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Navamorales desde la distancia

.: Este blog pretende solamente describir con palabras e imágenes la realidad de NAVAMORALES DESDE LA DISTANCIA. Se añaden también versiones subjetivas de hechos o circunstancias siempre con sentido c

 
 
     
 
domingo 29/junio/2008 11:06

El campo está que arde


  _Fuego_.jpg

El campo está que arde:

Y en concreto,  el campo argentino

Puedo ponerme perfectamente en la piel de aquellos que ven con sus propios ojos como sus tierras y sus ganados arden. Y arden, no por el fuego de una negligencia, sino de una planificación de altos vuelos; y nunca mejor dicho: llevada a término desde lo alto del cielo y,  propagado a velocidad de helicóptero.

¡ Qué vergüenza! En pleno siglo XXI . La expresión “tierra quemada” o de “tierra arrasada”, fue antaño una táctica militar que persiguía el objetivo de aniquilar todo aquello que pudiera serle útil al enemigo, en el caso de una conquista, y cuando las tropas avanzanban o retrocedían en ese territorio. Pero es que aquí, no estamos en guerra,  ¿ o sí?.

La historia se repite, y se repite en su más cruda esencia. La expresión de “política de tierra quemada”, proviene seguramente del hecho de prender,  y huir. Prender los campos de cereales ( a punto de recolección) durante las guerras y,  así dejar al enemigo más debilitado. Lo malo de esta práctica, en sí  ya perversa, es que va más allá. Se quema el campo, sus cultivos, y todo lo que subyace a su alrededor: se queman viviendas, se quema al ganado, se quema la maquinaria, y en definitiva,  si se pudiera,  se quemaría también, y a veces se consigue, quemar a los propios campesinos.

Estas prácticas ya fueron utilizadas precisamente en la península Ibérica por los musulmanes durante la Reconquista, causando grandes destrozos en las incursiones que los cristianos ejercían en su avance hacia el sur de la península. Otro tanto hizo Napoleón entre 1808 y 1812 en su supuesto paso hacia Portugal pero con el claro intento de apoderase de toda la península.

No muy distintas fueron algunas estrategias revolucionarias llevada a cabo durante la guerra de independencia sudamericana,  en concreto por el general Manuel Belgrano en la retirada estratégica del denominado "éxodo jugueño", obligando a la población a replegarse hacia Tucumán, en el noroeste argentino a unos 1300 kilómetros de Buenos Aires,  arrasando todo lo que pudiera serle útil al ejército contrario.

Idéntica práctica se llevó a cabo durante la guerra civil de los Estados Unidos, con la “marcha Sherman” destruyendo en aquel caso las plantaciones, y lo que era más importante , destruyendo la recien estrenada red de ferrocarriles. etc.etc. Claro que en todos los precedentes anteriores, al menos desde la perspectiva actual, ¡ estábamos en guerra! Pero aquí no es el caso. ¡ Es que hace cuatro días se celebraron unas elecciones aparentemente democráticas y fueron ganadas por mayoría aplastante!…Algo no me cuadra...

No obstante, hoy se puede asegurar que estas prácticas tienen o pretenden conseguir un valor añadido,  de intimidación: es el terrorismo psicológico, utilizando altas tecnologías,  llevado al campo. Puede que mayor retorcimiento y maldad sea casi insuperable.

Hoy la política de tierra quemada, en Argentina, es un hecho constatable, que no con palabras, sino grabada in situ, y conocida al otro extremo de la aldea global. Propagada por todo el planeta, mal que les pese a  sus instigadores. Más pronto o más tarde,  los autores directos o sus instigadores habrán de pagar por ello. Y éste,  nuestro país hermano,  ya tiene la experiencia  de que aunque pase el tiempo, más pronto o más tarde, el que la hace la paga.

DGH


 
 
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miércoles 25/junio/2008 00:02

Donde nací y donde he vivido


Donde nací y donde he vivido:

“ Navamorales desde la distancia”

Lo efímero de la vida:

 

La vida es corta, y además discurre en sólo un puñado de sitios de nuestra aldea global. La vida de cada uno de nosotros se resume en la estancia en unos cuantos lugares; y la mía, como no podía ser de otra manera,  también es así. Yo, que por otra parte no creo ser nada determinista, creo sin embargo que la tierra hace al hombre; y haber nacido y haber vivido en un determinado lugar seguro que ha tenido que ver con quien yo soy, y seguro que con la configuración de lo más profundo de mis sentimientos.

Yo nací en Navamorales; estudié en Santa María del Berrocal y más tarde en Salamanca. Trabajé por primera vez en Villar de Peralonso, en Alba de Tormes, en Utrera, en Sevilla, en Santa Coloma de Gramanet y acabó (si es que acaba alguna vez) mi formación académica en Barcelona. Este ha sido mi recorrido itinerante a lo largo de mi ya larga carera profesional en el campo de la enseñanza.

Que duda cabe que cada uno de estos lugares, pueblos y ciudades,  me han ido moldeando y han dejado poso en mi forma de ser y de vivir. A continuación trataré de hacer un repaso de esos recuerdos, que no dejan de ser los aspectos que impactaron más en mi vida y por ello deben  ser,  los que al fin y al cabo,  me han quedado en la memoria. 

Haber nacido  en NAVAMORALES es un orgullo; es mi pueblo, y este posesivo lo comparto, seguramente con casi todos los que allí nacimos. Soy de NAVAMORALES, y basta. De allí era mi padre, mi madre, mis hermanas y mis cuatro abuelos, amén del resto de los ancestros, a saber. Yo estoy orgulloso de mi pueblo, allí nací, allí crecí y allí están mis raíces como acabo de decir.

Las circunstancias de la vida nos han llevado a muchos,  a salir del pueblo,  para buscarnos los garbanzos en otro lugar. En este sentido, formamos parte de un fenómeno hoy tan extendido,  como es el de la emigración. En nuestro caso una migración interna, pero emigración al fin y al cabo.

