¡ VIVAN LOS QUINTOS DEL 66 !
¡ VIVAN LOS QUINTOS DEL 66 ¡
El tiempo transcurrido entre el año 1948 y el actual 2008, se contabiliza nada más y nada menos que en un número redondo: 60 años. Y hace esos años que se produjeron hechos que han marcado la historia. Fue en 1948 cuando nació el estado de Israel; cuando se publicó la Declaración de los Derechos Humanos; fue el año en que fue asesinado Mahatma Gandhi; y cuando España se estaba peleando sin mucho éxito por cierto, en tierras norteafricanas, en concreto en las campañas de Sidi Ifni; etc. etc.
Pero fue también el año en que en Navamorales nacieron alrededor de una veintena de niños y niñas que fueron bautizados a los ocho días de nacer, que tomaron juntos la primera comunión, y que ellos y ellas fueron quintos dieciocho años después.
Eran años de postguerra, de autarquía; de aparente paz.
Dieciocho años más tarde se podía leer en Navamorales:
¡ VIVAN LOS QUINTOS DEL 66 ¡
La tradición de Los Quintos en Navamorales viene de antiguo. Nosotros nacimos envueltos en esta tradición; de ella nos hablaron nuestros padres y nuestros abuelos.
La tradición de la quinta puede arrancar de la época del rey Carlos III en la que se designaba así, a la forma de reclutamiento mediante la cual se elegía, a uno de cada cinco mozos aptos, (no hay quinto malo); de ahí que se generalizara como "quintos" a todos aquellos mozos nacidos en el mismo año, y que serían convocados más tarde a prestar el servicio militar. Es decir, todos los varones nacidos en el mismo año natural, se someterán como veremos más tarde a la talla, para ser declarados aptos o no aptos, y así más tarde, ingresar en las filas del ejército.
Pero tal vez, el origen de los quintos es aún mucho más antiguo. Desde épocas inmemoriales de nuestros ancestros celtas, los jóvenes se vestían de largo, una vez habían superado algunas pruebas físicas, como la de ser capaces de sobrevivir alejados de la comunidad durante un cierto tiempo; al volver lo hacían portando ramas de algún arbusto o árbol lejano a los propios del lugar. A este árbol o ramajes, adherían al volver todo tipo de viandas, que les compartían con gran satisfacción los vecinos del lugar, como embutidos, frutas, o animales para ser sacrificados y, regalos en general, siendo exhibido este acto ante la comunidad. Este hecho significaba que aquellos jóvenes quedaban aceptados, e inscritos en el mundo de los adultos. ¿ y a mí que me suena eso a la fiesta del Mayo, que en Navamorales celebraban los quintos justamente el día de San Pedro, el 29 de junio… ¿ recordáis? La rama del mejor aliso que los quintos iban a buscar a las orillas del río, la tarde del 28 de junio; recuerdo también ese aliso atado a un poste de madera colocado a la puerta de la iglesia, y sostenido por tres sedales que lo sujetaban. En lo alto del poste de madera, y en la base del aliso, se fijaba una tabla sobre la que se sujetaba un cordero, y a veces conejos y gallos, además de frutas del tiempo, y todo el árbol perfectamente engalanado.
A la salida de misa, de la iglesia de Navamorales, (entonces el día de San Pedro era día festivo), los quintos bajaban El Mayo, entre el jolgorio y satisfacción del vecindario. Los quintos mataban el cordero, los conejos, el gallo etc., y solían celebrar aquel día de fiesta, con una comida a satisfacción y solemnidad.
Pero volvamos a los quintos, circunstancia que iba orientada entre otras cosas, al cumplimiento del servicio militar obligatorio, que lo fue hasta hace sólo un par o tres de legislaturas. Si no recuerdo mal, el servicio militar obligatorio fue derogado en varias fases, entre la última legislatura de Felipe González y la primera de José María Aznar.
