Grito ahogado en la bruma del tiempo
que pugna entre arcadas ácidas por volver a estrenar
pulmones negados al aliento joven
por capas de tiempo reabsorbido y áspero.
Hay un niño al fondo de la bruma
sostenido tan solo con aire de recuerdo.
Mira al vacío con una pizca de valor enardecido.
Va a saltar al presente. Él lo sabe.
Mas no es amplio su vuelo ni su aleteo le acerca.
La vorágine ya solo sabe a óxido y herrumbre.
La infancia se vistió de corrosión y cede.
Hay espejos rotos bajo la vertebral inmunda
que reflejan, insolentes y crueles,
la descuidada caída, atroz estruendo,
bajo el vuelo dormido de los jaramagos
a la sombra húmeda del mismo olvido.
Pedro A. López (Vuelo atroz)