Es por ello que yo hoy, tengo que decir como en la canción que “tengo el corazón partío”. Soy como digo,  navamoraleño, pero a la vez he dejado parte de mi vida en todo un reguero de lugares, por los que la madre Administración me ha ido haciendo pasar en mi otro itinerario profesional. Yo tengo,  como Lázaro, mi propio itinerario.  Tal vez no exagere si mi primera instancia, por ser el sitio dónde nací, y probablemente la última, Barcelona, tal vez donde vayan a reposar mis huesos(¿), sean los lugares que más me han marcado. Pero volviendo al hilo, yo, fui, soy y seré siempre de Navamorales. ¿ Se nota ?

Allí me inicié en los primeros aprendizajes en la escuela que hoy es Ayuntamiento. Allí crecí y me socialicé entre una marabunta de niños y niñas de mi edad. Allí hice amigos, y los conservo. Allí aprendí a jugar, a bailar, a pelearme, a perdonar, y sobre todo,  allí aprendí a vivir. Quiero desde estas líneas hacer un homenaje póstumo a todos aquellos que se preocuparon por mi educación, incluso a base de mucho sacrificio: ¡ A todos ! Sobre todo,  cuando lo más cómodo para la familia era que los hijos colaboraran en el trabajo diario de la casa, del campo o del negocio propio. Contra viento y marea mi familia realizó una inversión a muy largo plazo: de ello y por ello les estaré eternamente agradecido.

De la escuela de Navamorales recuerdo lo justo. Allí nos incorporamos, creo que a los 5 años,  los niños y niñas que cumplíamos esa edad, con un maestro que se llamaba don Ignacio. Un año debió durar mi estancia con este maestro que se trasladó fuera,  y sólo por referencias volví a oír hablar de él y de su familia. Buen recuerdo, aunque ya muy lejano.

Inmediatamente después,  se incorporó a la escuela como propietario don Jesús Vicente, un maestro joven y procedente de un pueblo próximo: Gallegos de Solmirón. Allí hizo escuela,  e hizo que algunos de nosotros cambiáramos el destino que por naturaleza y nacimiento se nos venía encima. Los tiempos de la postguerra iban poco a poco diluyéndose,  quedándose atrás y se comenzaban a abrir horizontes nuevos; nuestras familias también nos instaban a probar de cambiar la vida que nos esperaba,  de quedarnos en Navamorales. La promoción sólo podía venir de la mano del estudio: ¡Estudia, que sinó te quedarás de estripaterrones como otros muchos!

Claro que en aquella época, y con aquellas circunstancias no todo el mundo tenía igual de claro para qué servían los estudios: ¡ Las carreras pa las liebres! Se oía decir de vez en cuando …Se había de tener arrestos,  para mandar a estudiar a un hijo a partir de los nueve años… y luego Dios sabe lo que llegará a ser; y aquí se argüía la rémora, de aquellos hijos que habiendo dejado el terruño, con que para estudiar, al ir a la ciudad se habían dado a la golfería y arruinado a los padres, y por ende a toda la familia. 

A los nueve años, este mismo maestro, don Jesús,  instó a mi familia la conveniencia de asistir a clases con don Ernesto Santamaría, un maestro que en Santa María del Berrocal preparaba a chicos y chicas  que querían, para hacer el Bachiller, e incluso hacer la carrera de Magisterio. Allí me matriculó mi padre y desde el curso 57-58 asistí a clases diariamente,  para presentarme en junio al examen de ingreso, y de aprobar,  a primero de bachiller. Así lo hice y aprobé al junio siguiente.

El esfuerzo que se hacía, sólo por el desplazamiento diario era, visto desde la perspectiva actual, toda una aventura. La distancia que separa Navamorales de Santa María del Berrocal que es de unos 8 ó 10 kilómetros,  la hacíamos en burro; ello significaba unas tres horas diarias de desplazamiento. Allí dejábamos aparcados los bólidos en casa de Damiana, y Martín, que a la sazón era el herrero del pueblo.

Este viaje lo hacíamos cada día unos siete u ocho chicos y chicas, que asistíamos a los mismos cursos, uno más o uno menos, según la edad.

Las idas y venidas daban para mucho; además,  no era igual el viaje en verano o primavera, que en invierno. En invierno se nos montaba en el jamelgo, bien ataviados de ropa invernal, pasamontañas y guantes y,  vamos pa’lante. Los burros de entonces, que no llevaban preinstalado precisamente el GPS, se sabían el camino de memoria. Y nosotros, conocíamos también cada recodo, cada encina, cada herrén y prao por el que pasábamos.

Aunque todos nos llevábamos bien, es verdad que en general iban los niños con los niños y, las niñas con las niñas. Nosotros,  más amantes de las travesuras y más seguros de la conducción de los bólidos( burros al uso), que ellas, por supuesto más inseguras. En cada ida y cada vuelta, con los burros ataviados con su enjalma, su manta y su alforja; y en esta última los libros, los cuadernos en un lado y en el otro la vianda: el bocadillo y la manzana de rigor.

Las clases comenzaban a las ocho, con lo que una hora y media de camino obligaba a salir de casa allá por las seis y cuarto o seis y media; esto en pleno invierno significaba que ni mucho menos estuvieran puestas las calles, y que las zorras y los lobos se oían aún por doquier en pleno camino. El amanecer nos sorprendía entrando en Santa María del Berrocal.

Cuatro o cinco horas de clase y de vuelta pa Namorales. Regresabas allá para las 3 y media o cuatro de la tarde y a estudiar para el día siguiente. Pero nuestra tarea quedaba entreverada con ir al prao a buscar o llevar las vacas, ir a echar el agua al prao, ordeñar alguna vaca o cocer el caldero de los guarines.

