El campo está que arde:
Y en concreto, el campo argentino
Puedo ponerme perfectamente en la piel de aquellos que ven con sus propios ojos como sus tierras y sus ganados arden. Y arden, no por el fuego de una negligencia, sino de una planificación de altos vuelos; y nunca mejor dicho: llevada a término desde lo alto del cielo y, propagado a velocidad de helicóptero.
¡ Qué vergüenza! En pleno siglo XXI . La expresión “tierra quemada” o de “tierra arrasada”, fue antaño una táctica militar que persiguía el objetivo de aniquilar todo aquello que pudiera serle útil al enemigo, en el caso de una conquista, y cuando las tropas avanzanban o retrocedían en ese territorio. Pero es que aquí, no estamos en guerra, ¿ o sí?.
La historia se repite, y se repite en su más cruda esencia. La expresión de “política de tierra quemada”, proviene seguramente del hecho de prender, y huir. Prender los campos de cereales ( a punto de recolección) durante las guerras y, así dejar al enemigo más debilitado. Lo malo de esta práctica, en sí ya perversa, es que va más allá. Se quema el campo, sus cultivos, y todo lo que subyace a su alrededor: se queman viviendas, se quema al ganado, se quema la maquinaria, y en definitiva, si se pudiera, se quemaría también, y a veces se consigue, quemar a los propios campesinos.
Estas prácticas ya fueron utilizadas precisamente en la península Ibérica por los musulmanes durante la Reconquista, causando grandes destrozos en las incursiones que los cristianos ejercían en su avance hacia el sur de la península. Otro tanto hizo Napoleón entre 1808 y 1812 en su supuesto paso hacia Portugal pero con el claro intento de apoderase de toda la península.
No muy distintas fueron algunas estrategias revolucionarias llevada a cabo durante la guerra de independencia sudamericana, en concreto por el general Manuel Belgrano en la retirada estratégica del denominado "éxodo jugueño", obligando a la población a replegarse hacia Tucumán, en el noroeste argentino a unos 1300 kilómetros de Buenos Aires, arrasando todo lo que pudiera serle útil al ejército contrario.
Idéntica práctica se llevó a cabo durante la guerra civil de los Estados Unidos, con la “marcha Sherman” destruyendo en aquel caso las plantaciones, y lo que era más importante , destruyendo la recien estrenada red de ferrocarriles. etc.etc. Claro que en todos los precedentes anteriores, al menos desde la perspectiva actual, ¡ estábamos en guerra! Pero aquí no es el caso. ¡ Es que hace cuatro días se celebraron unas elecciones aparentemente democráticas y fueron ganadas por mayoría aplastante!…Algo no me cuadra...
No obstante, hoy se puede asegurar que estas prácticas tienen o pretenden conseguir un valor añadido, de intimidación: es el terrorismo psicológico, utilizando altas tecnologías, llevado al campo. Puede que mayor retorcimiento y maldad sea casi insuperable.
Hoy la política de tierra quemada, en Argentina, es un hecho constatable, que no con palabras, sino grabada in situ, y conocida al otro extremo de la aldea global. Propagada por todo el planeta, mal que les pese a sus instigadores. Más pronto o más tarde, los autores directos o sus instigadores habrán de pagar por ello. Y éste, nuestro país hermano, ya tiene la experiencia de que aunque pase el tiempo, más pronto o más tarde, el que la hace la paga.
DGH