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Para los que buscan al Dios verdadero.

Cartas formativas sobre catolicismo.

 
 
     
 
Friday 29/August/2008 01:43

Luces Católicas N° 8. Septiembre 2008.-


  • Natividad de la Santísima Virgen María.
  • Los Angeles: -Introducción

                            -Dios y los Angeles: La prueba de los Angeles. El Diablo.

                            -Características de los Angeles.

                                                          

                                                         



LUCES CATÓLICAS

Nº8- Septiembre 2008

Natividad de la Santísima Virgen María.

 María Santísima, Madre de Nuestro Señor Jesucristo, nació en la ciudad de Nazaret de la región de  Galilea en Palestina en el año 16 antes de Cristo. Hija de San Joaquín y Santa Ana quien la concibió a avanzada edad y por designio divino, sin mancha de pecado original, para ser Madre de Dios y la criatura más perfecta de la Creación. Ana, santa mujer, intuyendo por don profético la excepcionalidad de la niña concebida, la ofrece a Dios para consagrarla al Templo a la edad de tres años, donde permanece hasta los 15; edad en la que es entregada por los sacerdotes a San José, de la tribu de David, para sus  castos desposorios.  José, hombre santo, se había consagrado casto al Señor   al igual que su Santísima esposa María que había ofrecido a Dios su vida, su pureza y su virginidad; renunciando, por amor a Dios, al valioso don de la maternidad; honra suprema de la mujer judía de aquellos tiempos. De la Virgen Eterna nace por, obra del Espíritu Santo, Nuestro Señor Jesucristo; Verbo Encarnado, verdadero Dios y verdadero Hombre, Redentor de la humanidad caída por la culpa original, convirtiéndose, de este modo, en la Madre universal de todos los hombres. La Iglesia celebra la  fiesta de su natividad el día 8 de septiembre.

LOS  ÁNGELES: INTRODUCCIÓN

Entre los meses de septiembre y octubre las festividades religiosas en honor a los Santos Ángeles acaparan el calendario litúrgico: el día 29 de septiembre, fiesta de los Santos Arcángeles: San Miguel, San Gabriel y San Rafael; el 1 de octubre, fiesta del Ángel de España y el 2 de Octubre,  celebración en honor de los Santos Ángeles Custodios. Es nuestro deseo honrar en este boletín a tan nobilísimos espíritus, que intervienen a lo largo de toda la historia de la humanidad, tal como vemos en las Sagradas Escrituras, en la obra salvífica de Nuestro Señor Jesucristo; cooperadores en la obra de la Redención y profundamente vinculados a la comunión de los santos.

 Dado que existen hoy en día y se distribuyen continuamente por los medios de comunicación tan variopintas  angelologías (doctrinas angélicas), muchas de ellas relacionadas con el esoterismo y el ocultismo, reminiscencia de viejas herejías; deseamos aproximarnos a la consideración de este tema desde la doctrina señalada desde tan antiguo por el magisterio de nuestra Madre Iglesia y con ello difundir una voz de alerta contra estas doctrinas heréticas.

 Deseamos también, elevar nuestra voz contra los errores que circulan, a veces también en nuestra propia Iglesia, sobre la no existencia del demonio. Humo satánico, sin duda. No en balde, dice San Pablo en su epístola a los Corintios (11-14); que el demonio se disfraza de ángel de luz para seducir con falsas doctrinas y con el único objetivo de apartar a los hombres, aún a los escogidos de Dios, del camino de la verdad y de la salvación.

Ángeles y demonios (y éstos últimos con Satanás a la cabeza) intervienen en una profunda lucha espiritual a favor y en contra de Dios, a favor y en contra de la salvación de los hombres, respectivamente; siendo el Reino de Dios la victoria sobre el diablo. Satanás reclama, constantemente, la parte del hombre que por la culpa original y el pecado le corresponde. Cristo compra a precio de sangre nuestras almas, para que por medio de la gracia que nos otorga a través de los sacramentos, especialmente de la confesión,  no tengamos parte con el demonio.