Quedan aquí por contar muchas anécdotas que serán motivo, en su caso,  de otra reflexión y que sólo cito de paso, como son: el paso por un camino de viejas, el baño en el Venturro, la escalada burril en la Venta,  el paso asnal por debajo del puente, las carreras de caballo, cabalgar a lomos del jamelgo de pie, correr a galope  mirando para atrás etc.etc. No me resisto a recordar el primer enigma que El Tio Reverte, abuelo de Clemente, un compañero de clase en Berrocal,  nos recordaba al entrar en tromba cada día al pueblo: paraba al primero de la fila, montado en burro y nos decía:

-       ¿Adónde va toda la tropa?.

-       Vamos a estudiar

-       ¡Ah,  a estudiar !

-       O sea que vais a estudiar. Y decía, apoyándose en una garrota hecha de buen seguro de un retoño de álamo-negrillo:

-        Pues bien, “estudiantes que estudiáis  en esos libros tan hondos, ¡decidme? por qué caga el burro lo moñigos  cuadraos teniendo el culo redondo?

-       Y nosotros, con nuestra angelical ignorancia,  le dábamos un latigazo al burro y seguíamos p’adelante riendo como condenados.

-       Al dá siguiente el tio Reverte volvía alas andadas, con no sé que otro de sus enigmas, para acabar dándonos la receta..

-       Entonces a qué coño vais cada día ala escuela…

Al tercer año, los aires de la civilización comenzaban a barruntarse y,  mi desplazamiento a Berrocal ya se hizo en bicicleta; mis padres me compraron en Piedrahita (Casa Samuel), una bicicleta Orbea,  con la que, una vez aprendido el arte de la conducción sobre dos ruedas y motor de sangre,  me aligeraba el recorrido diario en casi una hora. Esto ya era otra cosa, pero además, la bicicleta no sólo significó para mi un avance, era sin lugar a duda, además un juguete avanzado, con el que yo era capaz de transportar lo inimaginable. Creo, sin duda,  que mi estirón de adolescente se fraguó encima de la bicicleta.

.continuará…

DGH


 
 
  3 comentarios  · autor: navamorales  ·  sección:  
     
 
domingo 15/junio/2008 10:03

¡ VIVAN LOS QUINTOS !


¡ VIVAN LOS QUINTOS DEL 66 !

La Mili.jpg


 

 
 
  2 comentarios  · autor: navamorales  ·  sección:  
     
 
sábado 07/junio/2008 12:15

El profundo amor a NavAMORales


 

El  amor de  NavAMORales

(Homenaje a Gabriel y Galán)

¿Por qué estás triste mujer?

¿ Pues no sabes que el querer

Como nosotros lo vemos

Y así todos lo entendemos

Es auténtico placer?

 

Crees que mi amor es menor

Porque tan hondo se encierra

Y es que ignoras que el amor

De los hijos de mi tierra

No sabe ser hablador.

 

¿ No está tu gozo cumplido

Cuando vamos hacia el prado

Paseando entre las flores

Casi todas de tu agrado

Y no se oye ni un suspiro?

 

¿ Te place la patria mía?

No en los meses del invierno

Ni cuando nieva to’l día

Y los caminos se inundan

De charcos y de agua fría.

 

El campo que está a tus pies

Parece que te acogiera

Como un alfombra de flores

Por tal que te produjera

Más orgullo e interés.

 

Busca en él las soledades

Agua fresca y buen comer

cortas tardes otoñales

Paseos al atardecer

Y pocas solemnidades.

 

Si tú gozarlo supieras

Todo lo que tiene él,  ( Navamorales )

Pronto aquí tu te acogieras

A compartir mi mantel

Y conmigo te vinieras.

 

¿Quieres que vaya a buscar

Pamplina al campo contigo?

A la altura del Nuncar

Hay un prao como te digo

Con mucha para segar.

 

Para que tú te regales

Voy a buscarte un tostón

Por todo lo que tu vales;

¡Que tu vales un montón!

Y más en NavAMORales.

 

Ni conejillo bravío

Que me pidas dejaré

Lo que quieras ¡ amor mío!

Para ti trabajaré

Que por ti pierdo el sentío.

 

¿ Quieres que hiera en su vuelo

A esa paloma torcaz

Para llevarla al puchero

Y comer a lo voraz

Como si fuera un carnero?

 

Si buscas flores sencillas

Todas las tendrás aquí;

En los prados,  campanillas

En la ribera,  claveles,

Y en huerto,  florecillas.

 

Si quieres, rosa temprana

Aquí tienes que esperar

Pues el invierno se ensaña;

Puede que llegue hasta a helar

Bien entrada esta mañana.

 

O vamos a mis sembrados

Para que veas la vesana

Y los surcos bien tirados

Que trazo yo con mi yunta

Derecha,  de lado a lado.

 

Verás mecerse,  aireadas,

Las hojas de los sembrados

los juncos de la ribera

La hierba de las praderas

Las  espigas ya granadas.

 

Y mientras gozas del vago

rumor del viento indulgente

Yo te preparo un buen trago

De cafelito caliente

Para pasar un buen rato.

 

Y conmigo,  nueva Ceres,

Yo te propongo que vengas

Y si tu así  es que lo quieres

Nos vendremos para el pueblo

Que tiene el AMOR que quieres.

 

¿ Sientes ganas de llorar?

Pues no reprimas tu instinto

Yo te quiero recordar

Que todo aquí es muy  distinto

Que allí,  en nuestra gran ciudad.

 

Mas… vamos para el  prao un rato

Retocemos en la hierba;

Tu te quitas esos jatos

Y,  nos echamos la  siesta

Alli cerca del regajo.

 

¿ Quieres que de esa ladera

Nos bajemos hasta el río

Subamos por La Tejera

Se nos quite todo el frio

Y volvamos por la era?

 

¿Lloras? Pues si es de ternura

¡ Tu tienes facilidad!

Aprovecha esta aventura

Sin perder la compostura

Por  toda la eternidad.

 

Mas si lloras desconsuelos

Aquí no te escucharán

Ni los ángeles del cielo

Ni los cárabos del suelo

Por tus lloros llorarán.

 

Y si piensas que es menor

Porque tan hondo se encierra

Recuerda que el hondo amor

De los hijos de esta tierra

No sabe ser hablador.

