La serrana de la Vera
Hasta bien entrado el pasado siglo, aún les es fácil recordar a los actuales vecinos de Navamorales, como llegaba la literatura escrita en forma de coplas o romances.
Los romances son unas composiciones breves, típicamente españolas, formadas por un número indeterminado de versos – según lo larga que fuera la historia- de versos octosílabos, que riman en asonante los pares.
Los que llegaban a Navamorales lo hacían por entrega manual, (en hojas sueltas) por medio de los clásicos trotamundos, que se desplazaban de pueblo en pueblo, pidiendo limosna.
Con toda seguridad, que hace ya algunos cientos de años, a Navamorales no llegaban los romances en formato papel, sino por vía oral; eran los juglares, los que se ganaban el pan, recorriendo los caminos y, accediendo a los pueblos, en donde cantaban, acompañados por algún instrumento musical (*) sencillo, una historia, mitad real, mitad distorsionada, que constituía el deleite de la población toda.
El juglar se encargaba, y era precisamente un experto en la materia, de dar a la historia visos de absoluta realidad, lo que con frecuencia, no pasaba de ser una verdad a medias.
Aún recuerdo la textura y hasta el color de estos panfletos, que resultaban ávidos para los lugareños, y que solía reunir a la concurrencia en un resolano si era invierno, o a la sombra de algún árbol, si era verano, también en las eras, si era la época, para deleitar del conocimiento de la nueva gran noticia, que proporcionaba ser sabedor de algún hecho, con frecuencia luctuoso y ocurrido, en algún pueblo lejano al nuestro.
Estaban impresos en letra de imprenta clara, en papeles de estraza de fondo color amarillo, azul o rojo, y contaba con un título que hacía mención al tema principal, y que casi nunca nombraba al autor. En realidad, muchas de estas historias habían sido difundidas por vía oral, y llegado el momento, alguien logró su impresión y a la vez la manipulación y multiplicación manual que hoy hacen las modernas fotocopiadoras.
De esta forma se transmitieron poemas épicos tan importantes como el de Mío Cid, o la Canción de Roldán, donde con frecuencia, el original había sido mutilado, con añadidos o supresiones, que dificultaban la comprensión del texto original y completo.
Los temas transmitidos a través de romances o coplas, fueron muy variados, pero que en cualquier caso representan las inquietudes humanas en el más amplio sentido de la palabra: desde el amor, a la muerte, a las relaciones entre pueblos fronterizos, (moros y cristianos) etc.
En Navamorales, aún quedan expresiones que nos recuerdan aquellos romances, cuando se le advierte a alguien que se mete más allá de lo que le tocara: ¡ Cómo sigas por ahí te van a sacar cantares”, “vas a salir en los papeles”, “ Te van a poner en las coplas”… haciendo alusión a los protagonistas de aquellos romances, canciones o coplas, en unos casos para aplaudirlos, como en el caso del Cid, o en otras, para deshonrarlos: el romance del Rey don Rodrigo.
(*) En el romance que adjuntamos se citan dos instrumentos muy sencillos que solían acompañar a los pastores: el rabel y la vihuela.
1.
2.
1. El rabel es un instrumento de cuerda frotada de uso muy común entre los pastores en toda la Península Ibérica. Se dice que aquellos que mejor tocaban este instrumento eran los que con mayor facilidad seducían a las pastoras que cuidaban los rebaños próximos. Lo que acontecía en estos casos es que con frecuencia las ovejas de ambos rebaños se mezclaban y el pastor y la pastorcilla no encontraban fácil explicación del porqué de su distracción.
2. La vihuela, es considerada la guitarra del siglo XVI en España. Es de la familia del laúd. Se puntea con los desos y a veces con un arco.Consta de seis cuerdas dobles. A diferencia del rabel, difundido entre el pueblo, la vihuela tenía un cierto carácter aristocrático y era un instrumento que requería un aprendizaja no carente de técnica. Observaremos en el siguiente romance, La Serrana de la Vera, debía ser una experta en el oficio de tocar la vihuela, y con ello adormecer a sus inquilinos en su cueva.
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Pues bien, si te colocas en el Lejío ( algunos llamarán Egido) en orientación sur del casco urbano de Navamorales, observarás en lontanaza el macizo de Gredos y sus estribaciones; pues en esa dirección, al otro lado de las montañas, hay una serie de valles y ríos que nacen y discurren en la parte sur de la Sierra de Gredos.
De allí, de la comarca de la Vera, es de donde vamos a reproducir un romance que a buen seguro se sabían de memoria nuestros antepasados de varias generaciones, ya que hasta allí llegaban los arrieros más atrevidos, tal y como hemos explicado en otras entradas de este mismo blog. Ellos, los arrieros, trotamundos de aquellos tiempos, a buen seguro, llegaban con frecuencia trayendo, además de las albarcas bien empolvadas, noticias frescas para desatascar el cansino discurrir de un pueblo, donde casi nunca pasaba nada.
Ahí va, y que la disfrutes:
DGH
ROMANCE DE “LA SERRANA DE LA VERA”
En Garganta de la Olla,
siete leguas de Plasencia,
habitaba una serrana
alta, rubia y sandunguera.
Con vara y media de pecho,
cuarta y media de muñeca,
con una trenza en el pelo
que a los zancajos le llega.
A uso de cazadora,
gasta falda a media pierna,
en la cintura correa
y en el hombro, la ballesta.
Cuando tiene gana de agua,
se baja pa la ribera,
cuando tiene gana de hombre
se sube a las altas peñas.
Pasa uno, pasan dos:
No ha pasado el que ella quiera.
Ha pasado un serranillo,
con una carga de leña,
y le agarró de la mano
para llevarle a su cueva.
No le lleva por caminos,
ni tampoco por veredas,
le lleva por altos montes
por donde nadie le vea.
Ya llegaron a la cueva,
le mandó cerrar la puerta,
y el serrano, muy astuto,
la dejó un poco entreabierta.
Al entrar en su escondrijo,
vio un montón de calaveras,
de hombres que había matado
aquella terrible fiera.
¡Tú alégrate, serranillo,
buena noche nos espera!
De conejos y perdices
le guisó una rica cena.
Bebe, serranillo, bebe,
agua de esa calavera,
que puede ser que algún día
otros, de la tuya beban.
Dime, serranillo, dime :
-¿sabes tocar la vihuela?
- Sí señora, si lo sé
y el rabel, si lo tuviera.
Tú tocarás el rabel.
Yo tocaré la vihuela.
Pensó dormir al serrano
y el serrano durmió a ella.
Apenas la vio dormida
salió corriendo hacia fuera;
pero pronto despertó
aquella maldita fiera.
Mucho rato va corriendo
sin atrás volver cabeza
pero cuando la volvió
como si no la volviera.
Vio de venir la serrana
saltando de piedra en piedra,
con una honda en la mano,
bramando como una fiera.
Puso una china en la honda
que pesaba arroba y media,
y con la fuerza que lleva
le ha quitado la montera.
Vuelve, serranillo, vuelve,
vuelve atrás por la montera,
que es de paño rico y fino ,
y no es razón que se pierda.
Si es de paño rico y fino,
así se estila en mi tierra;
mis padres me compran otra
y si no, me estoy sin ella.
Por Dios te pido, serrano,
que no descubras mi cueva;
que si acaso la descubres
puede ser que en ella mueras.
Que tu padre fue pastor,
Que tu madre fue una yegua,
Que tu padre comía pan,
Que tu madre comía hierba.
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Tu padre será el caballo,
Tu madre será la yegua
Y tú serás el potrillo
que relinche por la sierra.