LAS DULZURAS DEL CORAZÓN DE JESÚS –
Dice Jesús a su sierva Benigna Consolata:
“Yo soy el que soy: un abismo de bondad, de misericordia y de amor y los más miserables son los mejor recibidos, con tal que sean presentados por la humildad, por la confianza y por el amor. Yo uso noventa y nueva partes de Misericordia y todavía, noventa y nueve partes de aquella parte que queda y sólo una centésima parte de Justicia. Es verdad que soy infinitamente justo, no puedo no serlo y sólo cuando no puedo obtener resultado con la misericordia, hago uso de la justicia. Yo no quiero hacer de ti un modelo de cómo mi justicia trata a las almas, sino una muestra de cómo las trata mi misericordia.
Dios ama tanto perdonar que precisamente por este motivo vino al mundo. Si eres débil, si eres vil, si eres frágil, por eso mismo tienes más derecho a mis gracias. Me ofendes si crees que mi misericordia tiene límites. Si piensas que no te concedo más gracias porque no correspondes a ellas con fidelidad, me tratas de negociante.
Uno que tiene mucha hambre, goza teniendo mucho que comer. Así, mi misericordia goza de poder consumir muchas miserias. Tráemelas todas pues por muchas que me traigas no lograrás apaciguarme el hambre y Yo las arrojaré en el fuego de mi Misericordia.
Mi corazón arde por el deseo de usar de misericordia y no puedo usar de ella según mis deseos. Aún las almas buenas ponen obstáculos a ella porque no tienen bastante confianza en mí. La desconfianza hace más daño al alma que una imperfección pues es como una carcoma que roe. Después de haber cometido una falta, es menester arrojarla de inmediato y confiadamente en mi Sagrado Corazón para que la consuma. El agujero de la carcoma es pequeño por fuera, pero por dentro ¡qué trabajo de destrucción lleva a cabo!...
Hay todavía otra especie de desconfianza y es la de un alma que confía sólo en sí y auque caiga vuelve a confiar en sí misma. ¡Si supieras la gloria que me da un alma que se halla en estado habitual de profunda humildad por el conocimiento de sus miserias!...Es tal el provecho que ella saca y la gloria que redunda para mi Misericordia, que Yo muchas veces permito el mal para obtener este mayor bien. Piensa que permito tus miserias para hacerte crecer en la humildad.
Ten confianza y recuerda que tu salvación depende de la confianza en tu Jesús…Soy siempre tu Jesús, soy el Jesús del Evangelio y ¿qué le dije al buen ladrón? ¿Le recordé sus pecados?... Y a la Magdalena ¿qué le dije? “Vete en paz, tus pecados te son perdonados” Yo soy el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Que los quita, no que los cubre, no que solamente los aparta de modo que mi Padre pueda aún encontrarlos…Yo los borro y los destruyo.
Has sido pícara; sabiendo que me agradan los presentes y no teniendo nada que ofrecerme, me has ofrecido tus miserias. Yo las he convertido en piedras preciosas. Aplica tu mente a pensar que Yo te miro con una mirada de dulzura, de suavidad, no de rigor y tú también, después de haber cometido alguna falta, mírame con una mirada de confianza que me arrebate el Corazón. Que el alma se sirva de sus imperfecciones como medio para unirse a mí mediante la humildad.
Se tiene una idea muy pequeña de la bondad de Dios, de su misericordia, de su amor para con las criaturas. Así como una madre no se cansa de levantar del suelo a su hijito todas las veces que éste se cae cuando empieza a dar los primeros pasos, así Yo no me canso de levantar a un alma cuando cae por fragilidad. Cuando el alma empieza a entregarse a la práctica de las virtudes comete muchas imperfecciones contra las mismas virtudes que práctica, pero Yo reparo estas imperfecciones levantándola, como la madre a su hijo…Sólo necesito de la buena voluntad del alma para poder obrar sobre ella.
Yo no amo tus miserias, pero te amo a ti que me haces ejercitar mi Misericordia. Lo que debes hacer cuando cometas una falta es humillarte y decir: “si Jesús no me hubiese ayudado quién sabe si no hubiese cometido una falta más grave.”
Benigna, tú eres el Apóstol de mi Misericordia…Tú llevas puesta mi bandera y ¿sabes que está escrito en ella? Misericordia del Corazón de Jesús para con los pecadores.
El alma del pecador es un caos. ¡Si hubieses visto qué masa informe era lo que constituía la creación antes de que el Fiat del Eterno Padre hubiese hecho las cosas tan bellas y ordenadas que admiras! Pero piensa además que el alma del pecador es un caos hediondo. Sobre este caos, como al principio del mundo, vuela el Espíritu de Dios, el cual con infinita ternura prepara primero la obra de la conversión por medio de impulsos e inspiraciones. Apenas el alma corresponde, aún antes del perdón, se produce un estado de casi preparación a la Gracia, como un esbozo de la misma. Después viene el perdón que el Espíritu Santo fecunda, poniendo en el corazón los nuevos gérmenes de las virtudes. El recuerdo del pecado cometido no debe hacer al pecador tener miedo de acercarse a mí.
