Se apagaron los focos, los brillos, las pistolas,
Los besos, las miradas.
La pantalla atesora, como la gran retina
Del universo conocido,
Las lúcidas andanzas que en el cine fueron.
Las butacas se sumen en la oscuridad
Como hicieron siempre, mas sin un reflejo
Azulado, rojizo, anaranjado,
Brotando a dentelladas desde el lienzo
Colgado en la pared central, en el altar
De las soñadas aventuras de mil niños,
De padres, amantes, amistades con sexo
En la gélida fila del final del mundo.
Un insecto devora ya los rellenos hundidos,
Relame los alambres torcidos que, antañones,
Apoyaban dorsales, glúteos, cinturas,
Abandonadas al sueño etéreo de la luz filmada.
Mastica el animal sin aun saberlo
La base del imperio que se pierde.
Regurgita ensalivadas fibras que le arañan
Su garganta de insecto sin saliva.
Trata de vislumbrar algún destello,
Un grito de caballo, un olor de sexo abandonado,
Una llama de mechero cálido
Que prenda de nuevo aquellas luces
Que formaban historias y discursos,
Andanadas, sorpresas, ensayos aburridos,
Cataratas de amor, sangre destilada,
Persecuciones de odios, de caricias,
Películas de polvo ya olvidadas.
La butaca espera que la arranquen
De su fértil campiña sin abono
Para acabar mecida entre los mocos
De algún chaval que escucha gorgoritos
En la fiesta final de sus estudios.
La butaca dormita. Y el insecto
Yace abotargado y a la espera.
Pedro A. López. Butacas a la espera. (Muerto el cine, se acabó la vida)
Dedicado al más fiel de los cinéfilos: Fer A.