Textos, viajes, poemas, ideas, sensaciones de esos rincones del mundo (exterior o interior) que nos proporcionan instantes de felicidad, de humor, de amor, de tristeza, de búsqueda....
Estoy a la entrada de un túnel. Estas frases perforan el tiempo. Tal vez yo soy ese que espera al final del túnel. Hablo con los ojos cerrados...
Las ideas se disipan, quedan los espectros: verdad de lo vivido y padecido. Queda un sabor casi vacío: el tiempo --furor compartido-- el tiempo --olvido compartido-- al fin transfigurado en la memoria y sus encarnaciones...
Entre el hacer y el ver, acción o contemplación; escogí el acto de palabras: hacerlas, habitarlas, dar ojos al lenguaje. La poesía no es la verdad: es la resurrección de las presencias, la historia transfigurada en la verdad del tiempo no fechado...
Cierro los ojos, oigo en mi cráneo los pasos de mí sangre, oigo pasar el tiempo por mis sienes. Todavía estoy vivo. El cuarto se ha enarenado de luna.
El viajero fue árbol, y guijarro dorado entre las aguas bravas. El viajero casi ha olvidado la sombra que una vez cobijó su caminar exangüe. Ya no tiene esperanza de hallar la encrucijada.
El viajero solo tiene un sueño prendido en la mirada.
Cuentan los vientos que en las noches cálidas
bailan en las islas de enfrente mis fantasmas,
que por el río bajan camalotes gigantes con pumas en sus lechos,
que las pirañas destrozan las ubres de las vacas todavía
y que el agua baja verde sobre mis pies sedientos.
Fui aquel árbol sin frutos que dormía a la sombra,
¿Dónde llevan los vientos al viajero?. ¿Qué frondosa arboleda le hace enfrentarse con su decorado interior?. ¿Qué extraños pedestales aúpan sus miedos, sostienen sus dudas?
Los ruidos difíciles que azotan las ramas, entonan un cántico de adiós…
Árboles blancos, árboles negros Desnudos en el parque solitario De luto el decorado, funerario... Árboles blancos, árboles negros.
Gemidos se escuchan en el parque solitario...
Con plumas blancas, con plumas negras Un ave eleva su canto funerario Se pierde en el parque milenario... Con plumas blancas, con plumas negras.
Fantasmas surgen en el parque solitario...
Las hojas blancas, las hojas negras; Árboles blancos, árboles negros; Y plumas blancas y plumas negras, De luto el decorado, funerario...
La muerte viene / como una arpía negra con los colmillos clavados en mi cerebro / la muerte viene a la chita callando con su hocico / afilado / entre palabras / entre mis huesos / esparcidos anteayer / en el asfalto de enfrente del poema torre / y el día de mi santo se lo regalé para la cena / entre los despojos de la carne / enroscados / en mi cuerpo aturdido / como un pensamiento virgen que se ha ido de caza.
El viajero se asoma a los vertiginosos precipicios, a los acantilados que penden de las nubes, y sabe –aunque quiere olvidar- que los abismos son la meta que desea. Las tormentas –las suyas- humedecen de lágrimas furtivas cada una de las huellas que su pausado caminar marca en los paisajes.
Los pasos conocen nuestro abismo El cuerpo pasea nuestro cielo La tormenta pierde trozos de carne Cada vez más inconcreta cada vez más débil Hay un principio de azul En este paisaje terrestre Y otro vindicador Como un dedo cortado Lo único que ves es una mujer dando vueltas Como un huso y copiando su delta En el delta de las aguas.
Un sauce de cristal, un chopo de agua, un alto surtidor que el viento arquea, un árbol bien plantado mas danzante, un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre: un caminar tranquilo de estrella o primavera sin premura, agua que con los párpados cerrados mana toda la noche profecías, unánime presencia en oleaje, ola tras ola hasta cubrirlo todo, verde soberanía sin ocaso como el deslumbramiento de las alas cuando se abren en mitad del cielo,
un caminar entre las espesuras de los días futuros y el aciago fulgor de la desdicha como un ave petrificando el bosque con su canto y las felicidades inminentes entre las ramas que se desvanecen, horas de luz que pican ya los pájaros, presagios que se escapan de la mano,
una presencia como un canto súbito, como el viento cantando en el incendio, una mirada que sostiene en vilo al mundo con sus mares y sus montes, cuerpo de luz filtrado por un ágata, cuerpo color de nube, color de día rápido que salta.
