Desde la húmeda ventanilla
de un tren sin destino,
ilusionado, el viajero
con su mirada cubre
paisajes y senderos.
Hermosas piezas de recuerdo.
Conocidos ya,
acaso verdaderos,
quizá solo soñados.
Entrañables, al cristal pegados.
Apagados colores destilan
sombras de pinceles nuevos,
marcando las señales.
del incierto destino.
Desde la ventanilla oscura,
de ese tren deseado
un corazón se mueve,
despierto, ajetreado,
mientras una sola mirada,
sola, avanza.
Fer. Alonso.