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Navamorales desde la distancia

.: Este blog pretende solamente describir con palabras e imágenes la realidad de NAVAMORALES DESDE LA DISTANCIA. Se añaden también versiones subjetivas de hechos o circunstancias siempre con sentido c

 
 
     
 
domingo 01/junio/2008 16:55

Un antes y un después


 

UN ANTES Y UN DESPUÉS …

Voy a intentar reproducir aquí una conversación que mantuve hace pocos días con un chico; una conversación que brotó de la confianza mutua que nos tenemos y del aparente conocimiento,  mutuo también.

Él a mi me reconoce como una persona, dice él, con no poca ironía,  algo “mayor”,  que peina canas,  y que debe andar por la vida desde hace ya algún tiempo; y el chico, quedándose así un poco transpuesto, se me queda mirando y me dice:

- ¿Oye y tú, cuántos años tienes  ya ?

La verdad es que, pregunta tan directa de un pequeño renacuajo, me dejó algo patidifuso; me di un aliento, e improvisé una respuesta dilatada en el tiempo; y como que se quedaba mirándome fijo,  y algo perplejo, hube de decirle: ¡déjame que me lo piense un poco! Y  de esta  guisa fue mi contestación, no sin advertir que este chico, y me consta, es un hijo de papá y de mamá, activo, e ilustrado para su corta edad.

Pues mira,  yo nací, antes que existiera la pequeña pantalla; o sea que cuando yo nací, en Navamorales no había ninguna televisión. Mucho menos, había video, ni fotocopiadora, ni ordenador,  ni escáner, ni el fax,  ni cámara digital,  ni MP3, ni MP4, ni por supuesto el Iphone. Por descontado que el teléfono móvil se inventó después.

-         ¿ Eso debía ser,  hace ya mucho tiempo, no?

-         Bueno espera, espera…

Cuando yo nací, no teníamos en casa nevera. ¡ Y se rió ! No se había inventado la píldora anticonceptiva, y mucho menos la del día después.

-         … El chico estaba con la boca abierta, haciendo sus deducciones … Yo continué

-         Yo, a mis veintitantos,  viajaba en mi 600 de segunda mano, y nunca fui multado por culpa  de un radar; no existían las tarjetas de crédito, ni los rayos láser, ni los patines en línea …

-Cuando yo nací, en mi casa no existía la lavadora; ni la secadora, ni el lavavajillas: Ni el microondas tampoco.había lavadoras?

– Para lavar la ropa en Navamorales las mujeres iban cada mes, o cada dos meses,  al río. Y allí se pasaban el día estregando, enjabonando, tendiendo y recogiendo el costal de ropa con el que habían llegado por la mañana. En más de una ocasión lo llevaron y trajeron acuestas.

El niño se había sustraído en el mundo por el que yo hábilmente le iba transportando y continé:

-Cuando yo nací, las palabras gay y lesbiana en Navamorales,  no estaban en nuestro vocabulario; utilizábamos otras peor sonantes, y  con las que todos nos entendíamos. Y eso sí, conocíamos perfectamente la diferencia de sexos, pero nadie se planteaba cambiar el suyo, es decir,  cada uno se conformaba con la opción que le había tocado. Bueno, teníamos claro que cuando dos se iban a casar, la pareja era de dos: ella y él,  o él y ella, que tanto monta. La peluquería era la peluquería; de señoras,  por supuesto; y al barbero iban los hombres. No conocíamos para nada las peluquerías unixex.

-Cuando hablábamos de familia, todos entendíamos que había un padre y una madre; porque en Navamorales no había “hijos de papá”. Teníamos simplemente un padre y una madre.

-Las citas se hacían cara a cara, sin mensajes de móvil, ni por correo electrónico; chatear para nosotros era otra cosa.

-         - ¿ Qué era?

-  

-  Pues mira, en Navamorales,  un chato, era un vaso pequeño de vino;  cuando ibas con los amigos ibas de chateo, y cuando alguien se pasaba,  se decía que se habías cogido una merluza de mil demonios. Hoy los chicos  sólo se marean; claro que los  hay que entran cada fin de semana en coma etílico …¡pobres!