 

¡ Alégrate, pues, mujer! ,

Que yo sé que,  tú amor,  vales

Y tienes ese interés

Que vale más que la mies

De todo Navamorales.

DGH

 

Poesía Castellana de Jose María Gabriel y Galán

¿Por qué estás triste, mujer?
¿Pues no te sé yo querer
con un amor singular
de aquellos que hacen llorar
de doloroso placer?

Crees que mi amor es menor
porque tan hondo se encierra,
y es que ignoras que el amor
de los hijos de esta tierra
no sabe ser hablador
.

¿No está tu gozo cumplido
viendo desde esta colina
un pueblo a tus pies tendido,
un sol que ante ti declina
y un hombre a tu amor rendido?

¿Te place la patria mía?
No en sus hondas soledades
busques con vana porfía
la estrepitosa alegría
de las doradas ciudades.

El campo que está a tus pies
siempre es tan mudo, tan serio,
tan grave, como hoy lo ves.
No es mi patria un cementerio,
pero un templo sí lo es.

Busca en ella soledades,
serenas melancolías,
profundas tranquilidades,
perennes monotonías
y castizas realidades.

Si tú gozarlas supieras,
ahora mismo depusieras
tu adusto ceño sombrío.
¿Qué de mi patria quisieras
para alegrarte, bien mío?

¿Quieres que vaya a buscar
cuarzos blancos al repecho,
colorines al linar,
nidos de alondra al barbecho
y endrinas al espinar?

Para que tú te regales,
no dejaré una con vida
veloz liebre en los eriales,
ni esquiva perdiz hundida
del cerro en los matorrales,

ni conejillo bravío
dormido bajo el carrasco,
ni mirlo a orillas del río,
ni sisón en el peñasco,
ni alondras en el baldío.

¿Quieres que hiera en su vuelo
a ese milano que el cielo
raya con círculos anchos,
y de sus garras los ganchos
venga a clavar en el suelo,

y, atrás, la cabeza echada,
las plumas te enseñe y rice
de la pechuga alterada,
y ante tus pies agonice
con la pupila espantada?

Si buscas flores sencillas,
hay en el valle violetas,
y gamarzas amarillas,
y estrelladas tijeretas,
y olorosas campanillas.

Si quieres, rosa temprana,
ver los sudores y afanes
que cuesta el pan de mañana,
ven y verás mis gañanes
trajinando en la besana.

O vamos a mis sembrados
y allí verás emulados
de tus labios los carmines,
que parecen amasados
con pétalos de alvergines.

Verás mecerse, aireadas,
del mar de la mies las olas,
aquí y allá salpicadas
de encendidas amapolas
y de jaritas moradas.

Y mientras gozas del vago
rumor de aquel ancho lago
de móviles verdes tules,
yo una corona te hago
de clavelillos azules;

y con ella, nueva Ceres,
reina serás, si tú quieres,
de mis campos y labores,
que reina de mis amores
ya hace tiempo que lo eres.

¿Sientes ganas de llorar?
También las sé yo sufrir
cuando me pongo a pensar
que Dios te puede llevar
y hacerme sin ti vivir.

Más… ¡vamos al prado un rato,
que en él hay sombra de encinas,
murmullos de viento grato
y agua fresca de regato
rebosante de pamplinas!

¿Quieres que de esa ladera
te baje un haz de tomillo,
o que salte a esa pradera
y te traiga un manojillo
de oliente hierba triguera?

¿Lloras? Pues si es de ternura,
deja ese llanto correr,
que es un riego de dulzura,
hijo de la fresca hondura
del manantial del placer.

Mas si lloras desconsuelos
y torturas de los celos,
¡vive Dios, que lloras mal!
Testigos me son los cielos
de que mi amor es leal.

Y si piensas que es menor
porque tan hondo se encierra,
recuerda que el hondo amor
de los hijos de esta tierra
no sabe ser hablador.

Alégrate, pues, mujer,
porque te sé yo querer
con querer tan singular,
que a veces me hace llorar
de doloroso placer…


 
 
  Sin comentarios  · autor: navamorales  ·  sección:  
     
 
domingo 01/junio/2008 16:55

Un antes y un después


 

UN ANTES Y UN DESPUÉS …

Voy a intentar reproducir aquí una conversación que mantuve hace pocos días con un chico; una conversación que brotó de la confianza mutua que nos tenemos y del aparente conocimiento,  mutuo también.

Él a mi me reconoce como una persona, dice él, con no poca ironía,  algo “mayor”,  que peina canas,  y que debe andar por la vida desde hace ya algún tiempo; y el chico, quedándose así un poco transpuesto, se me queda mirando y me dice:

- ¿Oye y tú, cuántos años tienes  ya ?

La verdad es que, pregunta tan directa de un pequeño renacuajo, me dejó algo patidifuso; me di un aliento, e improvisé una respuesta dilatada en el tiempo; y como que se quedaba mirándome fijo,  y algo perplejo, hube de decirle: ¡déjame que me lo piense un poco! Y  de esta  guisa fue mi contestación, no sin advertir que este chico, y me consta, es un hijo de papá y de mamá, activo, e ilustrado para su corta edad.

Pues mira,  yo nací, antes que existiera la pequeña pantalla; o sea que cuando yo nací, en Navamorales no había ninguna televisión. Mucho menos, había video, ni fotocopiadora, ni ordenador,  ni escáner, ni el fax,  ni cámara digital,  ni MP3, ni MP4, ni por supuesto el Iphone. Por descontado que el teléfono móvil se inventó después.

-         ¿ Eso debía ser,  hace ya mucho tiempo, no?

-         Bueno espera, espera…

Cuando yo nací, no teníamos en casa nevera. ¡ Y se rió ! No se había inventado la píldora anticonceptiva, y mucho menos la del día después.

