Hoy puedo rescatar de entre mis recuerdos infantiles, algún juguete que me trajeron los Reyes Magos procedentes de Salamanca: un caballo de cartón. Al igual que recuerdo mi primer plumier de dos pisos, con su correspondiente juego de colores de la marca Alpino, una goma de MILAN, y un par de lapiceros negros del número 2. Aunque en aquellos tiempos se llevaba más bien el palillero, el portaplumas y el juego de plumas para las distintas formas de caligrafía.
Eran épocas de autarquía, de ahorro y de sutil aprovechamiento de los recursos básicos como la pizarra y el pizarrín ya mentados en este Blog
El ocio enjugaba su entretenimiento en acciones más pegadas al terruño y se explotaban mucho mejor que hoy los juegos comunitarios, que contribuían y de qué manera, a la rápida socialización del individuo.
Yo, sin embargo gocé de algún privilegio para lo que se llevaba en la época, y de vez en cuando, pude disfrutar sobremanera de algún que otro juguete venido de la capital; y hete aquí que está entre mis recuerdos un espléndido caballito de cartón que duró por casa hasta bien entrada mi adolescencia; ahora he repescado esta imagen con mi cámara que todo lo escudriña, y como no podía ser de otra manera, ligo mis recuerdos de niño con mis cursos de literatura en la universidad, donde aprendí a disfrutar con la poesía de nuestros más insignes poetas; y cito a dos: José María Gabriel y Galán, el más nuestro de los poetas quasi locales, y el universal Antonio Machado del que rescato esa poesía que tan al hilo de nuestra exposición viene.
El caballo de cartón
Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía...
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó
De Antonio Machado. Mii poeta del alma.
DGH