El transformador:
Si sales de Navamorales en dirección a Puente del Congosto, por el Camino de La Huerta, nada más abandonar el casco urbano, dejas a la derecha esta sencilla edificación, hoy en ruinas, que en Navamorales siempre fue, El Transformador.
Se me antoja rescatar con esta fotografía, que incluye a Cabeza la Porra al fondo, una especie de caseta, porque tuvo durante muchos años una importancia relevante. ¡ Creo que muy relevante! En mis primeros años, yo viví en primera persona, como un acontecimiento diario la subida y bajada, lloviera granizase, hiciera frío o calor, a un señor maduro estilizado, ágil: a tío Abraham. Y no puedo por menos de escribir aquí el nombre propio de quien tenía en aquellos tiempos, y creo que durante muchos años, la llave de toda la energía que se consumía en Navamorales; a la energía eléctrica me refiero.
El electricista, que este era el oficio de tío Abraham, vivía por el Barrio de la Iglesia, y el transformador está ubicado en la parte alta, y un poco fuera del casco urbano; a la misma altura del cementerio. El caso es que, Navamorales dependía en su conexión eléctrica de una central ubicada en El Puente del Congosto; y el contrato de suministro nada más daba para recibir fluido durante unas doce horas diarias, que coincidía con el espacio que va entre la puesta del sol, y la salida del mismo, sobre poco más o menos.
El oficio de este señor era el de abrir y cerrar el grifo energético, al margen de realizar las instalaciones eléctricas y arreglos propios de su oficio; como hemos dicho daba la luz al atardecer, y la cortaba a la salida del sol, más o menos. Este hecho puede sorprender a cualquier urbanita de la última generación, pero así era. Dicho de otra manera, los aparatos que precisaran de esta energía durante todo el día, habían de esperar a que de nuevo a la tarde tío Abrahán diera la luz.
Por lo tanto el fluido eléctrico solo llegaba por la noche, siendo además frecuente que durante el invierno, los días de aguacero o fuertes vientos se fuera la luz; y la luz se había ido, porque el tendido eléctrico era muy deficiente entre Puente el Congosto y Navamorales, y no era infrecuente que se cayeran algunos palos del tendido por el Recatón, por La Huerta y a la altura de La Concha. Luego mañana se había de localizar la avería, y arreglar el desaguisado, con lo que de vez en cuando, el candil de petróleo y el farol de aceite, tomaban la alternativa.
Candil de petrólero Farol de aceite
No había ningún problema si no se podía hacer una lavadora, porque había lavadoras. No había ningún problema en que se te descongelara el arcón o el frigorífico, porque no había arcones ni frigoríficos. No había ningún problema si no se podía seguir el capítulo siguiente de la serie de TV. No había televisión. No había ningún problema con que dejara de funcionar la calefacción. No había calefacción. Tampoco había ningún problema porque no te pudieras duchar con agua calentita; pues no te duchabas y se acabó. Pero si había algún problema porque no se podía escuchar el programa de radio, emisión de las 8.00, cuando yo escuchaba la lección correspondiente de matemáticas y de lengua española. Sí, porque algunos niños de entonces no teníamos un centro de estudios de secundaria al uso, y lo hacíamos de la única mansera posible en Navamorales entonces: El Bachillerato a distancia. Por la radio, claro. Se denominaba entonces “bachillerato radiofónico”.
En todo caso, que no hubiera fluido eléctrico durante el día, debía ser un mal menor para el común de los mortales de entonces; vaya, para el común de los mortales de Navamorales; porque me imagino que más de una persona se encontraría tremendamente satisfecha al pensar, que sólo un par de generaciones anteriores, no había luz eléctrica ni de noche ni de día. Ni falta que les hacía. Aunque tal vez algún urbanita o lector nuevo en este blog, se sorprenda de que estemos describiendo a todo un pueblo que no lavaba la ropa, que no estaba informado porque no veía la TV, ni escuchaba la radio, que no tenía calefacción central en su vivienda, que tal vez no se duchaba nunca ¡ pero qué es esto!
Asegurar y repetir todo lo anterior no significaba en ningún caso que en Navamorales no se la vara la ropa; por supuesto que se lavaba; que no hubiera personas ilustradas, que las había; que no tuvieran en sus casas un buen rimero de astillas, serojas , ramos y tomillos para hacer una buena lumbrinaria el día que hacía frío; bueno lo de ducharse ya no me atrevo yo a decir que era un hábito regular; ¡ pero la gente se lavaba!, se lavaba por partes... y cuando podía. Los baños se dejaban para el verano cuando ibas al río o a regar a las Vegas aprovechando algún apretón del agua, o algún charco que no te cubriera más allá de la barriga, porque los cursillos de natación eran teóricos, y con frecuencia en el rastrojo.
¡ A la mierda con tanta modernidad! y así era como en las viviendas solía haber luz en lo que era la casa, pero, por aquello del ahorro, el tendido ya no llegaba ni a la tená ni a la cuadra, y menos al pajar. La economía era verdaderamente llevada al extremo. Se vivía como se podía y ahorrando. ¡ Qué pena que con los tiempos que se avecinan no recordemos más veces aquellos desvelos de nuestros ancestros! Aquello si que era estar inmerso en la crisis, y no esto que se nos anuncia ahora. ¿Se imaginan ustedes un retroceso de esta nueva generación a las condiciones que se han descrito más arriba?
Pues bien, volviendo al tema que nos ocupa, el Transformador, hoy abandonado y en ruinas, fue el lugar desde donde se distribuía, dando paso o cortando el fluido que debió ser en Navamorales un avance significativo en una época que ahora mismo ne me atrevo a señalar. La construcción es sólida en sus cuatro muros, lo que tiene en peores condiciones es el tejado; supongo que poco a poco, si el tejado se cae las paredes acabarán pronto o tarde en el suelo. Me pregunto ¿sería tan difícil arreglar el tejado y adjudicarle algún uso, que precisamente ahora no se me ocurre? Aunque sólo fuera para reconocer lo que fue durante tanto y tantos años. Vamos a ver si algún lector de estas reflexiones tiene algo más de imaginación que yo, y le proponemos el arreglo de esta caseta, al nuevo consistorio municipal. Para algún uso público, por supuesto.
DGH ( Enero de 2009)