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viernes 12/marzo/2010 20:28
A DELIBES ( 12 de marzo de 2010)
Aquí, una fotografía de mi sobado libro de Delibes: " El camino"
Delibes
A los que hemos bebido en sus fuentes, nos corresponde hoy un mensaje de gratitud. Nos ha dejado un grandísimo escritor; un escritor que caza, o tal vez un cazador que escribe; que retrató como nadie el paisaje castellano, que dibujó con palabras sencillas el mundo rural, tan denostado; aquél que se atrevió a comparar lo rural con lo urbano, y a colocarse sin ambages del lado del primero.
Un urbanita, que se declaró siempre amante del campo. Y aquí está, creo yo, la esencia de esta síntesis: vivir en la ciudad, de la que se sentía tan orgulloso, su Pucela de nacimiento, perfectamente conjuntada e integrada con aquel Sedano, en donde cada verano iba a cargar las pilas. Se me antoja aquí comparar Sedano con Navamorales, y en otro orden, Pucela con Barcelona.
Delibes nos ha dejado una retahíla de obras, que comenzaron con aquella “La sombra del ciprés es alargada”, que obtuvo el premio Nadal en el año 1948; y a la que siguieron, “El camino”, “Las ratas” , “Diario de un emigrante”, “La hoja roja”, “ Castilla lo castellano y los castellanos” , y aquel monólogo que Lola Herrera supo elevar a la quinta esencia, en teatros de toda España: “Cinco horas con Mario”; o aquella obra que pocos han dejado de degustar en la gran y pequeña pantalla, y que no es otra que “Los santos inocentes”.
Delibes será siempre un escritor con territorio; Delibes irá unido siempre a su Castilla -aquella Castilla que pasa nueve meses de invierno y tres de infierno- como lo fueran Pla con Cataluña, Cunqueiro con Galicia, o Clarín con la vetusta ciudad de Oviedo.
Es de bien nacidos ser agradecidos. Y es, en este Navamorales desde la distancia, en que yo, a título personal, me he inspirado tanta veces en Delibes, en gran cantidad de estas entradas, donde quiero rendire un homenaje. Cual burdo imitador, que a duras penas consigue entrelazar unas cuantas ideas, mediante un vocabulario, y una lengua que, como dijo Delibes, nos vino dada "de gorra" por el simple hecho de nacer en esa Castilla, en donde tan ajustada, se habla nuestra lengua. Desde esta plataforma humilde: ¡Gracias Maestro!
Reproduzco aquí unas palabras de Ignacio Camacho en su columna de los domingos, refiriéndose a Miguel Delibes: " Su obra fecunda, intensa, transparente y fértil, merecía el Premio Nobel, pero era blanco, heterosexual, cristiano, monógamo y polítiamente moderado".
Sus cuantiosos libros, lograron para mí, la atracción entusiasta por la lectura, viéndome identificado en muchos de sus capítulos, e incluso en muchos de sus personajes. Pero es, de entre todos, uno, el que siempre me tiene robado el corazón: EL CAMINO.Allí donde descubrí que el lenguaje hablado y el escrito pueden llegar a tocarse.
Allí aprendí yo cosas tan importantes, como eran, descubrir y no confundir, una boñiga y un cagajón.
Allí acabé yo de confirmar que hay mujeres, pocas, que tienen cutis; otras, las más, que presumen de su piel; y algunas otras, que lo que conforma su envoltura, no es otra cosa que un formidable pellejo.
Allí me metí yo en la piel de otro Daniel, El Mochuelo, y aprendí a distinguir un rendajo de un jilguero.
Allí confirmé yo también, como el hijo del boticario, y la temida ida de Daniel a la ciudad, lo largos que se hacían los tres meses que conformaban cada trimestre, lejos de tu pueblo, de tu familia, de tus amigos etc.
Allí descubrí yo, lo que significaba, que una mujer tuviera el vientre seco.
Allí aprendí yo, lo que era pelearse a pecho descubierto, como Paco el Herrero.
Allí comprendí yo, por boca de Andrés el zapatero, que “Cuando a las personas les faltan los músculos en los brazos, les sobran en la lengua”Allí me enteré yo, que no es lo mismo un otero que un teso; ni un teso que un alcor, ni una varga, que una varguilla...
Allí descubrí yo, que la mejor forma de cazar grillos era, anegar las huras con una buena meada…, o dos, o tres.
Con El camino, recuerdo lo que era ir a comprar a la tienda un paquete de galletas, por dos perras gordas; o comprarte una gaseosa chica por diez céntimos… ¡ de peseta claro !
La tienda de las Guindillas me recuerda el comercio, en Navamorales.
Allí aprendí yo lo auténticos olores: en casa del protagonista todo olía a queso; naturalmente, su padre era quesero.
