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Navamorales desde la distancia

Este blog pretende solamente describir con palabras e imágenes la realidad subjetiva que el autor percibe, de NAVAMORALES, DESDE LA DISTANCIA.

 
 
     
 
viernes 12/marzo/2010 20:28

A Delibes


A DELIBES ( 12 de marzo de 2010)

 

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Aquí, una fotografía de mi sobado libro de Delibes: " El camino"  

Delibes

A los que hemos bebido en sus fuentes,  nos corresponde hoy un mensaje de gratitud. Nos ha dejado un grandísimo escritor; un escritor que caza, o tal vez un cazador que escribe;  que retrató como nadie el paisaje castellano, que dibujó con palabras sencillas el mundo rural, tan denostado;  aquél que se atrevió a comparar lo rural con lo urbano, y a colocarse sin ambages del lado del primero.

Un urbanita,  que se declaró siempre amante del campo. Y aquí está, creo yo, la esencia de esta síntesis: vivir en la ciudad, de la que se sentía tan orgulloso, su Pucela de nacimiento, perfectamente conjuntada e integrada con aquel Sedano, en donde cada verano iba a cargar las pilas. Se me antoja aquí comparar Sedano con  Navamorales,  y en otro orden,  Pucela con Barcelona.

Delibes nos ha dejado una retahíla de obras, que comenzaron con aquella “La sombra del ciprés es alargada”,  que obtuvo el premio Nadal en el año 1948; y a la que siguieron, “El camino”, “Las ratas” , “Diario de un emigrante”, “La hoja roja”, “ Castilla lo castellano y los castellanos” , y aquel monólogo que Lola Herrera supo elevar a la quinta esencia,  en teatros de toda España: “Cinco horas con Mario”; o aquella obra que pocos han dejado de degustar en la gran y pequeña pantalla, y que no es otra que “Los santos inocentes”. 

Delibes será siempre un escritor con territorio; Delibes irá unido siempre a su Castilla -aquella Castilla que pasa nueve meses de invierno y tres de infierno-  como lo fueran Pla con Cataluña,  Cunqueiro con Galicia, o Clarín con la vetusta ciudad de Oviedo.

Es de bien nacidos ser agradecidos. Y es,  en este Navamorales desde la distancia, en que yo, a título personal,  me he inspirado tanta veces en Delibes,  en gran cantidad de estas entradas, donde quiero rendire un homenaje. Cual burdo  imitador, que a duras penas consigue entrelazar unas cuantas ideas, mediante un vocabulario, y una lengua que,  como dijo Delibes,  nos vino dada "de gorra" por el simple hecho de nacer en esa Castilla,  en donde tan ajustada,  se habla nuestra lengua. Desde esta plataforma humilde: ¡Gracias Maestro!

Reproduzco aquí unas palabras de Ignacio Camacho en su columna de los domingos, refiriéndose a Miguel Delibes: " Su obra fecunda, intensa, transparente y fértil,  merecía el Premio Nobel,  pero era blanco, heterosexual, cristiano, monógamo y polítiamente moderado".

  Sus cuantiosos libros, lograron para mí,  la atracción entusiasta por la lectura, viéndome identificado en muchos de sus capítulos,  e incluso en muchos de sus personajes. Pero es, de entre todos,  uno,  el que siempre me tiene robado el corazón: EL CAMINO.Allí donde descubrí que el lenguaje hablado y el escrito pueden llegar a tocarse. 

Allí aprendí yo cosas tan importantes,  como eran,  descubrir y no confundir,  una boñiga y un cagajón.

Allí acabé yo de confirmar que hay mujeres, pocas,  que tienen  cutis; otras,  las más, que presumen de su piel; y algunas otras, que lo que conforma su envoltura,  no es otra cosa que un formidable pellejo.

Allí me metí yo en la piel de otro Daniel, El Mochuelo,  y  aprendí a distinguir un rendajo de un jilguero.

Allí confirmé yo también, como el hijo del boticario, y la temida ida de Daniel a la ciudad, lo largos que se hacían los tres meses que conformaban cada trimestre,  lejos de tu pueblo, de tu familia, de tus amigos etc.

Allí descubrí yo,  lo que significaba,  que una mujer tuviera el vientre seco.

Allí aprendí yo,  lo que era pelearse a pecho descubierto, como Paco el Herrero.

Allí comprendí  yo, por boca de Andrés el zapatero, que “Cuando a las personas les faltan los músculos en los brazos, les sobran en la lengua”Allí me enteré yo, que no es lo mismo un otero que un teso; ni un teso que un alcor, ni una varga, que una varguilla...

