LOS PÁJAROS EN NAVAMORALES
¡Va de pájaros! (I)
Pasearte por Navamorales y aledaños, es hoy una gozada en lo que tiene que ver con el contacto con la naturaleza; y la naturaleza en nuestro pueblo lo conforman a mi modo de ver, en primera instancia, sus gentes; y sus gentes son inevitablemente cada vez menos. Es por ello que dando paso a un segundo nivel, importa la flora y la fauna que son y han sido siempre consustanciales con nuestro pueblo, y en especial en todo su término municipal: desde Cabeza la Porra a Juntalosríos, o desde Los Guijos hasta La Renta, por trazar dos diagonales largas en todo el dominio que lo fue siempre el término municipal de Navamorales.
Hoy se me antoja pasar revista al conjunto de especies voladoras, que menudean con cierta diferencia de número nuestro delimitado espacio aéreo; es decir, los animales propios de estas tierras que sobrevuelan nuestros cielos, y pueden ser observados, más o menos de cerca, cuando te paseas por los nuevos caminos del pueblo.
No seré yo quien intente hacer una relación exhaustiva de todos los pájaros, que podríamos decir son propios de estas tierras; como siempre, trato de aportar una perspectiva personal, siempre susceptible de ampliación, y naturalmente, de mejora.
Para ordenar en cierta manera los nombres, que de golpe se me vienen a la cabeza, voy a utilizar un recurso pedagógico que me es familiar, y que consiste en abstraer del conjunto, varias categorías, que una vez más, a mi antojo, podríamos clasificarse de la siguiente manera:
1/ Pájaros buenos
2/ Pájaros malos
3/ Simplemente pájaros
4/ Otros pájaros de altos vuelos
Y marcada la pauta metodológica, nos disponemos a recrearnos en las vivencias, insisto, que son sensaciones personales, alrededor de nuestras anteriores cuatro categorías de estas aves navamoraleñas, que a buen seguro, lo son también de otros lugares; ellos no entienden de fronteras.
PÁJAROS BUENOS
Se me vienen a la memoria cuatro especies: la golondrina, la cigüeña, el colorín y el jilguero.
La golondrina ha sido en Navamorales el pájaro más familiar y próximo de todos los que rememoraremos. La golondrina como ave migratoria construye sus nidos en lugares cubiertos, pero de fácil accesibilidad; aleros de los tejados, las tenás, las cuadras, los pajares etc., siempre que haya un acceso libre para entrar y salir con facilidad. Emigran allá por el mes de octubre y vuelven anunciando la primavera, allá por el mes de febrero o marzo.
Nadie me explicó el porqué estos animales vivían en nuestras mismas casas, y gozaban de todo un halo de protección, de tal suerte que, construyendo sus nidos bien al alcance de la mano del hombre, no sin embargo de cualquier depredador, jamás observé ninguna actuación que perjudicara a su vida o a su subsistencia.
Una visualización de concentración de golondrinas era habitual el día que se limpiaba un montón de algarrobas, (garrobas) en la era, allá por los finales del mes de julio. El motivo era que las golondrinas acudían a un festín comunitario, cuando al airear paja y grano, el hecho de la limpia, los pequeños insectos de los granos de algarrobas, los cocos, que ya habían colonizado los grnos de la gramínea, , volaban por los aires liberándose, y así de esta manera, las golondrinas iban y venían cazando en el aire a plena satisfacción, una y otra vez.
Otra imagen, esta vez sonora, lo es el hecho de regalarnos en esos días despejados, primaverales o veraniegos, que son habituales en la zona, en grupos de nos más de una media docena, con todo un concierto bien a la vista de cualquier observador externo.
Ya a finales de cada mes de agosto, las golondrinas comienzan a realizar pequeñas concentraciones, normalmente en los cables del tendido eléctrico, que son un presagio de la futura emigración en bandada: a buen seguro que están organizando la estrategia de la marcha.
Sólo añadir, que es un animal que rara vez lo observaremos fuera de las zonas pobladas; urbanita, y siempre ligado a la actividad humana; insectívoro y por tanto evitador y favorecedor de la habitabilidad de las personas. Ésta puede ser una de sus bondades, y por otra parte, que en nada es perjudicial para los habitantes del lugar.
La cigüeña es un animal por todo lo alto; tan alto que ha elegido como casa habitual la parte superior del campanario de la iglesia de Navamorales.¡ Y que casa! ¡Y qué nido!
“Por San Blas, la cigüeña verás, y si no la vieres, año de nieves”. De esta forma la cigüeña, marcó durante muchos años el final del invierno y, el anuncio de la entrada de la primavera; si llegaba la cigüeña es que el buen tiempo se anunciaba en lontananza.