Allí aprendí yo, a convivir con las más claras contradicciones: cómo explicarse, que el padre el El Mochuelo, que tenía las uñas tan negras, trabajando con leche; o por qué los quesos salían tan blancos siendo elaborados con aquellas uñas tan negras…
Allí acabé yo de entender lo que significa el sacrificio de toda una familia, por el simple hecho de querer lo mejor para sus hijos.
Allí comprendí yo, con Dimas el oficialito del banco, en qué consiste la espantá, y lo que supuso para las tres hermanas, aquel hecho, en un pueblo tan pequeño.
Así aprendí yo, cómo Roque El Moñigo precisaba de camorras, como el pan de cada día… y entonces me acordaba de alguien…
Los tres amigos de la novela se iban en pleno verano a darse un chapuzón a la Poza del Inglés; los niños de su edad, también nos íbamos a escondidas,en Navamorales a La Chorrera… nos bañábamos en pelotas, y los más remilgados, con un calzoncillo viejo…
Una de las Guindillas, la mayor, era machorra.
Allí pude confirmar yo, aquello de que los ricos siempre se encariñan, cuando son ricos, por el lugar donde antes habían sido pobres; parece ser que ésta es la mejor manera de demostrar su cambio de posición y fortuna, y el más visible procedimiento para sentirse felices, al ver que otros que eran pobres como ellos, siguen siendo pobres a pesar del tiempo. Y pensando yo … le puse nombres …
Y me sobrevenía a mi, un ejemplo al igual que a los tres amigos, cuando saltaron la tapia de la casa del Indiano para coger manzanas. No sentían apetito por las manzanas, sino apetito por tomar el pulso a una cosa prohibida. Y en este capítulo me acordé de un primo mío…
Allí aprendí yo, que un día puede uno ser muy valiente, y al día siguiente, un bragazas o un calzonzazos.
Con Germán El Tiñoso, descubrí yo, que un sencillo pajarito, tu mascota, puede acarrearte enfermedades fatales.
Allí descubrí yo con Josefa, a lo que te puede llevar, un estado de enajenación mental transitoria.
Allí logré yo entender lo que les ocurre a las mocitas, que se comen el cocido antes de las doce….
Con el tío Aurelio conocí el arte cinegético, y muy bien, quien era un Gran Duque.
Allí descubrí yo, hasta dónde puede llegar la obstinación; y de ella presumía el padre de El Mochuelo; siempre quería tener razón: “desde el día de su boda, siempre le había gustado quedar encima de su mujer”
De El Moñigo en su relación con la Mica, aprendí aquello de que, cuando uno se enamora pierde todos los nortes, y no es capaz de ver ni un burro a tres pasos.
De don Moisés El Peón, aprendí, que el maestro no puede presentarse en la escuela de cualquier manera; no es lo mismo que un quesero o un herrero, por ejemplo. El cargo exige.
De don Jose, el cura, que “en realidad”, el día del juicio final, habrá muy poca gente del pueblo a la derecha de Nuestro Señor, si las actuales costumbres no se enmiendan radicalmente.
Con Quino, El Manco, aprendí que son infinitos los caminos del Señor.
También aprendí que, como la gota malaya, la asiduidad y la constancia, terminan por mellar el hierro.
Con Delibes, aprendí a diferenciar el toque de campanas: las campanas nunca dicen lo mismo: hay un repicar de los días festivos, y un doblar las campanas de un entierro.
Con El Tiñoso aprendí algo tan importante, como que las perdices al volar hacen “Prrrr” y no “Brrrr”
- Y al despertar, después de una noche casi insomne, ya me tenían esperando el Coche de Línea, camino de Salamanca. Yo lloraba amargamente, y alguien me consolaba. ¡Animo, tú llegarás lejos!.
Nunca supe hasta entonces, que Navamorales estuviera ligado a mí de aquella manera, tan absorbente, y a veces tan dolorosa; pero el progreso tiene estas cosas.
¡ Gracias Don Miguel!
DGH
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miércoles 06/enero/2010 20:32
RECUERDOS:
A Navamorales:
Mientras dure el sentir de mi recuerdo
Nunca podrá morir mi viejo pueblo.
Yo me acuerdo de mis años mozos:
De un pueblo de Castilla, en Salamanca
De una fuente de cántaros repleta
Que, al ocaso del sol, mozas llenaban.
De un despertar al alba sin relojes:
De un trinar de las aves que arrullaban
De un corral bullanguero en la mañana
Que a tus sueños de golpe despertaban
Yo me acuerdo del fuego que abrasaba:
Del color del serojo echando ascuas
Del calor de la encina que arropaba
De los fríos y las nieves en el alba.
Mientras dure el sentir de mis recuerdos
Nunca podrá morir mi viejo pueblo.
Yo recuerdo el despertar de los terneros:
Las pasturas y el “azúcar” que les daba.