-Cuando yo nací, el hombre no había llegado a la Luna, ni existían los aviones de propulsión a chorro. Viajábamos poco. Íbamos a la fiesta del pueblo de al lado, andando o en burro, y ya en mi época que parecía avanzada, algunos hasta teníamos una bicicleta. Eso, no existían las compañías de low cost, con lo que se iba al mercado de Piedrahita en el correo, y a la capital en el coche-línea,  y las más de las veces se viajaba  en burro, en mula, y algún privilegiado a caballo. Alguien fue a Madrid desde Navamorales en burra… ¡ Y volvió ¡

-         Al niño se le habían puesto los ojos como dos platos, y ni pestañeaba.

-En mi época no se hacían trasplantes; se arreglaban eso sí,  los calcetines, con un huevo duro;  se llevaban las sandalias y los zapatos al zapatero para que te echara un remiendo,  o  unas suelas nuevas ( el philis), con la intención de que te duraran toda la vida. Se mondaba la poza por lo menos una vez al año, y otra, por mandato del alcalde;  se iba a arreglar los caminos antes del acarreo, al empezar el verano. ¡Digo verano, que no veraneo!.

 -Y no se pagaba el IBI, aunque pagaban impuestos los carros, las vacas y las ovejas. Cada temporada se echaba el bando para que cada cual diera la relación de sus pertenencias andantes. Los animales pagaban por andar por  la vía pública;  y todo esto  para satisfacer las arcas municipales. En el bando se decía que había que ir a “dar la relación”. Y todo el mundo explicaba,  que el churro que tenía demás había nacido después que echaron el bando...

El niño flipaba en colores, y cada vez ponía un gesto más sorpresivo. En algún momento me dice

– ¿Esto te lo inventas no?

Pero yo -impertérrito- continué …

-Los niños de mi época tenían la escuela  a 10 kilómetros de su casa; se levantaban a las 6 de la mañana y viajaban en burro durante casi dos horas para ir y,  otras dos horas para volver.

¿ Y dónde iban?

       Pues mira,  en mi caso,  a un pueblo que hay a esa distancia de Navamorales y que se llama Santa María del Berrocal.

    

-         Este apartado le pareció al niño de lo más bucólico, y me confesó que a él le gustaría una escuela así.

-Yo nací cuando no existían los ordenadores; mis trabajos de estudiante los reproducía a mano, o con una máquina de escribir Hispano-Olivetti, que aún conservo como una joya; y esto ya eran tiempos de abundancia. Los virus sólo producían la viruela, y de los chips, del harware y del sofweare nunca habíamos oído hablar.

-Por no tener, los chicos de tu edad, no teníamos ni estrés; nadie había padecido un trauma prenatal, y mucho menos se hablaba de trauma postvacacional. Allí en Navamorales, surco arriba y surco abajo, se te escampaban todos los males. De lo más relajante era montarte en el trillo. Nunca tuvimos necesidad de hacer ninguna terapia de grupo, ni tampoco ir al psicólogo.

-Y qué me dices de los juegos; nosotros no teníamos Nintendos ni Play station; allí en el pueblo los niños jugábamos a la peonza, a la tanga, a las canicas, al frontón, al fútbol en el Lejío, etc. Las niñas a la comba y al calderón.  Casi siempre juegos colectivos,  que ayudaban a la socialización de todos nosotros, y las niñas por separado; porque eso sí, aún no se había inventado el “bulling”; aunque he de confesarte que algunas veces se formaban pandas y en especial el día que nevaba, se formaba una auténtica guerra entre los del barrio-arriba contra los del barrio-abajo. Aquello era muy divertido, mientras no te acertara algún proyectil cerca de un ojo.

- ¡Oye pues eso si que mola ¡

-Entonces cada níño o niña era eso;  no “tíos” como ahora. A las personas mayores se les llamaba de usted,  y los abuelos eran una institución; no estaban “p’allá" , como  decís ahora.

-Al cura, cuando se le veía por la calle se le iba a besar la mano; al maestro se le daba los buenos días o las buenas tardes y,  el médico, cuando se dirigía hacia la casa de un enfermo se le observaba con gran respeto. No teníamos teléfono, y las urgencias se solventaban como mejor se podía.

