EL SERENGETI
“Te escribo desde el Serengeti; en estos momentos estoy a tres metros de una leona que está poniéndose las botas con un ñu; esto es increíble. Mucha sequía. Besos”
Mensaje de móvil recibido el jueves uno de octubre de 2009
Desde Navamorales El Serengeti me cae muy, pero que muy lejos. No obstante el mensaje me deja algo inquieto, y no paro de darle vueltas, de porqué la vida te conjuga historias y circunstancias, hechos, que en un principio nada tienen que ver. Porque nada tiene que ver Navamorales, con una zona tan lejana y tan diferente como es la gran zona que abarca algunos grandes países africanos como Kenia y Tanzania; allá donde los grandes ríos dividen, cerca del Kilimanjaro, la amplia zona donde los ñus pastan al uno y al otro lado en diferentes épocas del año. Migraciones al norte que llevan escritas en su eventual imaginario cerebro irracional, aunque matemático y eterno.
Pero de pronto me vienen a la memoria esas siestas veraniegas, que después de un buen yantar en el pueblo, cuando los documentales de la 2 representan una delicia para dormirlos, algo más allá de las tres de la tarde. Y recuerdo cómo, escenas parecidas me han impresionado más de una vez, entre sueño y sueño.
En Navamorales nunca pasarán estas cosas, sobre todo porque no hay ñus, ni tampoco leones; ni leonas, claro está. Sin embargo el transcurrir de las cosas pone en el mismo plano circunstancias, situaciones y, hasta países y paisajes bien diferentes. Es verdad que hoy los grandes medios de comunicación nos acercan con facilidad al otro lado del mundo.
Una escena de National Geográphic que impacta, es la migración obligada que hacen centenares, miles de ñus al otro lado del gran río que han de vadear; y ya lo hacen con un gran sentido de la realidad, y hasta de prudencia, por el lugar más estrecho; allá por donde se divisa fácilmente la otro orilla.
Los ñus tienen un sentido de la orientación perfectamente programado, de generaciones y generaciones. Aquel recorrido ya los hicieron sus antepasados, y está grabado en lo más íntimo de su carga genética. Lo han hecho siempre.
No obstante el recorrido tiene un peaje que el grupo sabe que ha de pagar; algunos de ellos, tal vez los más débiles, los menos expertos, caerán en las fauces de los cocodrilos, que encuentran allí su despensa de par en par; sin esfuerzo, saben -también sus ancestros les dejaran grabado el registro- que aquel paso les proporcionará un buen bocado, con solo esperar. Así es la vida, y está escrita en la cadena trófica, que los carnívoros se comen a los herbívoros etc...l Pero esto siempre ha sido así.
Leo estos días que África Oriental se está desertizando a pasos agigantados: La deforestación, las construcciones en lugares inapropiados, propicia que esas grandes extensiones de sabana pongan rápidamente en peligro especies irrecuperables y que la población humana precise de movimientos migratorios hacia zonas más fértiles.* ( ref. al artículo de Joana Socías desde Nairobi, de la agencia EFE), reproducido a pié de página.
En Navamorales ya se ha producido ese fenómeno hace algún tiempo; movimientos migratorios de los primeros años del siglo XX hacia América, y de todo el siglo anterior a otras zonas de la Península Ibérica han dejado al pueblo exhausto y en peligro de extinción.
Aquí llegó antes la civilización, allí no ha llegado aún, pero aquí y allí, caminamos hacia el mismo abismo. Salvar el ecosistema es un objetivo de todos; los de aquí y los de allí. Pero tal vez nos toque a nosotros dar el primer paso.
Los fenómenos atmosféricos extraordinarios se van repitiendo, cada vez, con más frecuencia; anteayer en Valencia y Murcia; ayer en Italia. El otro día en Filipinas, Hoy en Sumatra ( con miles de muertos); mañana ¿?¿?.
Se me antoja pensar que el suajili o el bantú y el castellano, el Ngorongoro o el Massai Mara, y El Chorro, Las Returas; El Tormes y el Nilo, El macizo de Gredos o el Kilimanjaro etc. pertenecen a esta pequeño mundo, en la que cada vez las distancias más se acortan, y en donde corremos todos en conjunto la misma suerte.