Yo aprendí en las labores del ordeño
A beber la leche tibia de las vacas.
Y me acuerdo del fuego y del caldero:
De lo ricas que estaban las patatas
Que a los cerdos en gran algarabía
Mi tio Pedro en la pila les echaba.
Yo recuerdo, y me acuerdo de recuerdos:
Cuando al prado llevaba yo las vacas
Y arreaba al ganado por veredas
Y en mi burra sentado cabalgaba.
Mientras dure el sentir de mis recuerdos
Nunca podrá morir mi viejo pueblo.
Y recuerdo a mi tía, al mediodía:
En su silla sentada junto al fuego,
Conjugando la brasa y el puchero,
Resolviendo el almuerzo familiar.
De primero unas patatas coloradas,
Engordadas de sudores en las Vegas,
Por las aguas del Corneja refinadas,
Y tan rojas por los soles de la Vera.
Y de segundo, estrellaba,
Huevos fritos de corral,
Pimentón, ajo y aceite
y una “miajita” de sal.
De las eras salía el trigo
Y del trigo salía el pan.
Y el pan del “Horno” servía
Para empezar y acabar.
Y me acuerdo, ya en la calle, de la gente;
Te paraban y, con todo desparpajo, te espetaban:
¿De dónde vienes? ¿A dónde vas? Y saludabas.
Y unos metros más allá, de nuevo recomenzabas.
Mientras dure el sentir de mis recuerdos
Nunca podrá morir mi viejo pueblo.
Avelino Hernández
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viernes 25/diciembre/2009 00:13
( Imaginemos estar en el año 2050 )
Queridos navamoraleños del 2010:
Nada más cuatro letras para comunicaros que estamos bien gracias a Dios, deseando que a la llegada de ésta, también vosotros os encontréis bien de salud. El motivo de la presente, no es otro, que comentaros como han cambiado las cosas desde aquel 2010 en que celebrábamos las Navidades en plena crisis económica, con aquel presidente de la ceja, que a base de talante nos introdujo en el callejón, que afortunadamente se ha superado. Estamos en el año 2050, y muchas cosas ya no son como eran; os cuento…
Como veis el mundo no se ha acabado, y los agoreros del 2000 ahora deben estar preparando otra embestida para el 2100, supongo. Pero eso sí, las temperaturas aquí en Navamorales se han extremado: son habituales los veinte y más grados bajo cero en invierno, y el calor de julio y agosto, cada vez se hace más insoportable; también se ha de decir que no hay familia que no tenga instalada una buena calefacción y un adecuado aire acondicionado. Abundan ya las casas climatizadas. Todo ello con el sello de la sostenibilidad.
En el 2010, eran los EEUU la gran potencia mundial, sin rival; hoy lo sigue siendo, pero la China le sigue muy de cerca; aquella guerra fría que vivimos entre Estados Unidos y Rusia, se vive hoy, a otro nivel, entre EE UU y China. ¿Recordáis aquel famoso libro de los años noventa ¡ Cuando China despierte ¡… pues bien: China ha despertado.
La inmigración, que en aquellos años nos inquietaba, es hoy un fenómeno generalizado; yo precisamente, soy abuelo de un niño precioso, negrito, y de una preciosa niña adoptada de una región de la América del Sur¿Qué haríamos tantos abuelitos de la llamada Europa del primer mundo, sin el cuidado de los inmigrantes? Creo que nos necesitamos los unos a los otros. El multiculturalismo, se ha impuesto en nuestra aldea global. También en Navamorales.
Aquellos medios, casi mágicos aquí en Navamorales, como lo eran el móvil o internet, lo son aquí también hoy, un hecho generalizado. Hasta hace unos años el entorno a la plaza, y al ayuntamiento, lo eran de libre acceso a la red. Hoy el acceso a internet es una necesidad tan demandada, como la sanidad o la educación. Desde cualquier lugar del campo o la ciudad el acceso es posible.
Eso sí, la familia hoy en día es otra cosa; aquella estructura patriarcal, de un padre una madre y los hijos, en donde también convivía algún abuelo, prácticamente ha desaparecido. Aquí en Navamorales, se han instalado desde hace algunas décadas parejas, e incluso familias, provenientes de los lugares más insospechados, hace tiempo. En el barrio desde donde te escribo actualmente, hay seis casas ocupadas, en donde la estructura es de lo más variada: una pareja ya mayor, que se instaló aquí hacia el año 2007 u 2008, que continúan con su cultivo de hortalizas en el más puro estilo ecológico-hippy de hace años; luego, a poca distancia, hay otra vivienda ocupada por dos gays con tres hijos de adopción, que con frecuencia viven temporalmente aquí también con sus parejas. En la misma calle, conviven dos lesbianas en solitario, que sustituyeron a otras dos que abandonaron hace un año la vivienda que habían adquirido en alquiler. En fin una población flotante, que se mueve entre Navamorales y la capital de lo que queda del Estado. ¡Ah ¡ en la plaza, en la mejor casa del pueblo, en la actualidad, se ha instalado una comuna de jóvenes, que se han negado a empadronar, pese a que viven y utilizan los servicios de la comunidad, como cualesquiera otros vecinos; aquí el consistorio, tiene un problema de aquí te espero …
Eso sí, no queda ninguna construcción antigua salvo las ruínas de unas viviendas que había en la parte alta de la Era Cerrá. Cada nuevo propietario ha adecuado las viviendas al máximo confort, y hoy la robótica nos invade por doquier. Ya os enviaré una vista panorámica de la última urbanización, para que os hagáis una idea. Comienzan a menudear también construcciones, postmodernas, autosufucientes y con energías limpias, en cualquier rincón del término municipal: unas fijas, y otras móviles e intercambiables.
