No existe paso inocente que te aleja
Del sendero que pensaste marcar con cien mil huellas.
No hay soplo de viento sin motivo
Ni piedra sobre la que tropezar absurdamente.
Todo tiene un extraño mecanismo,
Un engranaje atroz,
Una marca roja sobre tu mirada,
Un faro apagado que, no obstante,
Distribuye señales que te acercan
A las áridas llanuras del destino.
Nada ocurre sin haber pagado
El impuesto de lo predeterminado.
Nada pasa tan solo por pasar.
No seas iluso.
De ti nada depende en esa rueda
Que gira en los sueños siderales.
Siempre ella gana el pulso
Que con tu vida anhelas desafiar
En esas horas en que crees que piensas.
Hay una línea dormida bajo aquellas hojas
La seguirás pensando que eres tú
Quien decide dónde colocar
El paso siguiente al que ya has dado.
Mas… no seas iluso, te repito.
Alguien, en algún sitio, está escribiendo
Cuál es la meta que persigues,
El momento en que tropezarás
Pisándote los ajados cordones
Que el destino desató en tus zapatos
De cansado caminante que avanza
Hacia el centro de la cruel diana
Hacia la que vamos dirigiendo
Esos pasos que no nos pertenecen
Pues fue alguien etéreo, quizá inexistente,
Quien nos lanzó hacia ella
Como dardos.
(Dardos hacia la diana. Pedro A. López)