Malherido por la vida, sin ganas de seguir, lejos del bosque que siempre nos cobija. Cansado, solo, abandonado, sin atisbar un mañana. El golpe recibido ha sido duro, lo esperabamos, pero no imaginabamos el dolor que iba a provocar. Reinventar la vida cuando no quedan fuerzas, ardua labor, imprescindible para sobrevivir, de momento curar las heridas, físicas del espíritu. Dolor y desesperanza. Y mucho hastio. Quizás solo reste vivir del desespero, habitar la ausencia, y tras curar las heridas buscar la rabia de vivir...