Recordaríes muy bien los peñascales de la Renta, Cabeza la Porra, el Maural o la zona de las Berrocosas... poco se hubieran imaginado nuestros abuelos, que hoy, aquellas peñascaleras son buscadas y a qué precios, como principal soporte de una construcción modernista.
¿ Que de qué viven los nuevos navamoraleños? Bueno, es una población flotante como os decía; una buena parte trabajan como freelance, otros dicen que en una multinacional, y el caso es que, con los medios tan sofisticados que tenemos, no es necesario moverte de casa, para sacarte un buen sueldo. Eso sí, todo el mundo está continuamente conectado a la red, y en el despacho particular no faltan los últimos medios, que va poniendo en nuestras manos la tecnología más moderna. Son residuales las familias que viven de la ganadería y de la agricultura intensiva y, que afortunadamente nos suministran productos de la más alta calidad, a los habitantes del pueblo. Las zonas próximas al casco urbano, se han convertido en huertos ecológicos de alto valor. Hoy, es posible beber leche recién ordeñada, como se hacía hace 70 años en Navamorales. A sólo un kilómetro y medio del casco urbano, en el alto del Oruguillo, se acaba de inaugurar un magnífico, aunque diminuto, helipuerto.
El otro día me invitó mi vecino más próximo, a disfrutar de un concierto en directo de nuestro cantante preferido: y es que en su salón-hall, nos proyectó el concierto que en aquellos momentos se llevaba acabo en Los Ángeles ( EEUU)
El entorno del ayuntamiento y de la plaza mayor han sido declarados zonas peatonales y, aunque todo el mundo dispone de vehículo electrico propio, bajo en contaminación, existe una red de transporte público cómodo para acercarse a Salamanca o a la misma capital de España. La bicicleta a motor (inducido por una carga solar adherida al soporte de la bicicleta), con autonómía para unas dos horas, se ha convertido en el vehículo más utilizado.
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( Perdonad amigos, pero os he dejar un momento; dentro de 15 minutos he de estar listo para participar por videoconferencia con mi empresa, que es quien me paga. Volveré pronto. Hasta luego)
( Perdonad amigos, pero os he dejar un momento; dentro de 15 minutos he de estar listo para participar por videoconferencia con mi empresa, que es quien me paga. Volveré pronto. Hasta luego) dgh
Ya estoy de nuevo con vosotros. Todo ha ido perfecto. Recibiré una imdemnización extra el próximo més debido a mis aportaciones extraordinarias desde Navamorales.
Ya estoy de nuevo con vosotros. Todo ha ido perfecto. Recibiré una imdemnización extra el próximo més, debido a mis aportaciones extraordinarias desde Navamorales.
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Con que se ha puesto de moda vivir en el campo, y el suelo urbanizable no tiene restricciones, cuando paseas por el término municipal, observas que han proliferado la instalación de construcciones de madera, que los residentes cambian de ubicación cada temporada; es decir, este año vives en Cabeza la Porra, orientado a la salida del sol, con vistas al castillo de El Mirón, y al año próximo, esa misma casa es trasladada a la orilla del Tormes, para pasar al año siguiente al alto de Los Cerros, con vistas al Corneja...
Casa ubicada en El Chorro, con vistas a la Sierra de Gredos.
El acceso a internet que se ha generalizado, funciona, no obstante con una serie de restricciones, ya que hemos aprendido que tener más seguridad, implica restricciones en el ámbito de la libertad. Hoy sí, el acceso está al alcance de todo el mundo, pero existen un sin fin de páginas, para cuyo acceso necesitas de una autorización especial. El DNI electrónico es una necesidad vital. Los conceptos de movilidad y flexibilidad se resumen hoy en lo que se conoce como el mobiquity
Comienza a ser habitual la implantación del xip (one), que contiene una serie de utilidades antes nunca imaginables: los hay de diversos tipos y con diversas aplicaciones. La última variedad del mercado contiene un soffware que incorpora GPS, datos personales, físcales y médicos. No obstante, ya se han dado varios casos, en los que la empresa matriz, ha utilizado indebidamente los datos personales de sus usuarios, lo cual ha repercutido con efectos nefastos para personas concretas.