Pues el primero de los acontecimientos que regulaba el hecho de ser quinto, era la talla. Al cumplir los 18 años, todos los mozos nacidos en el mismo municipio, eran citados en el ayuntamiento para proceder a su talla, y hacerse el reconocimiento para ser en consecuencia, declarados aptos o no aptos para el servicio militar. En este mismo acto, el alcalde preguntaba a cada quinto, si tenía algo que alegar, (se sobreentiende en relación con lo que se le venía encima), es decir, ir durante 16 ó 18 meses a cumplir la mili. A esa pregunta podía contestarse con alguna de estas variantes: ser hijo de viuda pobre, ser corto de vista, tener los pies planos, tener otro hermano en ese momento cumpliendo el servicio militar y, alguna otra. Estas alegaciones, debidamente fundamentadas, solían ser razón suficiente para librarse de ir a la mili. Los declarados aptos, entraban en caja, y eso suponía que ya estaban alistados para, al año siguiente, ser llamados a filas.
Pero quedaba otro acontecimiento relevante antes de ir a la mili; y era, el día del sorteo. Allá por las postrimerías del mes de enero de cada año, desde una capital de provincia, en concreto desde el gobierno militar, se celebraba ostentosa y públicamente, el sorteo que decidía a partir del número que previamente había sido asignado a cada recluta, en función del orden de sus apellidos, si le correspondía ir a África, o se quedaba en la península.
Ir a África se consideraba una fatalidad, un mal augurio, ya que además de existir en la memoria colectiva reciente, tiempos poco gratos, recordadas en la cabecera de este escrito, era además un lugar lejano, del que con dificultad se podría disfrutar de ningún permiso, circunstancia casi asegurada desde cualquier otro lugar de la península.
El recluta en espera de ir a la mili, una vez hecho el sorteo, era objeto de ciertas mofas por parte de los ya licenciados, o aquellos que estando cumpliendo la mili, les quedaba poco para licenciarse.
Si te toca te jodes
Que te tienes que ir
Que tu madre no tiene
Dos mil reales pá ti
A la guerra del moro
A que luches por mí.
Y si tenía novia, ya se podía ir preparando, en tan larga ausencia... así recuerdo una de aquellas canciones cutres, que trataban de imponerte primero, e imponer tú después, a ese recluta recién llegado, al que se le jaleaba con frases del tipo:
¡ Chico, te queda más mili que al palo de la bandera! y al que se dirigían un sinfín de canciones, como la que se reproduce a continuación y que podéis escuchar en el link que amablemente me ha recomendado el amigo Justo, al que desde aquí agradezco su colaboración.
QUINTO PELUSO
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Cuando yo me incorporaba (2)
Tú recluta te reías
Porque he dejaba mi novia
Que era lo que más quería.
Hoy las cosas han cambiado (2)
Recluta calamidad
Y la novia de un recluta(2)
Con un veterano va.
Quinto peluso no llores más
Mira tu “padre”, mira tu “padre”
Qué alegre está.
Pita, pita maquinista (2)
que lleguemos pronto a mi casa.
Para ponerle a mi suegro (2)
La tercera imaginaria.
A mi cuñado de guardia (2)
Y a mi abuelo de cuartel.
A mi prima de semana (2)
Y a mi novia de retén.
Quinto peluso no llores más
Mira tu “padre”, mira tu “padre” (*)
Qué alegre está.
Campamento del Ferral(2)
Matadero de reclutas,
Los que vengan para Enero (2)
Las van a pasar muy putas.
Los que vengan para Julio (2)
Las van a pasar peor,
Los que vengan para Octubre(2)
De esos ya me encargo yo.
Quinto peluso no llores más
Mira tu “padre”, mira tu “padre”
Qué alegre está.
Nota: (*) En la jerga militar, para los reclutas, "padre", era un soldado que ya había realizado la etapa de adiestramiento militar, en un campamento, es decir, después de la jura de bandera. Y "abuelo", a aquel soldado que estaba cumpliendo el último tramo, antes de licenciarse. Ambas situaciones eran de privilegio, frente al desvalido recluta, recién llegado.
Para saber más: www.fotosdelamili.com
DGH