Hoy las cosas han cambiado y la globalización también ha alcanzado a nuestra protagonista. Las cigüeñas ya no emigran. ¿Qué está pasando? Pues tal vez el cambio climático tenga aquí una de sus manifestaciones más evidentes, la casi nula diferenciación entre las estaciones del invierno y del verano, ha llevado a nuestra protagonista a decidir lo innecesario de aquel gran viaje, que a buen seguro significaba un desgaste y pérdida de muchos ejemplares.
Hay quien opina que ahora, incluso en pleno invierno, las cigüeñas encuentran fácilmente sustento para su supervivencia, en los vertederos de materias orgánicos de los alrededores. Sea por una u otra causa, lo cierto es que la cigüeña se deja ver ahora ya en cualquier época del año, en lo más alto del campanario de la iglesia de Navamorales; pero hay más, desde hace unos cuantos años la especie trata de perpetuarse en otros lugares que hasta ahora le eran impropios. Hoy, hay varios nidos construidos con el mismo método en lo alto de un chopo seco: uno en Los Huertos, próximo a la iglesia, y otros varios a lo largo de la ribera del río Corneja, algunos en chopos secos y viejos, que por desgracia, no constituirán una estancia de más allá de unas cuantas generaciones; las parejas que eligieron estas nuevas ubicaciones queda bien claro, que se constituyen en ciudadanos de segunda categoría, y que más pronto que tarde verán que su nido caerá empujado por las fuerzas naturales un día de vientos huracanados. No es así el nido eterno de la iglesia, que ha resistido contra viento y marea los envites de las más horribles tempestades. Y si cayera, el solar estaría listo para comenzar la construcción de nuevo. El pie es firme y la cédula de habitabilidad se la tiene bien ganada.
La cigüeña también ha sido un animal protegido por los habitantes del pueblo, al margen de las leyes. De niños hemos presenciado atónitos, la defensa numantina de la pareja, machando el ajo, frente a otra u otras que pretendían arrebatarle el nido. Queremos creer que las parejas de cigüeñas que venían cada año a anidar lo eran, o la misma pareja del año anterior, o alguno de sus descendientes, también del año anterior.
Hemos presenciado el transporte al nido de ramas, cañas, barro, y todo tipo de restos hasta construir, y cada año ampliar, el nido del año anterior. También hemos observado los momentos en que la pareja protegían los huevos y aportaban el alimento que los progenitores hacían de sus pequeños.
Era un espectáculo el ir y volver de las dos cigüeñas, trayendo alimento a sus cigüeños, que nunca pasaban de tres por regla general; alimentándose de ranas, sapos y renacuajos, así como otros animales propios de los humedales, que es donde esta especie se maneja con comodidad.
Casi es imposible creer como se sustentan los más de dos metros de altura, resistiendo los vendavales del invierno. Es un nido vivo; tan vivo que allí anidan también todo un ejército de tordos y gorriatos que al calor del la casa grande, construyen y se reproducen, sin ningún tipo de interferencias. Eso sí, la atalaya tiene su propietario y su propia balconada de trescientos sesenta grados. El resto de vecinos, de rango inferior, aunque nada detestable, cubren el conjunto del cilindro, con vista cada uno según su ubicación, norte, sur, este y oeste. El concierto de un día soleado de primavera, y sobre todo los primeros del verano en la torre de la iglesia, es una verdadera explosión de ritmos, gritos y sintonías que tienen mucho que ver con una natural algarabía.
El colorín es un pajarito mínimo, que sorprendemos con frecuencia en primavera al lado de su nido, construido con materiales nobles y con frecuencia de origen animal; lana de oveja, pequeños hilillos sedosos, y partículas finas, que muy bien enredadas aguantarán el más terrible vendaval; su nido es consecuente con su pequeño tamaño, pero urdido de tal suerte, entretejido de tal manera, y ubicado estratégicamente dentro de una horqueta de un arbusto o árbol, de no excesiva altura; es un animal saltarín; pocas veces se la sorprende en tierra y, es tal su miniatura, que si no fiera por su constante movilidad y el colorido de su plumaje, fuera difícil verlo.
El jilguero es un pájaro que abundaba en las zonas de huerta a lo largo de la ribera del Corneja y del Tormes; abundaba en las parcelas sembradas de alfalfa y en los humedales del otro lado del Corneja, en la zona de las Vegas; es también es un pájaro menudo, aunque algo mayor que el colorín.
Es reconocido en plena primavera, época de anidamiento y reproducción, por su precioso canto. Su plumaje pardo con plumas coloreadas, entre las que sobresales alguna roja, verde y amarilla.
DGH