La medicina ha avanzado mucho en estos cuarenta años. Hoy las intervenciones quirúrgicas no suelen tener secuelas, ya que en raras ocasiones el paciente sufre traumatismos por la misma intervención. Las hospitalizaciones son por un tiempo mínimo, y la UDH (unidades de hospitalización) están repartidas por todo el territorio nacional, con conexiones a los grandes centros médicos (GCM), que es desde donde se efectúan las intervenciones, via telemática. Estos centros cuentan con expertos muy preparados en cada una de las patologías. En el ámbito de la salud y de la sanidad en general, casi siempre se opta por los tratamientos personalizados no invasivos.
La esperanza de vida ya está por los 90 años; y desde hace varias décadas la población laboral se alarga hasta casi los 75 años. ¿ Os acordáis cuando ciertas empresas jubilaban a sus trabajadores a los 50 ó 55 años? Aquello, que llamábamos pre-jubilación, es un fenómeno impensable. Hoy se considera que a los cincuenta años la mayoría de las personas están en la mejor edad y forma de aprovechamiento profesional. Y también se ha de decir que hay otros parámetros que han cambiado: la escolaridad obligatoria está fijada en los 19 años. Y las dilatadas carreras universitarias llevan a nuestros jóvenes a prolongar su preparación hasta los 30 años. Hoy, hay un buen sector de personal en plena producción, que ha llegado al mercado de trabajo procedente de la post-jubilación; ¡sí, sí, como lo oís! Un buen número de personas, después de jubiladas en su empresa, son solicitadas por esa misma empresa o por otra, para seguir aprovechando su experiencia y preparación. Estos casos, hace unas décadas, pocas veces pasaban... aunque recuerdo que el complejo de Radio y Televisión Española, ya en aquel entonces fichó a un señor octogenario, para la dirección del ente.
Por nuestras calles se siente hablar a personas con acentos diferentes, y en lenguas diferentes; de hecho alguien ha llegado a afirmar- exajerando claro- que en la fiesta del pueblo del año pasado, aquello parecía, más bien, la ONU.
Navamorales cuenta hoy con un complejo educativo, que no se parece en nada a la antigua escuela. Las nuevas tecnologías han dado un vuelco al concepto de escuela y, al concepto más amplio de la educación.El libro clásico, se ha convertido hoy en los e-books (libros digitales) que comienzan a ser de nuevo superados por nuevas tecnologías de ida y vuelta, interactivo quiero decir, en lo que se refiera a la combinción de audios y videos en nuevos formatos digitalizados. El maesto de hoy en día ya no lo sabe todo, es un simple moderador, con una fuerte formación en técnicas de manejo de grupos, y formación personalizada. El control emocional forma parte de las terapias más generalizadas que necesitan los jóvenes de hoy. El estrees hace estragos en esta población postmoderna. Nuestros hijos son alumnos del siglo XXI, que ya no necesitan aquellos profesores del siglo XX, y mucho menos asistir a aquella antigua escuela del siglo XIX. El sistema educativo se ha visto superado y obligado a cambiar.
El trabajo, como elemento central de la vida del individuo, ha dejado paso a la era del ocio total. La prolongación de la esperanza de vida ha dado paso a prioridades antes poco bien vistas; y es que hoy (2050), después del comer y el vestir, las inversiones prioritarias están en el campo de la cirugía plástica, (¿recordáis el botox?), la conexíon a las redes star-system, asistencia diaria a cursos de relajación, tutorías individualizadas para los niños, televisión de pago etc.
Y, amigos navamoraleños, el mundo todo, se mueve, cambia, o mejor dicho, casi todo. No quiero deciros que mis previsiones se tengan que cumplir, pero, hoy (año 2050, como en aquel 2010), del que ya casi ni nos acordamos, hay dos certezas que continúan siendo inamovibles: La una es, que nos tenemos que morir. Cierto. Y la otra es, que entonces pagábamos impuestos y, hoy lo seguimos haciendo... Saludos y salud para todos.
DGH
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jueves 24/diciembre/2009 23:29
A BOLAZOS
Nuestros antepasados debieron de aburrirse mucho –piensa un niño, o un joven de hoy- cuando le pones en situación.
¡Pobres! qué podrían hacer, si no sabían qué era la Wii, no tenían un ordenador, nunca jamás tuvieron en su mano la Play (ni la I, ni la II). En ningún caso pudieron adherir su perfil en Facebook, ni podían navegar por la red de redes. Pero… ¡en algo se debían de entretener!