-         … El chico estaba con la boca abierta, haciendo sus deducciones … Yo continué

-         Yo, a mis veintitantos,  viajaba en mi 600 de segunda mano, y nunca fui multado por culpa  de un radar; no existían las tarjetas de crédito, ni los rayos láser, ni los patines en línea …

-Cuando yo nací, en mi casa no existía la lavadora; ni la secadora, ni el lavavajillas: Ni el microondas tampoco.había lavadoras?

– Para lavar la ropa en Navamorales las mujeres iban cada mes, o cada dos meses,  al río. Y allí se pasaban el día estregando, enjabonando, tendiendo y recogiendo el costal de ropa con el que habían llegado por la mañana. En más de una ocasión lo llevaron y trajeron acuestas.

El niño se había sustraído en el mundo por el que yo hábilmente le iba transportando y continé:

-Cuando yo nací, las palabras gay y lesbiana en Navamorales,  no estaban en nuestro vocabulario; utilizábamos otras peor sonantes, y  con las que todos nos entendíamos. Y eso sí, conocíamos perfectamente la diferencia de sexos, pero nadie se planteaba cambiar el suyo, es decir,  cada uno se conformaba con la opción que le había tocado. Bueno, teníamos claro que cuando dos se iban a casar, la pareja era de dos: ella y él,  o él y ella, que tanto monta. La peluquería era la peluquería; de señoras,  por supuesto; y al barbero iban los hombres. No conocíamos para nada las peluquerías unixex.

-Cuando hablábamos de familia, todos entendíamos que había un padre y una madre; porque en Navamorales no había “hijos de papá”. Teníamos simplemente un padre y una madre.

-Las citas se hacían cara a cara, sin mensajes de móvil, ni por correo electrónico; chatear para nosotros era otra cosa.

-         - ¿ Qué era?

-  

-  Pues mira, en Navamorales,  un chato, era un vaso pequeño de vino;  cuando ibas con los amigos ibas de chateo, y cuando alguien se pasaba,  se decía que se habías cogido una merluza de mil demonios. Hoy los chicos  sólo se marean; claro que los  hay que entran cada fin de semana en coma etílico …¡pobres!

-Cuando yo nací, el hombre no había llegado a la Luna, ni existían los aviones de propulsión a chorro. Viajábamos poco. Íbamos a la fiesta del pueblo de al lado, andando o en burro, y ya en mi época que parecía avanzada, algunos hasta teníamos una bicicleta. Eso, no existían las compañías de low cost, con lo que se iba al mercado de Piedrahita en el correo, y a la capital en el coche-línea,  y las más de las veces se viajaba  en burro, en mula, y algún privilegiado a caballo. Alguien fue a Madrid desde Navamorales en burra… ¡ Y volvió ¡

-         Al niño se le habían puesto los ojos como dos platos, y ni pestañeaba.

-En mi época no se hacían trasplantes; se arreglaban eso sí,  los calcetines, con un huevo duro;  se llevaban las sandalias y los zapatos al zapatero para que te echara un remiendo,  o  unas suelas nuevas ( el philis), con la intención de que te duraran toda la vida. Se mondaba la poza por lo menos una vez al año, y otra, por mandato del alcalde;  se iba a arreglar los caminos antes del acarreo, al empezar el verano. ¡Digo verano, que no veraneo!.

 -Y no se pagaba el IBI, aunque pagaban impuestos los carros, las vacas y las ovejas. Cada temporada se echaba el bando para que cada cual diera la relación de sus pertenencias andantes. Los animales pagaban por andar por  la vía pública;  y todo esto  para satisfacer las arcas municipales. En el bando se decía que había que ir a “dar la relación”. Y todo el mundo explicaba,  que el churro que tenía demás había nacido después que echaron el bando...

El niño flipaba en colores, y cada vez ponía un gesto más sorpresivo. En algún momento me dice

– ¿Esto te lo inventas no?

Pero yo -impertérrito- continué …

-Los niños de mi época tenían la escuela  a 10 kilómetros de su casa; se levantaban a las 6 de la mañana y viajaban en burro durante casi dos horas para ir y,  otras dos horas para volver.

¿ Y dónde iban?

       Pues mira,  en mi caso,  a un pueblo que hay a esa distancia de Navamorales y que se llama Santa María del Berrocal.

    

-         Este apartado le pareció al niño de lo más bucólico, y me confesó que a él le gustaría una escuela así.

-Yo nací cuando no existían los ordenadores; mis trabajos de estudiante los reproducía a mano, o con una máquina de escribir Hispano-Olivetti, que aún conservo como una joya; y esto ya eran tiempos de abundancia. Los virus sólo producían la viruela, y de los chips, del harware y del sofweare nunca habíamos oído hablar.

-Por no tener, los chicos de tu edad, no teníamos ni estrés; nadie había padecido un trauma prenatal, y mucho menos se hablaba de trauma postvacacional. Allí en Navamorales, surco arriba y surco abajo, se te escampaban todos los males. De lo más relajante era montarte en el trillo. Nunca tuvimos necesidad de hacer ninguna terapia de grupo, ni tampoco ir al psicólogo.

-Y qué me dices de los juegos; nosotros no teníamos Nintendos ni Play station; allí en el pueblo los niños jugábamos a la peonza, a la tanga, a las canicas, al frontón, al fútbol en el Lejío, etc. Las niñas a la comba y al calderón.  Casi siempre juegos colectivos,  que ayudaban a la socialización de todos nosotros, y las niñas por separado; porque eso sí, aún no se había inventado el “bulling”; aunque he de confesarte que algunas veces se formaban pandas y en especial el día que nevaba, se formaba una auténtica guerra entre los del barrio-arriba contra los del barrio-abajo. Aquello era muy divertido, mientras no te acertara algún proyectil cerca de un ojo.

- ¡Oye pues eso si que mola ¡

-Entonces cada níño o niña era eso;  no “tíos” como ahora. A las personas mayores se les llamaba de usted,  y los abuelos eran una institución; no estaban “p’allá" , como  decís ahora.

