El viajero, nostálgico y cangrejo incombustible, se asoma al agua cristalina del tiempo y se refleja en las ondas concéntricas que dibujan los días a su paso.
El viajero ignora que la imagen que ve no siempre responde a la misma realidad que él intuye.
La dualidad le enajena….Duda sobre su propia cordura…
Luego camina.
Regreso al riachuelo que adornaba mi infancia.
Y en él me adentro aliviando mi memoria.
Un soplo de viento seca cien heridas;
recorriendo mi rostro lagrimas furtivas.
Volver atrás, cambiar trayectos no se admite;
Arreglar, enmendar errores ni se entiende.
Veo horizontes claros, muy nítidos,
cargados de notables silencios ya vividos.
En lo profundo, bajo el río, hundida
en sus aguas hay mil pasos y una senda.
Un grito silencioso, lanzado a la distancia,
adorna mi regreso al río de mi infancia.
Presumo que en éste lugar hermoso,
con sus aguas limpias, curo mi recuerdo.
Y así...
sentir, de paso, que me siento cuerdo.
Fer Alonso.
(Riachuelo)