- Sí, claro; el que suscribe, navamoraleño de pro, ya hace algunas décadas, también fue niño, y… ¡claro que se entretenía! y mucho, y muy bien. Y se socializó, y tuvo amigos (que conserva), y con ellos pasaba horas interminables…
-¿Dónde? Pues en la calle. En Navamorales nunca existió el parque. La calle, ese magnífico espacio perdido en la ciudad, donde sí hay niños, pero no espacio para ellos. En Navamorales, hubo y hay calles; y calles anchas; el problema es que hoy no hay niños. Pero en mi época, había niños, y niñas. Y todos y todas aprendimos la vida, en la calle.
Algunas cosas han cambiado; entonces, según dicen ahora, estábamos inmersos en una sociedad machista. Y algo debía de haber, porque los niños jugaban con los niños, y las niñas con las niñas. Cuando alguno/a traspasaba la línea de género, trazada por la costumbre, tanto en un sentido como en otro, la cosa no estaba bien vista. Y los juegos eran por descontado, bien delimitados: juegos de niños o de niñas; sin confusiones.
En estos días invernales, me viene a la cabeza uno de los juegos aparentemente ingenuos, o hasta violentos, de entre los muchos que nos entretenían, y no era otro que, aquel que aprovechando los días que nevaba, que entonces lo eran con cierta frecuencia, se creaban dos grupos, entre los que se entablaba una pelea, que con frecuencia superaba el contenido lúdico de las primeras jugadas.
Solía suceder, sin programación previa, al salir de la escuela. Dos equipos. Dos equipos que se iban formando sin otra regla que la orientación, que cada uno trazaba para dirigirse a su casa. Los niños, en Navamorales, no nos quedábamos al comedor, ni estábamos apuntados a actividades extraescolares al salir de la escuela. Se salía de la escuela, y se tenía que ir a casa a comer. Así como tampoco te venían a buscar las mamás en el 4X4, ni los abuelos, ni el canguro… resulta que salías de la escuela y te dirigías a tu casa, utilizando el camino más corto.
De esta forma, los del Barrio-Arriba, se iban p’arriba, y los del Barrio Abajo, se iban p’abajo. Hasta aquí todo normal. Es lo que se hacía cada día, al fin y al cabo.
Pero hete aquí, tal como dicen, que donde está la tentación está el peligro. Y la nieve era la tentación, y la nieve era un peligro. Los niños, incluso los niños de hoy en día, cuando pisan la nieve, aunque sea por primera vez, de forma innata, como instintiva, se agachan y cogen un puñado de nieve y se la tiran al ser andante más próximo que se les ponga a tiro.
Digo yo, que debe ser como algo que se lleva en los genes. Lo que pasa es que, los niños de Navamorales sólo teníamos al alcance nieve, y nos peleábamos jugando con bolas de nieve. Hay otros que han progresado más, tienen misiles, y hacen la guerra...
Pero volvamos a nuestro juego. Dos bandos, de entrada inconexos: los del Barrio-Arriba contra los del Barrio-Abajo. Si hay dos bandos, la batalla es casi una necesidad. Bastaría, con que un activista diera el grito de guerra, ¡A por ellos!, para que el inicio de la contienda se hubiera producido. Ya tenemos todos los ingredientes para la conformación del juego, o si queréis de la batalla.
a/ Dos contendientes: los de Arriba, contra los de Abajo.
b/ Inicio: a partir del grito surgido en uno de los bandos ¡ A por ellos!
c/ Lugar de inicio: La plaza de Navamorales, donde está ubicada la escuela.
d/ Munición a utilizar: nieve compactada con las dos manos y recogida del suelo.
e/ Reglas mínimamente pactadas: debía lanzarse los bolos contra el enemigo, preferentemente al cuerpo, no a la cabeza; y sobre todo, nunca a la cara.
f/ Objetivo: El bando perdedor era obligado a ir perdiendo terreno, a replegarse, a dispersarse y admitir que quedaba humillado por el equipo rival.
g/ Fin de la guerra o armisticio: Los finales de la batalla solían ser casi siempre difusos; que uno de los contendientes ganara, y por ende el otro perdiera. Pero ya sabemos hoy los mayores, que en las guerras, unos son los que la inician, otros los que las acaban, unos los que incitan a la misma por intereses, y se forran, y otros los que salen chamuscados de la misma.
Pues en nuestro juego, pasaba tres cuartos de lo mismo. Los contendientes, en su inmensa mayoría se habían visto envueltos en la batalla, casi de forma circunstancial; les había cogido el inicio en aquel bando, cuando estalló la guerra. Y allí estaban, e incluso el inicio les parecía de lo más divertido. Todo era un toma y daca, sin aparentes mayores consecuencias. Tú me tiras a mí, yo te la devuelvo.
Como en las guerra de verdad, era importante que los avances o retiradas se hicieran al unísono; flaco servicio hacías a tu bando si huías corriendo para meterte en casa, o llamabas a tu hermano mayor, o a tu padre; eso era ser un “cagao”. Tampoco debías meterte en una calleja sin salida.