-Al cura, cuando se le veía por la calle se le iba a besar la mano; al maestro se le daba los buenos días o las buenas tardes y,  el médico, cuando se dirigía hacia la casa de un enfermo se le observaba con gran respeto. No teníamos teléfono, y las urgencias se solventaban como mejor se podía.

-Los niños nacían en su casa, no en  el Hospital de referencia; nunca tuvieron la necesidad de descansar en la nurseríe. Ni les pusieron una pulsera electrónica para que no se confundieran con los otros. Las madres deban la teta a sus hijos con toda naturalidad,  y eso creaba apego y,   ahora sabemos que muchas defensas.

-En mi época  tener relaciones era relacionarte; tener amigos, primos y vecinos con los que hablabas y pasabas algún buen rato; tomabas el sol en el resolano, jugabas al escondite etc. Y la virginidad no producía enfermedades cardiovasculares graves. Esto ha ido cambiando mucho con el tiempo…

 El chico mantenía los ojos como platos observándome de arriba abajo.

-Hasta que cumplí 25, llamé a los padres de mis amigos de usted; y de usted siempre a las personas mayores; luego también cambiaron las cosas. Por cierto mis tíos eran mis tíos. El “tio” de ahora,  es una palabra que sirve para todo: ¡ Hola Tío ¡ ¿ Qué pasa contigo tío! etc.

-Nuestras vidas se regían por los diez mandamientos; y conocíamos bien los siete pecados capitales. Se llevaba el tener juicio,  y utilizar con frecuencia el sentido común. Nos enseñaron a diferenciar el bien del mal; y en cualquier caso,  a ser responsables de nuestros actos.

-Creíamos que la comida rápida era la que se hacía encima de la mula bajando por le camino de Las Vegas o el camino Morales,  a regar a la noria de turno. No entendíamos del fast- food, ni se nos ocurrió nunca ir al bar del pueblo a pedir una hamburguesa con  kepxup…, ni al McDonalds a celebrar el cumpleaños con los amigos. Y desde luego,  jamás vi por las calles de Navamorales a un motero de Tele-Pizza o de su competidor la Pizza-hut. La pizza, la verdadera p i z z a, en el pueblo,  era otra cosa.

-Hablando de máquinas, nosotros no entendíamos de cajeros automáticos, ni nos despertaba nunca el radio-reloj-despertador; tampoco tuvimos nunca una filmadora de video,  ni mucho menos un reproductor de DVD.

 -Lo nuestro era mucho más claro: sabíamos distinguir perfectamente entre una horca de una pala; entre un rastro y una azada; entre un trillo y el  barzón; entre una bilorta y el cuño. Distinguíamos perfectamente un campo de trigo de uno de centeno, y sabíamos que la leche se ordeñaba y no se criaba en un tetrabrik. O que las patatas se crían bajo tierra, o que cuatro cuartillas hacían una fanega.

-Y si alguien era capaz de leer alguna etiqueta en la que ponía “Made in Japan” todos sabíamos que aquello era una porquería; por supuesto que no existía nada que fuera” Made in Korea”, ni “Made in Taiwán”. En Navamorales reinaba la autarquía, y por ello éramos capaces de sobrevivir a una nevada de más de un mes, tirando del jamón, del lomo, de la morcilla y de los chorizos; por cierto, ¿ tú no habrás probado en tu vida un chorizo de bútago?

-         - No, ¿ qué es eso ?

-         - Pues no sabes lo que te pierdes.

-Nuestras casas no tenían calefacción central. Allí te calentabas a la lumbre; si tenías suerte de hacerte un hueco en la parte delantera; la escuela no tenía aire acondicionado; eso sí,  cuando hacía mucho frío,  cada uno se las ingeniaba con una lata de sardinas de a kilo, dos ascuas y tres palotes,  y allí ponías  encima las alpargatas. Este era el brasero individual: La escuela olía a goma quemada que atufaba, pero no había intoxicaciones,  porque yo creo que no se había inventado el anhídrido carbónico.

-Y la salsa era un condimento, donde se untaba un cacho-pan para mitigar el hambre con que te habías quedado al acabar de comer. Hoy oigo decir que la gente se apunta a salsa los sábados después de cenar. ¡Qué barbaridad!

-Las personas tatuadas eran aquellas que habían dejado parte de la piel en alguna reyerta, en la guerra o algo parecido; y lo más parecido a los piercings, era el alambrado que se hacía a los guarines para que no hozaran demasiado en el corral o en la zahúrda.

-No había café instantáneo;¡  no no ! ; se tomaba café el día de la fiesta,  y punto. Y aquel día se servía café, y ya está;  ¡ sin mariconadas!: hoy,  que si cortado, que si descafeinado, de sobre, de máquina, con leche templada, con leche muy caliente, corto de café.. ¡Pero qué es esto! ¿ adónde hemos ido a parar? ¡Ah! Y el que tenía azúcar,  se jodía y con azúcar, ¿ que es eso de la sacarina o el endulzante?…

-Te podías comprar un coche por cuatro perras; sí coño, pero ¿quién las tenía? . Yo conseguí mi primer seiscientos, de segunda mano y gracias. ¡ Y buen juego que me hizo!  Mira si salió bueno que con él íbamos los amigos de caza , y buenas piezas que nos cobrábamos.

-Las cosas estaban algo más arregladas de precio: Con diez perras gordas ( que pa los que no lo recuerden, era una peseta ), pasabas el domingo y te sobraba; bueno, si jugabas a la tanga, y tenías suerte a lo mejor ahorrabas; y eso que las cosas también costaban. Con cincuenta céntimos de galletas o de cacahuetes,  y un refresco,  pasabas la tarde; claro que debías haber merendao en casa. Todo era más barato: por un duro entrabas al baile y allí,  si tenías suerte que alguien te invitara,  pues te salía bien.