¡Si supieras cuánto sufro! Sufro en todas las personas, sufro en los niños, sufro en los grandes, sufro en los ancianos, sufro en los religiosos, sufro en los seglares, pero de modo especial, sufro en los pobres pecadores…Cuando formes una intención de obrar por puro amor a Dios y por su mayor gloria, añade también la de obrar por la conversión de los pecadores, pues lo que me detiene de castigar a los malvados, son las oraciones de los justos. Estas desarman el brazo de la divina justicia. Cuando cesas de orar, ceso de usar misericordia….
¿Ves aquel fuego? Sobre el Infierno he tendido Yo una red de hilos de mi misericordia para que las almas no caigan dentro; pero aquellas que se empeñen en condenarse, ellas mismas cortan con sus manos los hilos que le impiden caer y una vez que han caído en él, ni siquiera mi bondad las puede ya salvar. A estas almas persigo para salvarlas, pero ellas huyen de mi misericordia.
Benigna, ayúdame a salvar almas, ayúdame a salvarlas con la fidelidad, con el sacrificio, con la oración y sobre todo con la humildad. Las almas corren al infierno por varios motivos, pero la mayor parte van arrastradas por el carro de la soberbia y es menester oponer grandes piedras de humildad para contener ese carro.
Yo quiero usar misericordia con esas almas que corren al infierno, pero deseo que tú me pidas esa gracia. Hazme esta caridad, ruega por estas almas y yo te escucharé siempre.”
LA PERLA DE LA GRACIA
En su Infinita Misericordia, Dios nos concede el don sobrenatural de la Gracia la cual se comunica al alma liberándola del pecado mortal. .La gracia nos hace hijos de Dios, participes de la naturaleza divina, templos vivos de Dios y herederos del Cielo, Es un don tan excelso que por ella Dios habita en nosotros; don santificante y vida del alma misma y que sólo el pecado mortal puede destruir. Por el don de la gracia santificante, el Espíritu Santo que mora en nosotros nos hace santos a semejanza de El.
La gracia santificante se comunica: 1º, a los no bautizados por el sacramento del Bautismo; 2º, la gracia perdida después del Bautismo por causa del pecado mortal, se puede recuperar por medio de la confesión sacramental. Así lo ha enseñado siempre nuestra Santa Madre Iglesia Católica pues estas enseñanzas derivan directamente de las de Cristo a sus Apóstoles: “A los que perdonéis los pecados, le serán perdonados”. Es en el confesionario donde las almas muertas y enfermas por el pecado recuperan su vida y su salud. La Confesión después del pecado es necesaria a todos los que se quieran salvar y por medio de ella Nuestro Señor Jesucristo derrama sobre nosotros, como un torrente de vida, su Divina Misericordia.
SAN ANTONIO DE PADUA
El día 13 de Junio celebramos la fiesta de uno de los santos más doctos y prodigiosos de nuestra Santa Iglesia y no encontramos mejor manera de honrarle que trayendo a nuestra memoria uno de sus milagros más entrañables:
San Antonio predica a los peces.- En Rímini y viendo San Antonio que ninguna predicación surtía efecto para iluminar a los herejes cátaros, se dirigió al mar y llamó a los peces diciendo: “Peces del mar, venid a oír la palabra divina ya que los hombres no la quieren escuchar.” Al punto los peces sacaron sus cabecitas a ras del agua y se pusieron en orden para escucharle. Entonces les dijo “El Creador os ha colmado de beneficios y le debéis por ello gratitud. El os ha dado por morada este elemento, habéis sido los únicos preservados del exterminio común del diluvio, habéis tenido el privilegio de haber alimentado al Creador hecho Hombre y de ser escogidos como alimento de penitencia; vosotros suministrasteis el dinero para pagar el tributo del Redentor y os visteis multiplicados en las manos de Jesús…Seáis benditos porque con vuestra obediencia habéis confundido a los obstinados en el error, quienes se han negado a escuchar la divina palabra. Alabad y bendecid al Señor.”
El Santo les dio la bendición y todos se retiraron rozagantes y retozando por las aguas en señal de alegría. El pueblo atónito, no sabía lo que les pasaba y vuelto a ellos San Antonio les dijo: “Aprended de los mudos animales y dejad vuestra herejía.” Entonces los herejes le pidieron perdón y le rogaron que los instruyese. Todos confesaron la fe y se convirtieron. Bonvillo, uno de los jefes de la secta que hacía más de treinta años que predicaba la herejía, abjuró públicamente de sus errores y arrastró tras de sí a la mayor parte de sus sectarios.
Amigos queridos, no seamos nosotros menos que los pececillos de San Antonio y escuchemos la voz de Dios.
- María de Jesús -
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