Sobre la munición, ya hemos especificado que era la más abundante al alcance de la mano: la nieve que de forma natural había caído aquella mima mañana, o la noche anterior. El calibre no dependía sino de la cantidad que te cupiera entre las dos manos. Y hasta aquí podríamos decir que asistimos a una guerra justa.
La cosa se complica, cuando algún receptor de un misil se siente agraviado por el enemigo y, pasa a saltarse las reglas pactadas, para incorporar al misil una cabeza nuclear, que podríamos decir no era otra cosa, que envolver de nieve un canto, una piedrecita, hallada en el mismo lugar.
Aquí la cosa se complica, y podríamos decir que entramos en la fase, de lo que se ha venido a llamar guerra sucia.
Es a partir de este punto de no retorno, en donde las reglas no son respetadas, donde es presumible que la contienda discurra por unos derroteros oscuros, aunque en cierto modo previsibles. Si el nuevo misil con cabeza nuclear incorporada, alcanzaba al enemigo en el cuerpo, mal que bien, se apreciaba el impacto pero la cosa ni iba mucho más allá. El receptor lo notaba y se hacía eco de que había sido impactado por fuego enemigo, de diferente calibre. No había tiempo, sin embargo, de detener la batalla para analizar la munición.
Como todas las guerras, cada uno de los bandos tiene por objetivo, acabar humillando al bando contrario, utilizando los medios disponibles a su alcance. Y si uno, en el fragor de la batalla, se olvida de las reglas, y la piedra estaba allí, ¡provocando! , lo más fácil es que se incorpore como arma, que el que la utiliza, dirá siempre que no es, sinó, utilizada en defensa propia… y que quién comenzó antes es el de enfrente.
No tardará mucho en producirse la masacre. Y es que quien juega con fuego se acaba quemando; que aquí no pega mucho, porque más bien se jugaba con hielo, y las manos se quedaban hasta paralizadas con la nieve, de lo frías que se te ponían; aunque aprendimos que después, también el calor que se producía en las manos, era casi irresistible: un fenómeno físico que alguien explicará mejor que yo.
De pronto se observa a algún contendiente derribado con las manos en la cara o en la cabeza, sangrando: este es el principio del fin.
- Alguien se adelanta:
- ¡ ya lo sabía, que esto acabaría así !
¡ Rápido a urgencias ¡
Y por último , llega el fin de la guerra o armisticio. Casi como en las guerras de verdad, es un tercero que impone la ley del más fuerte, y obliga a los contendientes a dejar de un lado el ardor guerrero.
También como por arte de magia, aunque no era tal: aparecía algún padre, que harto de esperar, con la mesa puesta ha salido a la puerta a ver si llega su retoño. Visto el panorama, reclama la presencia de su vástago, se desata el cinto, y al primer zurriagazo, a su hijo en primer lugar, claro está, acaba de forma casi instantánea, súbita se diría, con la desaforada pelea.
En cuestión de segundos se podría decir que la guerra había terminado.
DGH
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miércoles 02/diciembre/2009 00:16
Entre la sal de la tierra y el síndrome de Ulises
LA SAL DE LA TIERRA:
Unos mineros chicanos de Nuevo Méjico sufren una terrible discriminación respecto a sus compañeros blancos. Tras un accidente en la mina provocan una huelga a la que se unen sus mujeres. Contrariados al principio, los hombres acaban comprendiendo que luchar todos juntos será la manera de cambiar su destino.
Director: Herbert Biberman/ año 1954
Intérpretes: Rosaura Revueltas y Juán Chacón.
SÍNDROME DE ULISES
El Síndrome de Ulises, también conocido como síndrome del emigrante con estrés crónico y múltiple, es un síndrome de naturaleza psicológica que se caracteriza por un sin vivir desapacible que viene asociado a la problemática de los emigrantes al afincarse en la nueva residencia.
El nombre viene derivado del héroe mítico Ulises, el cual, perdido durante varios años (diez según Homero) en su camino de vuelta a Ïtaca, añoraba su tierra de origen, pero, se veía imposibilitado de volver a ella.
* Ulises es el protagonista de La Odisea de Homero
Según su descubridor, el doctor Josefa Achótegui, Psiquiatra del SAPPIR y profesor titular de la Universidad de Barcelona, es " una situación de estrés límite, con cuatro factores vinculantes: soledad al no poder traer a su familia; sentimiento interno de fracaso, al no tener facilidades para acceder al mundo laboral; sentimiento de miedo, por estar muchas veces vinculados a mafias; y sentimiento de lucha para sobrevivir". Hoy se calcula que puede haber en España unas 800.000 personas afectadas por esta enfermedad. Pero la verdad es que de alguna manera participamos todos de esta angustia: todos somos en alguna medida emigrantes. Yo también.