-En mi tiempo “la hierba” se criaba en los praos y a nadie se le ocurría fumársela. María era el nombre de una señora, y nadie ponía cara de circunstancias cuando se aludía a ella. En nuestro pueblo la hierba se cría de suyo, sin que intervenga la mano negra,  y si venía la guardia civil y te veía segando hierba, lo más que te podía hacer era quitarte la hoz, supongo que,  para evitar que te cortaras algún dedo.

-Si es que todo ha cambiado. En nuestro tiempo “las conejitas” eran las parejas femeninas de los roedores… hoy (¿¿) , como lo eran los escarabajos, aquellos bichitos que se apoderaban de las patatas nada más nacer;  a nadie se le ocurría llamarles volkswagens. Allí todo se arreglaba con la máquina de sulfatar y una papeleta de cruz verde. Y así todo…

-Fuimos la última generación que creía que una mujer necesitaba un marido para tener un hijo…¿hoy? Las cosas son algo diferentes.

Y bueno chaval,

-  ¿ Cuántos años crees que tengo ?

El chico no lo dudó:

-  ¡ Tú debes tener más de un siglo!

-         Pues mira no, ¡listo!, tengo  sólo,  algo más de la mitad.¡ Te enteras!

DGH


 
 
  2 comentarios  · autor: navamorales  ·  sección:  
     
 
domingo 01/junio/2008 16:16

Las tareas de labranza: haciendo memoria


Las tareas la labranza: Haciendo memoria ...

VOCABULARIO: "Romper, binar, terciar, sembrar, aricar, escardar, segar, atar, ajacinar (hacinar), amontonar, acarrear, tender, trillar, dar la vuelta la parva, limpiar, cerrar paja y barrer la era" .

¡ Qué trabajo es trabajar

cuando la ganancia es poca! ...

El duro trabajo del labrador ...

Sí, sí, para conseguir la cosecha, y hablo de los cereales que en Navamorales lo fueron básicamente el trigo, la cebada, el centeno ( en la hoja de pan), y las algarrobas en la hoja siguiente; para conseguir digo, una buena cosecha, con el permiso de los imponderables del tiempo, el labrador había de preparar la tierra en todo un repertorio de tareas, que hoy ya casi nadie recuerda.

La primera tarea consistía en “romper”. La tierra, quejosa de producir durante dos años seguidos necesita de cuidados y mimos; de ventilación y aportaciones varias. La tarea de airear la tierra, esquilmada y agotada de las dos cosechas anteriores necesita ahora de descanso. Es lo que se conoce con el nombre de “barbecho

Después de la primera labor, viene la bina;  binar no es otra cosa que volver a arar la tierra en otra dirección para removerla y hacer factible que la reja sea capaz de airear y profundizar en nuevas tierras mejorando y sacando a flote la tierra de las profundidades para ventilarlas mejor. A la bina, le sigue la acción de terciar. Y aquí no llegaban a tener suerte todas las tierras dispuestas al cultivo; consistiría en volver a roturar  la misma tierra en sentido distinto de las anteriores. Con esta nueva roturación la tierra quedaba preparada para acoger las semillas de las gramíneas allá por el mes de septiembre: es la época de la sementera.

La buena siembra debía realizarse después de haber estercolado abundantemente la tierra, ya fuera con aportaciones de “vicio”, que así se le llama al estiércol por estos parajes, o bien con la dormida recurrente de un rebaño de ovejas en el mismo lugar; fuera lo que fuera era bueno estercolar la tierra. La siembra era tanto más efectiva y provechosa si la tierra mantenía la humedad justa, ni mucha ni poca, para facilitar la germinación y nacimiento de la cosecha. Y ello venía propiciado por las últimas tormentas del verano o las primeras lluvias, allá por San Mateo.

Al poco de nacer, cuando ya verdegueaban los campos, pronto se iniciaba la tarea de “aricar”; y es que el sistema de siembra, y el arado romano al uso, dejaban a veces irregularmente distribuida las matas de semillas entre el surco y el caño. Con el arique, la línea de fructificación se alineaba mejor lo alto del surco y la reja dejaba bien marcados los caños,  a fin de sanear las posibles abundantes lluvias invernales. También se limpiaban notablemente algunas de las malas hierbas que acompañaban al hilo del nacimiento de la mies.

Y a llegada la primavera, las tierras sembradas, especialmente las de trigo, se escardaban; la escarda consistía en repasar surco a surco eliminando las malas hierbas, y recogiendo las matas de centeno, las centenas, que se solían aprovechar para el alimento del ganado. Y así quedaba ya el sembrado dispuesto a crecer, granar y espigar si el tiempo le era favorable.

Las primeras tareas de la recolección se iniciaban con el arranque de las algarrobas; tarea poco agradable, y menos cuando te tropezabas antes del amanecer con una mata de gatuñas. Antes de acabar la jornada y antes de que se secaran las algarrobas arrancadas,  ( mejor si mantenían un poco de humedad del rocío), había que hacer las montoneras.

Poco más tarde se comenzaba la siega de la cebada, del centeno; y se acababa la siega del trigo, no más allá de mediados del mes de julio. Otra tarea no menos afanosa era el acarreo; todas las algarrobas y los haces de la siega debían de ser transportados a la era: en Navamorales hubo siempre dos espacios públicos que aglutinaban la mayoría de las eras, y que eran y son, La Era Cerrá y El Lejío, amén de otros espacios particulares en prados cercanos al casco urbano del mismo pueblo. Las algarrobas eran traídas a la era y a renglón seguido trilladas y pronto limpias. En el caso del la cebada, el centeno y el trigo, los haces se agrupaban en hacinas hasta que les tocara ser de nuevo desbaratadas para proceder a la trilla.

