El frontón de Navamorales
La parte de atrás, (del Frontón)
(Cuestión de pelotas)
Recordando en qué pasábamos los ratos libres los niños, en Navamorales, me sobreviene el nombre del frontón. En él aprendimos a jugar y a competir; la mejor socialización posible; primero, con pelotas de goma y más tarde, como se jugaba antiguamente con unas pelotas confeccionadas con una bola de goma, compacta en el centro, a la que se engordaba con lana; con la que se iba haciendo una bola apretada, que se forraba con piel de cabra cosida de forma artesanal. (ANEXO: Cómo hacer una pelota.)
Los niños, de pequeños usábamos en mi época una pelota de goma, menos dura, con la que nos iniciábamos en el juego del frontón, con nuestros amigos o compañeros de la escuela. Para jugar al frontón bastaba una pared medianamente lisa, como la parte trasera de la escuela de niños, algunas paredes de la iglesia, y en el mejor de los casos, en el frontón, que era el lugar apropiado y creado para practicar este juego.
No obstante lo niños, sólo teníamos opción al frontón en su parte frontal, cuando no estaba ocupada la parte delantera. Es la parte que muestra la imagen, que como acostumbra a pasar, no recoge casi ningún reportero, ya que la imagen potente, la conforma la parte delantera.
Yo quiero recordar aquí, que esa parte de atrás, fue en mi infancia el lugar en donde en connivencia con otros chavales de mi edad, sudamos la camiseta, hasta que pudimos hacernos acreedores de la parte de delante.
La trasera del frontón era el sitio ideal para hacer partidos de pelota al uso, entre los recién iniciados, para cuando llovía, con los vientos y borrascas del oeste, estar más resguardados, e incluso, jugar a la tanga y ya en aquellos entonces hacer envites al menguante contenido del bolsillo, que se medía siempre en perras gordas o perras chicas, la mayoría de las veces; solo algunos bolsillos podían contar en pesetas su potencial económico y los duros, casi eran poco menos que desconocidos.
Por aquellos entonces se contaba bastante en reales, es decir, veinticinco céntimos de peseta. Recuerda: Navamorales, que por una peseta te dan dos reales…
La parte de atrás del frontón deja al descubierto la pared potente de piedra de granito, en que fue construido. La última remodelación y puesta al día que se hizo hace unos ocho o diez años, ha hecho, que este monumento municipal se asegure una supervivencia larga en el futuro. Ya comprendo que el frontón se ha de visualizar, como casi todo, por su parte frontal o delantera, pero a mi se me antoja, que no está demás alguna mirada de las cosas, por la parte de atrás. Al menos así lo veo yo, desde la distancia.
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(ANEXO: Cómo hacer una pelota.
La pelota auténtica de frontón se construía sobre una bola de goma compacta a la que se le añadía unas tiras de papel mojado (este papel al secarse daba lugar a un sonido seco al botar)
Sobre el papel mojado se iba añadiendo lana en hilos extraídos de un jersey viejo, por ejemplo; se iba dando vueltas y vueltas a la bola para ir distribuyendo de forma regular la lana, e ir consiguiendo una bola perfecta. Se giraba en todas las direcciones y se procuraba tensarla de forma conveniente, teniendo en cuenta que a más tensión, produciría una pelota más dura, mientras que si la lana se iba colocando sin tensar las vueltas, la pelota resultaría menos agresiva, es decir, más blanda. Se procuraba no exceder la cobertura de lana más allá de los 70 ó 75 gramos.
A continuación se redondeaba el resultado anterior con hilo, lo que daba como resultado una bola mucho más perfeccionada y así hasta conseguir una bola perfecta, de unos 80 u 85 gramos.
Más tarde se procede al forrado; y ello consiste en hacerse con piel de cabra curtida, (alguien también utilizaba piel de perro), y cortar un molde, primero en papel o tela y después sobre la piel curtida, se recortan lo que son dos ochos perfectos, que se acomoden a la bola preparada.
Antes de coser los dos ochos de piel, han de estar previamente bien mojados, al objeto de que al coser y estirar, sean flexibles y no se rompan. Una vez acoplados los dos trozos de piel a la bola, se macera con un martillo los lugares por donde se ha ido cosiendo y, se realizan movimientos circulares sobre una superficie lisa y, de esta forma quedará una bola quasi perfecta, que con todo, no habrá rebasado en ningún caso, más allá de los 100 gramos. Y una vez secada y reposada durante unos pocos días, la pelota ya estaba lista para ser utilizada.
DGH