Más, para llegar a una verdadera comprensión de los ángeles, es imprescindible acercarnos al Dios verdadero que los ha creado. Al Dios Uno  y Trino de nuestra santa fe, a ese Dios que desde tiempos remotos se aproximó y rebeló al pueblo judío.

DIOS Y  LOS ÁNGELES: LA PRUEBA DE LOS ANGELES. EL DIABLO EXISTE.-

 En el Génesis  vemos como, ciertamente, todo lo creado por Dios es bueno; de sus manos no sale nada impuro o imperfecto. Bueno fue el hombre, en un principio, creado a su perfecta semejanza; buenas son las almas de los hombres cuando salen de sus manos (contaminándose sólo al tomar corporalidad a causa del pecado original) y buenos fueron también, en un principio, todos los ángeles de su creación. Más el mal, que no es más que la ausencia del bien,  surge por un acto libre de elección en las criaturas racionales a los que Dios dota, desde el principio, de libre arbitrio; como lo son los ángeles y los hombres.

En los designios de Dios, ni ángeles ni hombres estaban destinados a alcanzar la visión beatífica de Dios sin una prueba previa. Como hemos visto en boletines anteriores,  la prueba a la que Dios sometió al hombre fue mediada por la prohibición de comer del árbol  metafórico y real de la ciencia del bien y del mal en el paraíso terrenal.                                                                                  -                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            El El hombre falló en esta prueba por desobediencia, soberbia y lujuria y necesitó que Dios mismo, hecho hombre, viniera a redimirle con su sacrificio.

Consideremos ahora el caso de los Ángeles. Dios los creó en la perfección de su naturaleza como espíritus puros, les otorgó la vida Sobrenatural. Para ser probados, Dios anunció  que crearía al hombre; un tanto inferior a los ángeles y enviaría a la Segunda Persona de la Trinidad, Jesucristo, hecho hombre; a reinar sobre la tierra. Luzbel o Lucifer (que significa “portador de luz”), ángel bellísimo y muy cercano a Dios, se llenó de soberbia, afirmando que nunca serviría a Dios hecho hombre, porque como hombre, aún siendo Dios, era inferior a él. El Arcángel San Miguel, al grito de “quien como Dios” salió  en defensa del Creador y a él se unió una infinidad de ángeles fieles.  Podríamos decir que la prueba a la que fueron sometidos los ángeles originó la primera batalla teologal que se produjo  en   el   cielo.  Lucifer  sedujo también  a otra multitud de ángeles que se rebelaron junto a él, son los demonios, que quisieron junto a Satanás hacerse semejantes a Dios. Dios terminó expulsando del Cielo a Satanás y a los demás ángeles opositores y creó el Infierno para ellos, condenándolos, así, a penas eternas.  El jefe de los rebeldes es desde entonces Satanás, que significa Adversario o Acusador; al igual que la palabra griega Diábolos. Desde entonces, el diablo intenta transmitir al hombre esa actitud de rivalidad e insubordinación a Dios.

 Los ángeles fieles son admitidos desde entonces en la visión beatífica de Dios quedando confirmados en la gracia santificante (cosa que Luzbel nunca alcanzó). Dios les infundió la fe, la esperanza y la caridad para conocerle y amarle, además de las virtudes morales infusas y los dones del Espíritu Santo. Ahora y siempre, rodean y sirven a Cristo, su Señor y le sirven particularmente en el cumplimiento de su misión salvífica para con los hombres, como hemos dicho. La Iglesia venera a los ángeles que la ayudan en su peregrinar terrestre protegiendo también a todo ser humano, pueblo y nación.

