Rasga el oxígeno que respiro
jirones de piel que tapizan mis bronquios.
Hay algo en mis pulmones que se niega
a producir más vida. Nada quieren
que continúe la saga ya iniciada.
No quiero respirar ni oir la sangre
cuando galopa a lomos de mi extraño
reloj de vida ensimismado.
¿Qué hacéis, aires, nitrógenos,
ozonos, vapores de mística presencia?.
¡Acaso no veis que no os amo!
Apartad de mi vuestra sonrisa complaciente.
Dejad que un estertor apague aquella llama
que me engaña cuando en ella observo
el titilar vacilante de mis pasos.
Aire pútrido, corazón ahogado (L. W. Temp. Traducción)