No quiero seguir arrastrando un paso junto al otro.
No deseo ver mi ajada presencia sobre el tibio espejo del atardecer.
No he de ser nunca más la sombra que me sigue.
No apuntaré con el dedo incierto del destino a quienes beben el agua del olvido.
No anhelo más que hundir el último pie en el último sendero.
No siento como brota la roja saliva de la herida.
No sé vivir alrededor de la podrida esencia que al planeta sustenta.
No veo nada con los ojos cerrados. Ni aun abiertos alcanzo al rayo que fulgura.
No circula nadie por mi arteria mayor.
No hay flores blancas sobre el mármol que oprime mi suspiro.
(Pedro A. López. Negaciones)