El Diablo es aquel que, constantemente, se opone al designio de Dios y a su obra de salvación cumplida en Cristo y a medida que el hombre y la sociedad se alejan de Dios, el influjo del espíritu maligno se hace más profundo pues puede llegar a ocultarse de forma más eficaz. Para Satanás, pasar desapercibido y ser ignorado corresponde,  completamente, a sus intereses.  Su habilidad en el mundo es la de inducir a los hombres a negar su existencia en nombre del racionalismo o de cualquier otro sistema de pensamiento. Este es su mayor logro y su mejor estrategia. Satanás acampa así a sus anchas entre los hombres, induciéndoles a transgredir la ley divina. Sabemos  que un ejército que no conoce a su enemigo está condenado a la derrota, hemos pues de conocer al maligno para combatirle y recordar siempre  las palabras de San Pedro: “Sed sobrios, estad en vela porque vuestro enemigo el diablo anda como león rugiente  buscando una presa a quien devorar. Resistidle fuertes en la fe, sabiendo que la misma tribulación padecen vuestros hermanos que hay en el mundo” (1 Pedro 5, 8-9).  Satanás es un enemigo muy poderoso, superior a nosotros; pero si queremos, contamos con la gracia, tal como lo señala el Doctor angélico Santo Tomás de Aquino. Además, al no tener el diablo la visión beatífica de Dios está muy lejos de saberlo o poderlo todo y eso le pone en desventaja respecto a los ángeles fieles de Dios. Su poder en enorme, pero siempre limitado.  Existe una lucha inmensa entre las fuerzas oscuras del mal y las de la redención. Cabe, pues, comprender porqué Jesús en su plegaria, El Padrenuestro, nos enseña a invocar al Padre para suplicarle: “no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal”, es decir: líbranos del  maligno. En esta labor, nuestros ángeles nos ayudan de continuo y es para nuestro bien el invocarles constantemente, pues en todos nuestros pasos anhelan siempre asistirnos favorablemente. No temamos pues las argucias del maligno, temamos tan sólo al pecado y al no estar a bien con Dios; pues en este caso, sí tenemos todas las de perder ya que el diablo puede hacer mucho daño a nuestras almas y a nuestras vidas.

Veamos ahora la influencia maligna del demonio en la Iglesia.  En  Octubre del año 1884 El papa León XIII  experimentó una terrible visión y así lo ha relatado: “Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciéndole que él podía destruir la Iglesia y llevar a todo el mundo al infierno si le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes lo había podido hacer. Vi entonces a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones al abismo del infierno”. Después de media hora, León XIII llamaba al Secretario para la Congregación de Ritos, le entregaba una hoja de papel y le ordenaba que la enviara a todos los obispos del mundo indicando que, bajo mandato, tenía que ser recitada después de cada misa la oración que ahí había escrito: “Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo y protección contra la perversidad y acechanzas del demonio. Reprímalo Dios, pedimos suplicantes y tú, príncipe de la Milicia Celestial; lanza al infierno, con el Divino Poder, a Satanás y a todos los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas”.

 Por aquel entonces, la misa que se recitaba era la Misa Tridentina de San Pío V que fue promulgada en el año de 1570. El rito tridentino además de dar enorme gloria a Dios encadenaba a Satanás gracias a la oración de San Miguel Arcángel propuesta por León XIII y que se rezaba  en todo el orbe católico al finalizar cada celebración hasta que en el año de 1969 el papa Pablo VI, instituyó el nuevo rito que es el que ahora conocemos (Novus Ordo Missae) Últimamente, el papa Benedicto XVI ha intentado, sin éxito alguno, restablecer el antiguo rito que tantos beneficios y buenos frutos había reportado a la Iglesia y al mundo entero. Más se le ha hecho caso omiso, las conferencias episcopales no lo han aceptado, los obispos y sacerdotes no parecen querer obedecerle. Resulta penosamente  contradictorio que en nuestras celebraciones eclesiales  (misas, rosarios, etc.) se ruegue a Dios por las intenciones de Benedicto XVI y no se haya llevado a cabo, sin embargo, una reflexión seria sobre este asunto: la de reintroducir una misa cuya retirada de los altares fue anatematizada, en su momento, con pena de excomunión por San Pío V y que tenía que haberse recitado en todos los altares  de la tierra hasta el fin del mundo.

CARACTERÍSTICAS DE LOS ÁNGELES

La  palabra  ángel  procede del  latín  ángelus  que  a su vez  deriva  del  griego ángelos que significa “mensajero”. El término utilizado en el Antiguo Testamento es malk, que en hebreo significa delegado o embajador. Los ángeles son mensajeros o embajadores entre Dios y los hombres. La palabra ángel designa unos seres personales, espirituales, dotados de inteligencia, voluntad y libertad que ejercen el ministerio que Dios les confía. Los Tomistas definen a los ángeles como inteligencias creadas porque una inteligencia no puede ser otra cosa que un espíritu viviente, activo y personal. Los ángeles son, pues, sustancias inteligentes; espíritus puros que carecen de corporalidad y materia y son, por tanto, inmortales e incorruptibles.