Trillar, es la tarea más laboriosa y genuina de la era; duraba varios días, dentro del mes de julio, y para ello se aprovechaba el fuerte calor, lo que facilitaba esta labor que se realizaba con yuntas de vacas, burros, mulas o caballos. La forma circular de dar vueltas, en la que la yunta daba una y mil vueltas a la parva  arrastrando el trillo, se convertían en una tarea tediosa pero absolutamente necesaria; de vez en cuando los haces ya deshechos se habían de remover, hasta deshacer las gavillas y en su forma más auténtica, se daba la vuelta a la parva. Cuando se había separado ya el grano de la paja, y ésta tenía un tamaño adecuado, se consideraba que ya estaba bien trillada la paja ,  se procedía a amontonar. Con la rastra y con un cañizo en el que se montaban varias personas, tirado por la yunta, preferentemente de vacas, se llevaba hacia un lugar de la era, que dejara libre el espacio para volver a tender la siguiente hacina. Si la nueva hacina no era de la misma cosecha, se había de barrer el solar ( tarea que dejaba los riñones molidos como una mala cosa): el resultado de estas barriuras se amontonaba en el rebujal.

Después de la trilla, o durante la misma, si venía un día de aire ( viento), había que limpiar; la limpia es el procedimiento de separar el grano de la paja. Para ello se utilizaban las horcas, los bielnos, movidos por la fuerza bruta del hombre y también de la mujer. Cuando se había acabado de limpiar, el grano se guardaba en costales o sacos, medidos con la cuartilla, en fanegas,  y se acarreaba para casa y se subía al sobrao. No se olviden de las granzas: suerte de restos de pajotes y espigas mal trilladas que iban todas a un mismo montón y que se volvían a trillar al final del verano: era aquello de exprimir lo inexprimible. Pues todavía de allí se sacaban alguna faneguilla, después de pasar la criba y el harnero una y otra vez.

Sólo ahora se podían echar cuentas del rendimiento de lo cosechado. ¿ A cómo te ha salido a ti? Las tierras buenas producían a diez o quince fanegas la fanega; si era la cebada solía cundir algo más, pero en cualquier caso, el hecho es que en aquella economía de subsistencia se aprovechaba todo.

Cerrar la paja era otra tarea no menos ignominiosa; se había de hacer de madrugada, con la fresca. El carro engalanado para esta ceremonia, con una red, era cargado con la ayuda de una bielna. Los niños subidos al carro tenían la tarea de triscar la paja; transportado al pajar, alguien lo descargaba, y otra persona iba retirando del bocín la paja que había de ir llenando poco a poco el pajar. Paja de algarrobas, morena, de trigo, centeno y cebada, más blanca, iban a parar al pajar y serán un magnífico alimento base para vacas y caballerías durante el invierno.

Quedaba la paja de los rebujales y la de las barriuras ( de barrer la era). Esta tarea anunciaba ya  las postrimerías del verano y también se aprovechaba para las camas de los animales. Ha finalizado la recolección... y ¡coño!, ¿ cúantas vueltas le hemos pegado a la tierra, y sobre todo al cuerpo, para llegar a recoger esas cuatro fanegas...Pues ¡sí señor!, éste fue en un breve y resumido pasaje el trabajo al que se dedicaron nuestros antepasados de más de una, dos y tres  generaciones, en nuestro pueblo de Navamorales.

 ¡ Va por ellos !

DGH


 
 
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domingo 25/mayo/2008 22:32

Las antípodas de Navamorales


Las antípodas de Navamorales

Desde  esta página podrás averiguar dónde se encuentra el polo opuesto de Navamorales: sus antípodas.

Si la tierra es redonda, y eso parece que es una obviedad hoy, todos hemos sentido la tentación de pensar, qué hay exactamente al otro lado de esta bola que nos aguanta.

A ese punto se le ha llamado siempre Las antípodas. Pues bien, hoy es fácil identificar ese punto sin movernos de nuestra propia casa. Mediante  el link de esta página  podrás comprobar con tus propios ojos, dónde irías a caer en el supuesto caso que la Tierra se hundiera a tus pies y fueras a parar al otro extremo de la Tierra, estando claro está en tu pueblo, es decir, en Navamorales.

Quizás ya supieras o hubieras oído hablar de que las antípodas de España están en el otro extremo del mundo, y está ubicado en Nueva Zelanda. Bueno, eso está muy bien, Nueva Zelanda lo conforman dos islas, pero eso hablando de España; pero ¿y exactamente desde Navamorales?

www.antipodemap.com , te permitirá ver qué existe en el otro confín de la Tierra, y no es exactamente lo que se nos ha venido diciendo. Iríamos a parar en medio del océano, eso sí no demasiado lejos de Nueva Zelanda,  claro está.

Esta curiosidad ya lo fue en tiempos pasados por parte de Cristóbal Colón o de Hernán Cortés entre otros; pero estos hombres se lo tomaron totalmente en serio, se organizaron y,  se montaron su viaje, que debía ser algo más laborioso de lo que hoy podría ser por ejemplo un vuelo hacia aquella parte del mundo.

Con esta práctica web puedes presentarte allí y localizar tus antípodas en un plis-plas. El lugar exacto,  y diametralmente opuesto a Navamorales; y allí habría que llegar con algunas instrucciones de natación y a prueba de fuego contra los tiburones del gran Pacífico.

Nueva Zelanda es un país de Oceanía, con una extensión algo más de la mitad de España, unos 268.000 kilómetros cuadrados,  ubicada en el suroeste del Océano Pacífico y formada por dos grandes islas: La isla del Norte y la isla del Sur. Pues bien,  el punto antípoda de Navamorales vendría a caer entre las dos islas,  más cerca de las costas de la isla del Norte y próximo a los ciudades costeras llamadas Wuanganui, Foxton y North, que están como decimos al sur de la isla del norte, pero en pleno océano Pacífico. El llamado Mar de Tasmania las separa de Oceanía.  La capital Wellinton está situada en el extremo sur de la isla del Norte. El conjunto de las dos islas tiene algo más de cinco millones de habitantes y hablan inglés o maorí.

Y ahora, si te apetece viaja, ¡ suerte desde la distancia y desde Navamorales !

Ayuda: Una vez entrado en la web, busca Navamorales en el Original Map ( Mapa superior) y automáticamente te saldrá el punto antípoda corespondiente en el mapa inferior.

www.antipodemap.com

DGH


 
 
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