Voy entre galerías de sonidos, fluyo entre las presencias resonantes, voy por las transparencias como un ciego, un reflejo me borra, nazco en otro, oh bosque de pilares encantados, bajo los arcos de la luz penetro…
¿Qué espera el viajero?. ¿Dónde ha de aposentar su espíritu mientras el tiempo lo circunda?. Nadie, mas que un cielo insolente, observa su caminar pausado. Él, aguarda. Solo. Y mira al infinito.
Ha pasado el tiempo y nada ha sucedido.
Aquí estoy más expuesto que nunca a los demonios
y a la intemperie que los espectros
han dibujado en soledad para mis sueños: las brevas
ha tiempo están para caer y desde ahí reclamar
a los vivos lo que no fue cumplido. Olvidar fue la tarea
que me impuse a mi mismo; mas, poderosos hados impidieron
que en paz, los fantasmas hablaran con los vivos.
Nada ha sido olvidado.
Todo permaneceigual,
Aunque fluyan los deseos, o la imaginación, lea ya sólo
los nombres inscritos en las lápidas.
A veces, en silencio, veo un cielo infinito alumbrado
de titilantes astros, y escucho en madrugadas claras
como el agua que vierten las montañas, el grito
los montes de infinitas praderas.
¿Descansaré algún día?
No hay respuestas.
Ominoso silencio a la pregunta
Y sangra el corazón del hombre niño.
Dónde está elinocente juego del tiempo?
Pequeño, el corazón del hombre languidece en la tarde.
Pequeño es el horror de la línea de sombra
En que la nada crece.
Aquí estoy, entre ruinas, esperando, lo que no debía ser.
El viajero abre los ojos y no sabe distinguir dónde reencuentra. La etapa del camino está difusa, marcada con sangre reseca sobre el pergamino. Quizá es un sueño, pero el viajero no puede abandonarse. El entorno vibra nebuloso. El viajero está allí, frente a la ciudad temible…
Llegamos a la ciudad temible donde los corderos se columpiaban en alambres, rondaban patrullas de lenguas… las paredes eran distintas Se oían gritos,
se veía la sombra de los corderos columpiándose.
En el camino, nidos inasibles, puertas y tatuajes, mientras la sangre nos dimensionaba. Llegamos a la ciudad temible, de prisa, justo cuando las grietas perdonan lo que pasa dentro de las nubes…
El viajero encuentra la imagen de Pessoa mientras pasea. El bronce está húmedo. La tarde, lluviosa. El viajero se detiene frente a la gélida mirada del poeta. Y lee.
A veces. Uno quisiera hacerse un nudo a lo largo del esqueleto único en la parte más larga, más muda, más blanca, aquella que se enredó trágicamente en los cuernos de las Obras! Y, no puede. ¡No alcanza! Hacerse un nudo. Uno sólo. Mientras Ellos disparan, rugen, miente, afanan, sudan, luchan, matan. Negocios, Guerras, Sombras, Negocios, Guerras, Bombas. Bombas, Bombas, Bombas. Un solo negocio, grande. Una sola guerra. Una sola bomba. Uno quisiera hacerse el último nudo. ¡Y no alcanza!
Vendrá un día más puro que los otros: estallará la paz sobre la tierra como un sol de cristal. Un fulgor nuevo envolverá las cosas. Los hombres cantarán en los caminos, libres ya de la muerte solapada. El trigo crecerá sobre los restos de las armas destruidas y nadie verterá la sangre de su hermano. El mundo será entonces de las fuentes y las espigas, que impondrán su imperio de abundancia y frescura sin fronteras. Los ancianos tan sólo, en el domingo de su vida apacible, esperarán la muerte, la muerte natural, fin de jornada, paisaje más hermoso que el poniente.