El ser de los ángeles es conforme a la idea de la bondad divina y de la  perfección de la creación. En la escala de la creación de Dios existen creaturas meramente corpóreas (animales, plantas); mixtas, con cuerpo y espíritu (el hombre) y creaturas meramente incorpóreas o espirituales, superiores al hombre e  inferiores a Dios que conocen el universo mejor que el hombre, que dan la debida gloria al Creador y dan cuenta de la perfección del universo; estas criaturas son los ángeles.

En cuanto al número de los ángeles que permanecieron fieles, son una multitud que sobrepasa a la de todas las criaturas. En las Sagradas Escrituras se insinúa que son miríadas de miríadas. Jacob los llamó los ejércitos de Dios. Este sinnúmero de espíritus bienaventurados forman diferentes grados y rangos. Algunos Santos Padres han distinguido tres grupos divididos en tres jerarquías, constando cada jerarquía de tres coros, siendo éstos nueve en total: 1ª)  Serafines, Querubines y Tronos; 2ª)  Dominaciones, Virtudes y Potestades y 3ª)  Principados, Arcángeles y Ángeles. Según esta división parece que los ángeles, en sentido estricto, son los más numerosos y que en general el número de aquellos espíritus elevados se halla en proporción inversa a la sublimidad de su rango y del grado de su poder. Pero entre todos ellos, a pesar de la diferencia de jerarquía, forman el mundo de los espíritus unido por la inteligencia, la voluntad, el amor; guardando entre sí la más feliz armonía y la más inefable comunicación. Dotados de la visión beatífica y de ese estado de bienaventuranza, tienen un conocimiento excelentísimo de las cosas. Se conocen a sí mismos y entre ellos, conocen el universo y sus maravillas, las fuerzas naturales y algunos futuros contingentes.

Los ángeles se comunican sus conocimientos unos a otros. A esta capacidad se la conoce como locución angélica que consiste en  imprimir en el entendimiento de aquel a quien se dirige un concepto o idea igual a la que tiene. Según Santo Tomás, la conversación angélica se lleva a cabo sin más que con el deseo del ángel de dirigir su concepto a otro, es decir, queriendo que su concepto y la cosa entendida por él sea entendida por el otro.

Además de la conversación angélica existe la iluminación angélica mediante la cual los ángeles superiores ilustran a los inferiores. Esta iluminación angélica se extiende también al hombre: así como los ángeles inferiores son iluminados por los superiores en las verdades universales; así los hombres, inferiores a los ángeles, son iluminados por éstos mediante la semejanza con las cosas sensibles, es decir, tal como el hombre las puede conocer. Así, el entendimiento humano queda robustecido mediante la acción del entendimiento angélico y decimos que el hombre queda “iluminado” por el ángel.

De esta manera vemos que los ángeles ejercen enorme influencia sobre el mundo visible, intentando hacer que los deseos de Dios se realicen y la humanidad cumpla su destino. Todo esto  debe tomarse en consideración a la hora de evaluar la influencia maligna de los demonios sobre  el entendimiento humano ejercitando  fuerzas  contrarias que se oponen a la voluntad divina y al cumplimiento de la obra de la Redención. 

Para terminar nuestra exposición diremos que los ángeles son mediadores y ofrecen a Dios nuestras oraciones y buenas obras, intercediendo por nosotros. Del cielo a la tierra y de la tierra al cielo; llevan, interpretan y ejecutan las órdenes de Dios. Son, en definitiva, los espíritus administradores de quien Dios se ha querido valer para desempeñar el ministerio de nuestra salvación.

-María de Jesús-

santafaz_1@hotmail.com

Nuestro más profundo agradecimiento a los autores de la revista “Amigos de los Ángeles”,cuya lectura ha servido de inspiración a la realización de este  documento.

 
 
   · autor: maribel  · sección: General  
     
   
 
     
 
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