Allí descubrí yo,  que la mejor forma de cazar grillos era,  anegar las huras con una buena meada…, o dos, o tres.

Con El camino,  recuerdo lo que era ir a comprar a la tienda un paquete de galletas,  por dos perras gordas; o comprarte una gaseosa chica por diez céntimos… ¡ de peseta claro !

La tienda de las Guindillas me recuerda el comercio,  en Navamorales.

Allí aprendí yo lo auténticos olores: en casa del protagonista todo olía a queso; naturalmente, su padre era quesero.

Allí aprendí yo,  a convivir con las más claras contradicciones: cómo explicarse, que el padre el El Mochuelo,  que tenía las uñas tan negras, trabajando con leche;  o por qué los quesos salían tan blancos siendo elaborados con aquellas uñas tan negras…

Allí acabé yo de entender lo que significa el sacrificio de toda una  familia,  por el simple hecho de querer lo mejor para sus hijos.

Allí comprendí  yo,  con Dimas el oficialito del banco, en qué consiste la espantá, y lo que supuso para las tres hermanas,  aquel hecho,  en un pueblo tan pequeño.

Así aprendí yo,  cómo Roque El Moñigo  precisaba de camorras, como el pan de cada día… y entonces me acordaba de alguien…

Los tres amigos de la novela se iban en pleno verano a darse un chapuzón a la Poza del Inglés; los niños de su edad, también nos íbamos a escondidas,en Navamorales   a La Chorrera… nos bañábamos en pelotas, y los más remilgados, con un calzoncillo viejo…

Una de las Guindillas, la mayor,  era machorra.

Allí pude confirmar yo,  aquello de que los ricos siempre se encariñan, cuando son ricos, por el lugar donde antes habían sido pobres; parece ser que ésta es la mejor manera de demostrar su cambio de posición y fortuna, y el más visible procedimiento para sentirse felices,  al ver que otros que eran pobres como ellos,  siguen siendo pobres a pesar del tiempo. Y pensando yo … le puse nombres …

Y me sobrevenía a mi,  un ejemplo al igual que a los tres amigos,  cuando saltaron la tapia de la casa del Indiano para coger manzanas. No sentían apetito por las manzanas, sino apetito por tomar el pulso  a una cosa prohibida. Y en este capítulo me acordé de un primo mío…

Allí aprendí yo,  que un día puede uno ser muy valiente, y al día siguiente,  un bragazas o un calzonzazos.

Con Germán El Tiñoso, descubrí yo,  que un sencillo pajarito, tu  mascota,  puede acarrearte enfermedades fatales.

Allí descubrí yo con Josefa, a lo que te puede llevar,  un estado de enajenación mental transitoria.

Allí logré yo entender lo que les ocurre a las mocitas,  que  se comen  el cocido antes de las doce….

Con el tío Aurelio conocí el arte cinegético,  y  muy bien,  quien  era un Gran Duque.

Allí descubrí yo, hasta dónde puede llegar la obstinación; y de ella presumía el padre de El Mochuelo; siempre quería tener razón: “desde el día de su boda, siempre le había gustado quedar encima de su mujer”

De El Moñigo en su relación con la Mica, aprendí  aquello de  que,  cuando uno se enamora pierde todos los nortes,  y no es capaz de ver  ni un burro a tres pasos.

De don Moisés El Peón,  aprendí, que el maestro no puede presentarse en la escuela de cualquier manera; no es lo mismo que un quesero o un herrero,  por ejemplo. El cargo exige.

De don Jose, el cura, que “en realidad”, el día del juicio final,  habrá muy poca gente del pueblo  a la derecha de Nuestro Señor, si las actuales costumbres no se enmiendan radicalmente.

Con Quino, El Manco, aprendí que son infinitos los caminos del Señor.

También aprendí que, como la gota malaya, la asiduidad y la constancia,  terminan por mellar el hierro.

Con Delibes,  aprendí a diferenciar el toque de campanas: las campanas nunca dicen lo mismo: hay un repicar de los días festivos, y un doblar las campanas de un entierro. 

Con El Tiñoso aprendí algo tan importante,  como que las perdices al volar hacen “Prrrr” y no “Brrrr”

- Y al despertar, después de una noche casi  insomne, ya me tenían esperando el Coche de Línea, camino de Salamanca. Yo lloraba amargamente, y alguien me consolaba. ¡Animo, tú llegarás lejos!.

Nunca supe hasta entonces,  que Navamorales estuviera ligado a mí de aquella manera, tan absorbente, y a veces tan dolorosa; pero el progreso tiene estas cosas.

  ¡ Gracias Don Miguel!

DGH


 
 
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