El mago,
poco antes de salir
se percató de que…
¡había perdido la chistera!.
El conejito blanco
se le quedó mirando
extrañado,
con unos ojillos
que ofrecían comprensión.
Era evidente que la actuación
no se podía realizar,
sin chistera
no hay truco de magia,
ese que todo el mundo espera:
Meter la mano y sacar el conejo blanco es....
No había tiempo
para comprar otra chistera
y por cierto
¿Dónde se compran las chisteras?
El conejito se arrinconó
resignado;
el mago tenía ansiedad,
rabia,
impotencia,
quería salir a ese escenario
y dar lo mejor de si mismo.
Quería ver al público entregado a su magia.
Pero… falló la chistera.
Cerraron el teatro,
devolvieron las entradas.
La taquillera dijo:
“el mago no encuentra la chistera y claro…”
Un señor mayor reconocía
que sin ella….
¿para qué ver una actuación
en la que el mago no sonríe irónicamente
escondiendo el truco?.
¿De que sirve sentarse en la butaca?
El mago pensó
-con todo-
en salir, pero la pena…
de haber perdido la chistera…
El artista se quedo solo
entre bambalinas
y pensó,
“otro día compraré una nueva”.
A fin de cuentas,
el teatro seguirá abierto
y el público…
a la espera de la magia…
(¿Dónde se compran las chisteras? F. Alonso.)