Tuesday 07/August/2007 15:17
HOY LA CRÓNICA NOS QUITA EL VELO DE LOS OJOS
UN ABSURDO ACCIDENTE
El martes 3 de Octubre de 1995, Pedro, el hijo de Sandra Cifuentes, le pidió permiso para salir a jugar al parque, que por cierto estaba muy abandonado y lleno de malezas. Eran las 10:30 de la mañana, aproximadamente, y nadie se podía imaginar que veinte minutos más tarde ocurriera un accidente de tal magnitud que conmocionara, no sólo a los habitantes del barrio El Pilar 1, sino a toda la población caleña.
Pues bien, la madre del niño le dijo: - “Si, mi amor, pero recuerda que antes del medio día debes entrarte para que te prepares para ir a estudiar. Antes de salir, vas a la tienda y me traes un límpido y un jabón para lavar la ropa”. Fue así como el niño se dispuso a hacer el mandado y cinco minutos después lo entregó.
Más tardó el niño en salir a jugar al parque cuando los gritos no se hicieron esperar.
Uno de los vecinos tocaba a la puerta muy fuerte:
-¡Doña Sandra, doña Sandra, su hijo se esta quemando!
El niño había pisado un cable de alta tensión que las empresas de energía habían dejado suelto y oculto entre el matorral, casi no se puede despegar al niño; la única forma fue conseguir bastarte cartón, ponerlo debajo del cable y del cuerpo del niño para que la energía descargara en el cartón. Una vez se logró descargar al niño, doña Sandra lo cogió entre sus brazos y salió gritando: “¡Mi niño, mi niño! ¡Se muere mi niño!”. Pronto apareció un taxi y en menos de dos minutos lo llevó al centro asistencial Carlos Holmes Trujillo. En la entrada de urgencias el guarda a cargo impedía el paso, pues según él, esa no era una emergencia, a pesar de que el niño iba convulsionando; “Usted debe hacer la fila, si quiere que la deje pasar” decía el guarda.
Ya eran las once y diez minutos cuando la señora pudo entrar al hospital, creyendo que al fin podría ser atendido su pequeño, pero no fue así, faltaba que ella hiciera la fila en la caja para pagar la consulta primero.
Unos cuarenta minutos después de estar la señora gritando desesperada porque no había llegado aún a la caja y la fila que no avanzaba para nada apareció una doctora muy formal “¿Qué pasa, qué son esos gritos?” preguntó la doctora, “esta señora, que viene de grosera, doctora, y quiere que la pasemos por delante de los demás, habiendo ciento cincuenta fichas por delante de ella”, dijo la secretaria, pero doña Sandra respondió: “Mi niño se esta muriendo y ustedes me lo van a matar si no lo atienden inmediatamente”; la doctora al ver el estado de la criatura regañó a la secretaria, diciendo que era el colmo que no hubieran pasado a ese niño inmediatamente entró, “deje de conversando por ese teléfono, que para eso no se le paga, llame inmediatamente una ambulancia, pues en el Centro Asistencial Carlos Holmes Trujillo ni una ambulancia hay”.
Ya eran las doce y cinco cuando se pidió la ambulancia. Cuarenta y cinco minutos después, es decir, a las doce y cincuenta el niño no esperó más; lo peor de todo es que ni aun después de muerto la ambulancia no apareció.
Sólo a las nueve de la noche se acercaron los funcionarios de medicina legal para hacer el levantamiento del cuerpo.
La doctora renunció a este hospital, pues no podía permitir que una injusticia se cometiera. Ella misma apoyó la demanda que la Junta de Acción Comunal, con la firma de todos los habitantes del barrio, que en total sumaban 258 firmas, interpusieron en contra del hospital y de las empresas municipales.
Dos meses más tarde, exactamente el 12 de Diciembre del mismo año, llegó la notificación a la Junta de Acción Comunal donde se informaba que la demanda en contra de las empresas municipales de Cali no era procedente ni tampoco contra el hospital, por el contrario, las empresas municipales ya habían iniciado un proceso jurídico en contra de la Junta de Acción Comunal y en contra de la madre del niño, ya que después del accidente y después de reiteradas llamadas telefónicas y memorandos escritos que se han hecho a las empresas municipales, estas no habían recogido el mortal cable, por lo que sus habitantes tuvieron que tomar medidas drásticas y ellos mismos, arriesgando sus propias vidas, recoger el cable.
Las empresas municipales demandan por contrabando de energía cuando ni siquiera este fue conectado en algún lugar, y, también demandan por suplantación de labores profesionales, pues ese era el trabajo del personal experto de Emcali y no de personas ajenas, como ocurrió en este caso. Por otra parte el juzgado sexto penal municipal que lleva el caso argumenta también que tampoco cabe la demanda en contra del hospital, ya que el guarda y la secretaria sólo cumplían órdenes.
Es hoy viernes 6 de Julio de 2007 y todavía la defensoría del pueblo y los derechos humanos, quienes son conocedores de este caso, no se han querido pronunciar, lo único de lo que se tiene noticia hasta el momento es que el doctor Sigifredo Morales Betancourt, médico cirujano y director de este hospital en el año 1995, renunció empezando el 2002. Sin embargo, hay quienes afirman que la señora no tiene nada que hacer ni la Junta porque llevan todas las de perder. A quienes apoyan a doña Sandra Cifuentes dicen que no se dé por vencida y que siga en la lucha.
Autor:
RICARDOSALAZAR OROBIO