-Los niños nacían en su casa, no en  el Hospital de referencia; nunca tuvieron la necesidad de descansar en la nurseríe. Ni les pusieron una pulsera electrónica para que no se confundieran con los otros. Las madres deban la teta a sus hijos con toda naturalidad,  y eso creaba apego y,   ahora sabemos que muchas defensas.

-En mi época  tener relaciones era relacionarte; tener amigos, primos y vecinos con los que hablabas y pasabas algún buen rato; tomabas el sol en el resolano, jugabas al escondite etc. Y la virginidad no producía enfermedades cardiovasculares graves. Esto ha ido cambiando mucho con el tiempo…

 El chico mantenía los ojos como platos observándome de arriba abajo.

-Hasta que cumplí 25, llamé a los padres de mis amigos de usted; y de usted siempre a las personas mayores; luego también cambiaron las cosas. Por cierto mis tíos eran mis tíos. El “tio” de ahora,  es una palabra que sirve para todo: ¡ Hola Tío ¡ ¿ Qué pasa contigo tío! etc.

-Nuestras vidas se regían por los diez mandamientos; y conocíamos bien los siete pecados capitales. Se llevaba el tener juicio,  y utilizar con frecuencia el sentido común. Nos enseñaron a diferenciar el bien del mal; y en cualquier caso,  a ser responsables de nuestros actos.

-Creíamos que la comida rápida era la que se hacía encima de la mula bajando por le camino de Las Vegas o el camino Morales,  a regar a la noria de turno. No entendíamos del fast- food, ni se nos ocurrió nunca ir al bar del pueblo a pedir una hamburguesa con  kepxup…, ni al McDonalds a celebrar el cumpleaños con los amigos. Y desde luego,  jamás vi por las calles de Navamorales a un motero de Tele-Pizza o de su competidor la Pizza-hut. La pizza, la verdadera p i z z a, en el pueblo,  era otra cosa.

-Hablando de máquinas, nosotros no entendíamos de cajeros automáticos, ni nos despertaba nunca el radio-reloj-despertador; tampoco tuvimos nunca una filmadora de video,  ni mucho menos un reproductor de DVD.

 -Lo nuestro era mucho más claro: sabíamos distinguir perfectamente entre una horca de una pala; entre un rastro y una azada; entre un trillo y el  barzón; entre una bilorta y el cuño. Distinguíamos perfectamente un campo de trigo de uno de centeno, y sabíamos que la leche se ordeñaba y no se criaba en un tetrabrik. O que las patatas se crían bajo tierra, o que cuatro cuartillas hacían una fanega.

-Y si alguien era capaz de leer alguna etiqueta en la que ponía “Made in Japan” todos sabíamos que aquello era una porquería; por supuesto que no existía nada que fuera” Made in Korea”, ni “Made in Taiwán”. En Navamorales reinaba la autarquía, y por ello éramos capaces de sobrevivir a una nevada de más de un mes, tirando del jamón, del lomo, de la morcilla y de los chorizos; por cierto, ¿ tú no habrás probado en tu vida un chorizo de bútago?

-         - No, ¿ qué es eso ?

-         - Pues no sabes lo que te pierdes.

-Nuestras casas no tenían calefacción central. Allí te calentabas a la lumbre; si tenías suerte de hacerte un hueco en la parte delantera; la escuela no tenía aire acondicionado; eso sí,  cuando hacía mucho frío,  cada uno se las ingeniaba con una lata de sardinas de a kilo, dos ascuas y tres palotes,  y allí ponías  encima las alpargatas. Este era el brasero individual: La escuela olía a goma quemada que atufaba, pero no había intoxicaciones,  porque yo creo que no se había inventado el anhídrido carbónico.

-Y la salsa era un condimento, donde se untaba un cacho-pan para mitigar el hambre con que te habías quedado al acabar de comer. Hoy oigo decir que la gente se apunta a salsa los sábados después de cenar. ¡Qué barbaridad!

-Las personas tatuadas eran aquellas que habían dejado parte de la piel en alguna reyerta, en la guerra o algo parecido; y lo más parecido a los piercings, era el alambrado que se hacía a los guarines para que no hozaran demasiado en el corral o en la zahúrda.