La especulación con la madera de los bosques en Kenia y Tanzania, están desertizando aquella zona; el vaciado de la arena de lecho del Corneja y de los rollos del Tormes ya nos pasan hoy factura en Navamorales. ¡ Pues claro que ambos lugares tienen algo de común! La depredación y el cambio de rumbo de la naturaleza nos está ya pasando factura. Cada vez con más nitidez percibimos que los acontecimientos de cualquier parte del mundo nos afectan a todos; y nada está lejos, ni es nuevo para nadie. Vivimos todos, nunca mejor dicho, en esa pequeña aldea global.
DGH
El Este de África sufre la mayor sequía en décadas
Miembros del Servicio de Protección de la Vida Salvaje sacan un hipopótamo del barro. | Efe.
Joana Socías | Nairobi
Actualizado viernes 02/10/2009 11:15 horas África del Este sufre la mayor sequía en décadas. Más de 23 millones de personas en siete países pueden perderlo todo. Todos los expertos señalan al mismo culpable: la tala de árboles indiscriminada que en apenas 15 años ha mermado el bosque de Mau (Kenia), el verdadero sumidero de África oriental.
El asentamiento ilegal de más de 20.000 familias desde los años 90, y la consecuente tala de árboles y uso de la tierra para agricultura, está provocando un verdadero "desastre ecológico", según los expertos. En apenas dos décadas, un cuarto de la reserva de Mau –unas 100.000 hectáreas- han sido despobladas de árboles e "invadidas" por asentamientos.
Ante la alarma por la falta de lluvias actual -que ha obligado a restricciones de agua y electricidad nunca vistas en toda la región-, el Gobierno ha lanzado una campaña para realojar a los ocupantes de la reserva natural. De momento, los esfuerzos han caído en saco roto. Los habitantes de Mau se niegan a abandonar la tierra que dicen les fue entregada en el pasado.
Y es que muchos en África no entienden por qué culpan a la tala de árboles de la falta de agua y, en consecuencia, de la ausencia de alimentos y del fallecimiento de ganado. Pero lo cierto es que los expertos coinciden en señalar que la tala de árboles ha acabado con el "mecanismo natural" que mantiene el ecosistema vivo.
Según un informe de Naciones Unidas, la importancia del bosque Mau para Kenia, Tanzania, Somalia, Uganda, Sudán, Yibuti e incluso Egipto consiste en la "regulación natural que el ecosistema hace de los flujos de los ríos, lo que evita inundaciones, falta de agua y reduce la erosión del suelo".
"Llueve mucho en Kenia, pero solo en la estación de lluvias. Luego vienen cuatro meses en los que no cae ni una gota", explica Christian Lambrechts, de la oficina del Programa de Medio Ambiente de la ONU (UNEP), en Nairobi. "Es fundamental tener una zona tapón, un sistema que permita dosificar el agua y que la suelte gradualmente a los ríos durante la época seca. Esa zona tapón es el bosque de Mau", concluye el experto, quien advierte de que "si se elimina este ecosistema, se reduce la humedad en la reserva, lo que se traduce en ausencia de agua durante la época seca".
"Elementos intrusivos"
El UNEP se ha unido a los esfuerzos del Gobierno para salvar al que consideran "el mayor ecosistema de follaje denso del mundo". En pocos años, Naciones Unidas denuncia que ha perdido más del 25% de sus especies naturales "debido a elementos intrusivos".
Más grande que la reserva del Monte Kenia y que el parque de los Aberdares, el bosque Mau alimenta seis lagos (el lago Victoria, una de las fuentes del Nilo; Nakuru, Natrón, Baringo y Magadi). Además, es la fuente de agua de ocho reservas de vida salvaje, entre otras las famosas Masai Mara y Serengueti, en la frontera entre Kenia y Tanzania. En total, se estima que 10 millones de personas dependen directamente del agua que alberga.
El impacto del aparentemente inocente carbón que muchos africanos utilizan para cocinar y hervir el agua (fuente de enfermedades) es escalofriante, como recuerda Wangari Maathai, Premio Nobel de la Paz y una de las voces más respetadas en Kenia. "No dejo de decirle a la gente que si siguen destrozando los bosques, los ríos se secarán y morirán de hambre y sed", declaró recientemente la líder del Movimiento Cinturón Verde, que aboga por la repoblación de los bosques africanos
Pero, muchos critican que se eche la culpa de todo a los africanos más pobres, aquellos que tienen en el carbón su principal y única fuente de generación de energía. Y es que solo el 7,5% de la población rural de África subsahariana tiene acceso a electricidad. A menos que se actúe de forma radical e inmediata, la madera de los árboles continuará siendo la principal y única fuente de energía para muchas familias africanas.