El viajero mira, distraído, a los huecos del muro que atraviesa. Se siente libre frente a la mole de piedra enmohecida por siglos de musgo ensortijado.
Una ventana hundida en los sillares. Miradas perdidas en busca de horizontes que llevarse a las manos. Sonrisas rotas. Libertad perdida.
El viajero suspira…
Férrea línea fría domesticada…
Habito entre sueños mordidos por el hambre
Despierto a la oscura presencia de la ausencia
De libertad clavada entre mis huesos.
No alcanzo a divisar la nada
Ni abrazar me es permitido
Al rocío.
Las lágrimas rebotan en la ira
Mas nada pueden.
Se fracturó mi brazo en pos del viento.
Se entumeció la libertad
Ya sin aliento.
Pedro A. López (Libertades)