En este mismo instante hay un hombre que sufre, un hombre torturado tan sólo por amar la libertad. Ignoro dónde vive, qué lengua habla, de qué color tiene la piel, cómo se llama, pero en este mismo instante, cuando tus ojos leen mi pequeño poema, ese hombre existe, grita, se puede oír su llanto de animal acosado, mientras muerde sus labios para no denunciar a los amigos. ¿Oyes? Un hombre solo grita maniatado, existe en algún sitio. ¿He dicho solo? ¿No sientes, como yo, el dolor de su cuerpo repetido en el tuyo? ¿No te mana la sangre bajo los golpes ciegos? Nadie está solo. Ahora, en este mismo instante, también a ti y a mí nos tienen maniatados.
Seguir, seguir… El viajero se esfuerza en continuar su marcha. Sus huellas le persiguen. Avanzar. Una meta. Un aleteo perdido entre las ramas… Un jardín ignorado…
El viajero, a la vista del ánimo de su marcha cansina, mira al cielo al caer la noche. Allá, sobre las ruindades cotidianas, brilla un aro de presencia cálida que le reconforta. Luego, distraído, pasea su vista por un poema que le devuelve una pizca de alegría cuando ya todo cae en brazos de la nocturna oscuridad…
La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía. Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, para ser rico sin que lo sepa nadie y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas.
El viajero, ese personaje que abrió este blog, y que –en un principio- anotaba cada verso, cada poema con una palabra adherida a su vivencia más íntima, hace hoy un alto en el camino para calibrar las últimas lágrimas vertidas en las entradas precedentes.
Y el viajero las califica de lágrimas ya que ¿qué si no son esos lamentos, añoranzas, tristezas o nauseas existenciales?.
El viajero sigue recorriendo caminos en la tarde. No hay mejor momento para divagar frente al crepúsculo o abrir la neurona nostálgica. El viajero se sabe inmerso en la nada y en el todo. Es una pincelada de arena en el viento o quizá una hoja de otoño pintada de verano oliendo a invierno. No es nada en la vorágine del devenir. Apenas un latido, un estertor sobre la piedra del sendero.
Algún poema insufla aires de alegre horizonte, pero solo en apariencia. Los hados se confabularon, tiempo ha, contra el optimismo consentido, frente a la inconsciencia disfrazada de sonrisa feliz.
El viajero solo halla cenizas en lo oscuro. Sus pasos se hunden en barros hediondos que se enroscan en los cordones níveos de su bota complaciente. Nada porta en la mochila abierta.Nada que suene a luz ni aparente color.
La faz del viajero es ya solo una mueca pero de ella se nutren las alas carroñeras.
Allende la senda. Más allá del camino. Sobre los senderos hundidos en los asfaltos descarnados, solo una flecha borrada por el tiempo señala a un infinito que esconde en sus entrañas al infierno voraz que ha de engullirle.
El viajero mira hacia atrás y gira su mente hacia adelante. Iguales son paisajes y espejismos. Solo la nada permanece inmune a la gota de rocío que humedece todas las conciencias a golpe de reloj.
Suenan bocinas, tañen agudos cascabeles, rebaños de masa ensordecida irrumpen en las perdidas carreteras sin rumbo. El viajero se mezcla entre las gentes. Y suspira…
Si puedes estar firme cuando en tu derredor todo el mundo se ofusca y tacha tu entereza; si cuando dudan todos, fías en tu valor y al mismo tiempo sabes excusar su flaqueza; si puedes esperar y a tu afán poner brida, o blanco de mentiras esgrimir la verdad, o siendo odiado al odio no dejarle cabida y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad;
Si sueñas pero el sueño no se vuelve tu rey: si piensas y el pensar no mengua tus ardores; si el triunfo o el desastre no te imponen su ley y los tratas lo mismo, como a dos impostores: si puedes soportar que tu frase sincera sea trampa de necios en boca de malvados, o mirar hecha trizas tu adorada quimera y tornar a forjarla con útiles mellados... ...si puedes mantener en la ruda pelea alerta el pensamiento y el músculo tirante para emplearlos cuando en ti todo flaquea menos la voluntad que te dice: "Adelante";