Textos, viajes, poemas, ideas, sensaciones de esos rincones del mundo (exterior o interior) que nos proporcionan instantes de felicidad, de humor, de amor, de tristeza, de búsqueda....
Ir. Venir. Marchar. Volver… El viajero reabre su sextante, ojea su brújula, otea sus pasos… Ignora el rumbo. Solo se mece en el recuerdo de caminos hollados…
Todo está lejos ya…
La isla flota en mi memoria al otro lado del espejo
Travesía irrepetible sin pasado sin ilustres guías (Virgilio) ¿he de ir? ¿he de volver? Isla de la que no se regresa Flota en la soledad sin angustia
Está solo. Para seguir camino se muestra despegado de las cosas. No lleva provisiones.
Cuando pasan los días y al final de la tarde piensa en lo sucedido, tan sólo le conmueve ese acierto imprevisto del que pudo vivir la propia vida en el seguro azar de su conciencia, así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor. Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana con los ojos negados al presente y sólo tuvo sombras que apretar en la mano, fantasmas como saldo, un camino de nubes.
Soledad, libertad, dos palabras que suelen apoyarse en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence Sus huellas tienen hoy la quemadura de los sueños vacíos. No quiere renunciar. Para seguir camino acepta que la vida se refugie en una habitación que no es la suya. La luz se queda siempre detrás de una ventana. Al otro lado de la puerta suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario aprender a vivir en otra edad, en otro amor, en otro tiempo.
Ojos vidriosos, cara deshecha en lágrimas Me deslizare por las turbias aguas de la desesperanza Ya no me aferrare aun existir No quiero estar aquí cuando amanezca Los rayos del sol me cegaron, tanta luz para un corazón en l oscuridad Mi ocaso ha llegado, el sol se ha escondido tras las nubes de mi amargura El ocaso de esta efímero vivir llego contigo El sol se ha puesto en el horizonte del olvido, oscureciendo las habitaciones de mí ultima morada La luna encriptada en el cielo negro, aguarda Llora tristeza sobre mí, escupe su llanto sobre mis sienes Sangrando, desollándose en un ataúd sin fondo Caigo, caigo al abismo del sueño El cansancio, metal impregnado en la piel El sueño diseccionando mi cuerpo, el pánico me sofoca Desesperación, no hay vuelta a tras las lagrimas de mi madre sobre el césped ya nada prevalece aquí, en el mirador de la muerte, aquí donde su aire me asfixia Apoya la cabeza, reposa la vista, duerme…
Ecos que el Viajero rememora; palabras que suenan en su tímpano cansado; anhelos escritos en el viento…
Hay palabras que hacen vivir Y son palabras inocentes La palabra calor, la palabra confianza Amor justicia y la palabra libertad La palabra niño y la palabra gentileza Y ciertos nombres de flores y ciertos nombres de frutos La palabra valor y la palabra descubrir Y la palabra hermano y la palabra camarada Y ciertos nombres de países de pueblos Y ciertos nombre de mujeres y de amigos…
El viajero descubre un viejo refugio abandonado, una huella de obús que amamantaahora matorrales ingenuos. Y oye una voz perdida en el éter ofuscado del tiempo y la memoria. El viajero sabe de paz y huele a amanecer libre pero no puede sustraerse a escuchar el pálido eco del viento de la lucha pasada…
Cercado por el miedo vivimos formulando preguntas sin respuesta. Acechante el insomnio nos anuncia la hora del último naufragio en grises cementerios sin cruces ni sepulcros. Un día me dijeron que debía matar. En mis manos recién adolescentes, en mis oscuras manos que conservaban tibio el llanto de mi madre, pusieron un fusil. Y me hablaron de cosas y de cosas. Me enseñaron el arte sutil de la emboscada y urgieron mis oídos con siniestras canciones. Era yo un adolescente con os ojos abiertos al milagro del alba, del viento y de los mares, y debía matar. Unos hombres sin nombre, cegados por el sucio designio de otros hombres reptaban -como yo- en la maraña. Me debían matar. Dime, soldadito: nuestros uniformes son distintos nada más ¿no es verdad? Y en tu vieja cabaña que nunca visitaron los que entregan fusiles alguien quedó llorando, también, ¿no es verdad? ¿Qué hacemos desolado camarada, qué hacemos con los hombres que nos dan fusiles?
Vendrá un día más puro que los otros: estallará la paz sobre la tierra como un sol de cristal. Un fulgor nuevo envolverá las cosas. Los hombres cantarán en los caminos, libres ya de la muerte solapada. El trigo crecerá sobre los restos de armas destruidas y nadie verterá la sangre de su hermano. El mundo será entonces de las fuentes y las espigas, que impondrán su imperio de abundancia y frescura sin fronteras. Los ancianos tan sólo, en el domingo de su vida apacible, esperarán la muerte, la muerte natural, fin de jornada, paisaje más hermoso que el poniente.
El viajero ve reflejada su imagen en la agitada superficie de un charco del camino y se siente solo. Abandonado pero libre.
En este mismo instante hay un hombre que sufre, un hombre torturado tan sólo por amar la libertad. Ignoro dónde vive, qué lengua habla, de qué color tiene la piel, cómo se llama, pero en este mismo instante, cuando tus ojos leen mi pequeño poema, ese hombre existe, grita, se puede oír su llanto de animal acosado, mientras muerde sus labios para no denunciar a los amigos. ¿Oyes? Un hombre solo grita maniatado, existe en algún sitio. ¿He dicho solo? ¿No sientes, como yo, el dolor de su cuerpo repetido en el tuyo? ¿No te mana la sangre bajo los golpes ciegos? Nadie está solo. Ahora, en este mismo instante, también a ti y a mí nos tienen maniatados.
El viajero se para una vez más al borde del crepúsculo. Su cuerpo ansía abandonarse en el arroyuelo del sueño reparador. El viajero entorna su mirada y se deja llevar por el rumor celeste que cubre su cuerpo cansado.
Ya no sabe si sueña o rememora…
Ignora acaso si escucha una palabra o si solo se mece en un recuerdo… ¿Vivir?. ¿Dormir?. Tal vez…. Soñar…
Dormir no es vivir.
Vivir no es suspirar o presentir palabras que aún nos vivan.
¿Vivir en ellas? Las palabras mueren.
Bellas son al sonar, mas nunca duran.
Así esta noche clara. Ayer cuando la aurora,
O cuando el día cumplido estira el rayo final…
Con un pincel de luz cierra tus ojos.
Duerme.
La noche es larga, pero ya ha pasado.
Vicente Aleixandre. (Poemas de la consumación. Adaptación)