-No había café instantáneo;¡  no no ! ; se tomaba café el día de la fiesta,  y punto. Y aquel día se servía café, y ya está;  ¡ sin mariconadas!: hoy,  que si cortado, que si descafeinado, de sobre, de máquina, con leche templada, con leche muy caliente, corto de café.. ¡Pero qué es esto! ¿ adónde hemos ido a parar? ¡Ah! Y el que tenía azúcar,  se jodía y con azúcar, ¿ que es eso de la sacarina o el endulzante?…

-Te podías comprar un coche por cuatro perras; sí coño, pero ¿quién las tenía? . Yo conseguí mi primer seiscientos, de segunda mano y gracias. ¡ Y buen juego que me hizo!  Mira si salió bueno que con él íbamos los amigos de caza , y buenas piezas que nos cobrábamos.

-Las cosas estaban algo más arregladas de precio: Con diez perras gordas ( que pa los que no lo recuerden, era una peseta ), pasabas el domingo y te sobraba; bueno, si jugabas a la tanga, y tenías suerte a lo mejor ahorrabas; y eso que las cosas también costaban. Con cincuenta céntimos de galletas o de cacahuetes,  y un refresco,  pasabas la tarde; claro que debías haber merendao en casa. Todo era más barato: por un duro entrabas al baile y allí,  si tenías suerte que alguien te invitara,  pues te salía bien.

-En mi tiempo “la hierba” se criaba en los praos y a nadie se le ocurría fumársela. María era el nombre de una señora, y nadie ponía cara de circunstancias cuando se aludía a ella. En nuestro pueblo la hierba se cría de suyo, sin que intervenga la mano negra,  y si venía la guardia civil y te veía segando hierba, lo más que te podía hacer era quitarte la hoz, supongo que,  para evitar que te cortaras algún dedo.

-Si es que todo ha cambiado. En nuestro tiempo “las conejitas” eran las parejas femeninas de los roedores… hoy (¿¿) , como lo eran los escarabajos, aquellos bichitos que se apoderaban de las patatas nada más nacer;  a nadie se le ocurría llamarles volkswagens. Allí todo se arreglaba con la máquina de sulfatar y una papeleta de cruz verde. Y así todo…

-Fuimos la última generación que creía que una mujer necesitaba un marido para tener un hijo…¿hoy? Las cosas son algo diferentes.

Y bueno chaval,

-  ¿ Cuántos años crees que tengo ?

El chico no lo dudó:

-  ¡ Tú debes tener más de un siglo!

-         Pues mira no, ¡listo!, tengo  sólo,  algo más de la mitad.¡ Te enteras!

DGH



 
 
   · autor: navamorales  · sección:  
     
   
 
     
 

Comentarios

  • lunes 02/junio/2008 09:06 · GRD escribió:
    Hola, DGH. Me gustaría darte la enhorabuena por los comentarios tan ilustrativos que a menudo haces sobre nuestro pueblo.A mi me recuerdan muchas cosas de mi infancia, y juventud. Ahora voy ampliar tus apuntes, sobre lo de la "burra" que viajó a Madrid,(dos o tres viajes, según oí contar a mis padres) el dueño de dicha burra fue un señor al que se le apodaba "Geda", y que vivió en el barrio del Alto Quemado. Pero sobre la burra te diré que más tarde la compró mi padre,yo siempre la conocí en mi casa y allí la tuvimos para las tareas del campo y para los desplazamientos, hasta que siendo muy de vieja, mi padre la vendió.
    Muchas gracias y espero que sigas sorprendiéndonos con tu sabiduría.GRD
  • viernes 06/junio/2008 17:53 · dgh escribió:
    Bueno, me has ayudado a que este cretino en miniatura, aprenda que las cosas que yo le cuento de Navamorales no son precisamente un invento; que la burra, existió, y tú das cumplida cuenta; y que yo puedo añadir que el viajero en burra hacia Madid, era hermano de Tio Yerro, una familia de la que desconozco si hay descendencia. De Tio Yerro si que me acuerdo que se dedicaba a dos oficios de los tantos, que han desaparecido en Navamorales: era serrador (básicamente de encinas) cobrando en especies; y además se dedicaba a hacer adobes.

    Pues nada, GRD, gracias por tu visita, y ya sabes donde está tu casa virtual.


    DGH
 
 
     
     
 
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