En este año que termina perdoné errores casi imperdonables.
Trate de sustituir a personas insustituibles,
de olvidar personas inolvidables. Y no siempre acerté.
A menudo hice cosas por impulso.
Me decepcioné con algunos,
aunque, quizá, también yo decepcioné a alguien.
Abracé para proteger. Extendí con afecto mi mirada.
Me reí cuando no podía ni tenía, posiblemente, motivos.
Hice amigos eternos. ¿Y algún enemigo?
Amé y fui amado aunque alguien me rechazó
quizá por no saber amar del todo. Ni darme.
Grité y salté de felicidad. A veces lloré.
Viví el amor e hice juramentos eternos,
pero también lo rompí, no siempre sin querer.
He llorado escuchando música, viendo fotos o en una película cualquiera que me tocó muy hondo.
Llamé a veces para escuchar una voz.
Me enamoré de una sonrisa.
Tuve miedo de perder todo lo que me rodea
por no merecer tanta felicidad.
Pero sobreviví.
Y sigo vivo.
VIVE tú también.
En el año que empieza, prueba a ir a la lucha con determinación.
Al trabajo con el empuje de un nuevo amanecer.
Vive como si la pasión estuviera recién inaugurada.
Pierde con clase, si hace falta, y vence con osadía.
El mundo pertenece siempre a quien se atreve
y la vida es mucho más que ver caer las hojas de los calendarios.
Siéntete querido y quiere.
Siéntete partícipe del mundo.
Sé feliz en medio de la adversidad que los agoreros dibujan.
Sé tú mismo como si nada ni nadie pudiera apearte del tren que elegiste.
La vida alrededor continúa.
Un año empieza.
Pedro A. López. (Adaptación de un poema de Ch. Chaplin)