La montaña proyecta su sombra
cerca de mis pasos cansados.
Observa el tiempo airada.
Tiene aun el color de un agosto perdido
mientras la surcan heridas de autovía,
despojos de un viajero o el implacable cierzo
que desmelena su bosque desteñido.
Observa mi andadura,
oscura frialdad, noche serena.
Su blanca tez su pálida mirada
aparece inerte, cuan sin vida,
Buscando, como yo, tocar reposo.
Quimeras y dudas.
Viento helado, visiones alteradas.
La montaña y yo...nos estamos mirando
Y ambos nos sabemos construidos
Por el paisaje tenue, por la morada simple,
Por la lágrima océano
Que moja desiertos interiores.
Ella y yo solo somos
trozos sin alma.
F. Alonso. Trozos sin alma.