El síndrome de Ulises no sólo actúa por si mismo, sino que, como toda situación de estrés, contribuye a acelerar o desarrollar ciertas patologías que podían hallarse latentes en aquellos que lo sufren. Por ejemplo, pacientes con predisposición a desarrollar brotes sicóticos, que pueden ver acelerada o aumentada su aparición a causa del estrés, de ahí que la tasa de estas patologías sean mayores en el colectivo de inmigrantes, que en el de la población en general.
TODOS SOMOS INMIGRANTES
Me atrevo a asegurar que no hay hoy familia en Navamorales que no participe por activa o por pasiva del fenómeno de la emigración. Yo emigré de Navamorales, como se decía allí, había que salir fuera a buscarse los garbanzos; y en algún momento me he sentido atrapado, entre las dos cabeceras de este escrito: entre la sal de la tierra y el síndrome de Ulises.
Navamorales fue desde hace muchos años un pueblo de emigrantes: que yo recuerde, y por lo que se sabe, alguno de mis familiares fueron a hacer las américas, en oleadas que salieron con destino a Cuba o a países sudamericanos, principalmente Argentina; esto ocurría entre la última década del siglo XIX y el primer tercio del siglo pasado. Luego ya en la posguerra, Navamorales exportó mano de obra dirigida hacia el norte de España, País Vasco en concreto, y algo más tarde hacia el conurbano de la capital: Madrid. En menor medida hacia otras partes de la geografía peninsular.
Pues bien, siendo emigrante, aunque bien es verdad que con diferencia a los inmigrantes actuales que están llegando a la península, en algún momento entre mis vivencias me he sentido envuelto entre esos dos sentimientos de apego y desapego; quiero ser de … pero mis circunstancias me empujan a dejar de ser de … Esta difícil acomodación puede propiciar situaciones de estrés por las cuales, esta contradicción se convierte en el nudo gordiano de nuestra existencia.
El problema que yo percibo como difícil de hacer compatible es el del desapego. Y es que cuando te vas a vivir a un nuevo domicilio, en una ciudad diferente, dejas atrás todo un bagaje que se corresponde con tus vivencias previas; ese bagaje puede no ser del todo compatible con el concurso de costumbres, que son normas sociales asentadas en la nueva ubicación.
El lugar de nacimiento, suele ser compatible con el apego a esa tierra, con la que se afianza una vinculación afectiva de carácter duradero, y singular; con esa tierra, en donde has dado los primeros pasos de tu socialización, tu primera escuela, tus primeros amigos, ¡ qué decir de la familia donde has nacido!, la calle en donde te has criado etc. conforman un bagaje, nada despreciable, cuando das el paso de cambiarte a vivir a un nuevo pueblo, a una nueva ciudad, o a veces a un país diferente.
Destaco, cómo no, la importancia de la familia, como primer contexto social en el que de pequeños, nos desenvolvemos y aprendemos nuestras primeras palabras, nuestras primeras experiencias, nuestras primeras relaciones; pero lo es también el conjunto familiar, los amigos y la propia calle, lo que ha conformado en Navamorales, a cada uno de nosotros.
Dejando de lado aquí, la importancia del apego familiar, base del apego emocional de cada cual, es la tierra propia, la patria chica, la que a buen seguro que labró en los primeros años, el conjunto de habilidades psicológicas y sociales que serían la base de una formación propia en el futuro.
En cualquier caso quisiera dejar claro que esa cristalización en positivo, sobre esos valores navamoraleños, acabarían en el terreno de lo patológico si no evolucionaran y dejaran espacio a la superposición de otros valores, tan positivos, que se pueden encontrar en cada lugar, diferente al nuestro de origen.
Conjugar la sal de la tierra, que la tiene, y deshacer el mito de Ulises, es una tela tan difícil de tejer y de acabar, como la que cada día hacía y deshacía Penélope.
Penélope, esposa de Ulises; espera, tejiendo y destejiendo, la vuelta de su marido de la guerra de Troya.
¿Emigro y me olvido? – Entonces me integro. ¿O me integro y no me olvido? ¿Espero?. Vivo sin vivir en mi …
El destete emocional, es un trauma difícil respecto el que deja su tierra. El emigrante tiene apetencias de salir de su casa; de buscar una vida mejor; pero eso tiene un coste; estos días lo estamos viendo con las pateras que intentan llegan a Canarias y a otras costas peninsulares.
A veces un coste demasiado alto. Coste total. A veces el riesgo es tan alto que en ello se juegan la vida.
* Estampa del migrante
Salir de casa es asumir un riesgo; y el que no se arriesga no pasa la mar…
Explicar la posible concurrencia de ambas opciones, conjugarlas y enriquecerse de ambas: eso es una suerte.
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· autor: navamorales
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