueva residencia.
El nombre viene derivado del héroe mítico Ulises, el cual, perdido durante varios años (diez según Homero) en su camino de vuelta a Ïtaca, añoraba su tierra de origen, pero, se veía imposibilitado de volver a ella.
* Ulises es el protagonista de La Odisea de Homero
Según su descubridor, el doctor Josefa Achótegui, Psiquiatra del SAPPIR y profesor titular de la Universidad de Barcelona, es " una situación de estrés límite, con cuatro factores vinculantes: soledad al no poder traer a su familia; sentimiento interno de fracaso, al no tener facilidades para acceder al mundo laboral; sentimiento de miedo, por estar muchas veces vinculados a mafias; y sentimiento de lucha para sobrevivir". Hoy se calcula que puede haber en España unas 800.000 personas afectadas por esta enfermedad. Pero la verdad es que de alguna manera participamos todos de esta angustia: todos somos en alguna medida emigrantes. Yo también.
El síndrome de Ulises no sólo actúa por si mismo, sino que, como toda situación de estrés, contribuye a acelerar o desarrollar ciertas patologías que podían hallarse latentes en aquellos que lo sufren. Por ejemplo, pacientes con predisposición a desarrollar brotes sicóticos, que pueden ver acelerada o aumentada su aparición a causa del estrés, de ahí que la tasa de estas patologías sean mayores en el colectivo de inmigrantes, que en el de la población en general.
TODOS SOMOS INMIGRANTES
Me atrevo a asegurar que no hay hoy familia en Navamorales que no participe por activa o por pasiva del fenómeno de la emigración. Yo emigré de Navamorales, como se decía allí, había que salir fuera a buscarse los garbanzos; y en algún momento me he sentido atrapado, entre las dos cabeceras de este escrito: entre la sal de la tierra y el síndrome de Ulises.
Navamorales fue desde hace muchos años un pueblo de emigrantes: que yo recuerde, y por lo que se sabe, alguno de mis familiares fueron a hacer las américas, en oleadas que salieron con destino a Cuba o a países sudamericanos, principalmente Argentina; esto ocurría entre la última década del siglo XIX y el primer tercio del siglo pasado. Luego ya en la posguerra, Navamorales exportó mano de obra dirigida hacia el norte de España, País Vasco en concreto, y algo más tarde hacia el conurbano de la capital: Madrid. En menor medida hacia otras partes de la geografía peninsular.
Pues bien, siendo emigrante, aunque bien es verdad que con diferencia a los inmigrantes actuales que están llegando a la península, en algún momento entre mis vivencias me he sentido envuelto entre esos dos sentimientos de apego y desapego; quiero ser de … pero mis circunstancias me empujan a dejar de ser de … Esta difícil acomodación puede propiciar situaciones de estrés por las cuales, esta contradicción se convierte en el nudo gordiano de nuestra existencia.
El problema que yo percibo como difícil de hacer compatible es el del desapego. Y es que cuando te vas a vivir a un nuevo domicilio, en una ciudad diferente, dejas atrás todo un bagaje que se corresponde con tus vivencias previas; ese bagaje puede no ser del todo compatible con el concurso de costumbres, que son normas sociales asentadas en la nueva ubicación.
El lugar de nacimiento, suele ser compatible con el apego a esa tierra, con la que se afianza una vinculación afectiva de carácter duradero, y singular; con esa tierra, en donde has dado los primeros pasos de tu socialización, tu primera escuela, tus primeros amigos, ¡ qué decir de la familia donde has nacido!, la calle en donde te has criado etc. conforman un bagaje, nada despreciable, cuando das el paso de cambiarte a vivir a un nuevo pueblo, a una nueva ciudad, o a veces a un país diferente.
Destaco, cómo no, la importancia de la familia, como primer contexto social en el que de pequeños, nos desenvolvemos y aprendemos nuestras primeras palabras, nuestras primeras experiencias, nuestras primeras relaciones; pero lo es también el conjunto familiar, los amigos y la propia calle, lo que ha conformado en Navamorales, a cada uno de nosotros.
Dejando de lado aquí, la importancia del apego familiar, base del apego emocional de cada cual, es la tierra propia, la patria chica, la que a buen seguro que labró en los primeros años, el conjunto de habilidades psicológicas y sociales que serían la base de una formación propia en el futuro.
En cualquier caso quisiera dejar claro que esa cristalización en positivo, sobre esos valores navamoraleños, acabarían en el terreno de lo patológico si no evolucionaran y dejaran espacio a la superposición de otros valores, tan positivos, que se pueden encontrar en cada lugar, diferente al nuestro de origen.
Conjugar la sal de la tierra, que la tiene, y deshacer el mito de Ulises, es una tela tan difícil de tejer y de acabar, como la que cada día hacía y deshacía Penélope.
Penélope, esposa de Ulises; espera, tejiendo y destejiendo, la vuelta de su marido de la guerra de Troya.
¿Emigro y me olvido? – Entonces me integro. ¿O me integro y no me olvido? ¿Espero?. Vivo sin vivir en mi …
El destete emocional, es un trauma difícil respecto el que deja su tierra. El emigrante tiene apetencias de salir de su casa; de buscar una vida mejor; pero eso tiene un coste; estos días lo estamos viendo con las pateras que intentan llegan a Canarias y a otras costas peninsulares.
A veces un coste demasiado alto. Coste total. A veces el riesgo es tan alto que en ello se juegan la vida.
* Estampa del migrante
Salir de casa es asumir un riesgo; y el que no se arriesga no pasa la mar…
Explicar la posible concurrencia de ambas opciones, conjugarlas y enriquecerse de ambas: eso es una suerte.
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