Pies que remueven arena y sílice.
Ojos cerrados envueltos en el polvo.
Asmáticas gargantas que gritan en la asfixia.
¿Qué legado quedó, alma perdida,
de tus huellas hundidas en un barro
que, seco y arisco, se levanta
en polvareda sutil que a todos ciega?
Es inútil que soples con tu pulmón herido
y que inhales tormentas en un cielo
tomado por un ejército de ácaros
sobrevolando cabezas entregadas
al arte ahogado de descubrir senderos.
Ese polvo que araña tus bronquiolos
No es mas que aliento majado con estrellas,
hilo de cetrina presencia adormecida,
esputo cruel de las huellas hundidas.
Solo el polvo se posa entre tus manos.
No hay nada más que recoger andando.
Polvo empeñado en enfrentarte
a un futuro que quiere ser pasado.
Solo un puñado de polvo ya olvidado.
Pedro A. López. (Polvariscos)