Devienen lánguidos mis días,
con efluvios de aromas del pasado.
Haces de leña y brasas requemadas
avivan caricias de mil vientos ,
y agitan las aguas estancadas.
Gotean esos filos con que el tiempo
rasga con furia nuestro vital motor.
En la caja de un reloj invisible,
giran despacio las manecillas del dolor,
mientras el minutero inservible
cree poder llegar hasta el ocaso.
Se desmorona la vida alrededor,
fluyendo entre mis venas.
El corazón apremia a las arterias rotas
mientras el tiempo, vil guerrero,
me halaga con ajadas sonrisas
del rostro de un airado traidor.
Fer. Alonso. (Traición)