Sin duda ninguna el proceso migratorio es duro para cualquier ser humano por el motivo que sea. Dejar el país en el que se ha vivido buena parte de su vida no resulta agradable, puesto que es empezar de nuevo una vida en un mundo desconocido hasta el momento para la persona.
En mi caso llegue a España en el años 1.999 huyendo de la violencia en Colombia, violencia que se manifiesta de muchas maneras y en todas sus formas, no fue fácil para una persona provinciana empezar a hacer vida en un país con una cultura parecida pero con costumbres diferentes, no fue fácil adaptarme al ritmo de vida de esta sociedad pues pase de ir a 20 por hora a tener que ir a 80 y eso para el que no lo ha vivido no resulta nada cómodo. Una vez se ha salido del país empieza para la persona una cadena de obstáculos e inconvenientes que tiene que ir resolviendo como pueda, además solo porque hasta pasado mucho tiempo no es que se empieza a construir un mínimo “colchón” social en el cual uno se empieza a apoyar.
Después que se han “solucionado” algunos problemas como el caso de la estancia legal, el empleo y la vivienda (cosa nada fácil) surgen temores derivados de la inseguridad que significa vivir en un entorno desconocido y a veces desagradable que se deriva de tener que vivir en una sociedad demasiado individualista y en donde la sociedad de consumo te atrapa y te hace ver que solo si eres un consumidor empedernido vales para los demás.
Muchos problemas afloran para el emigrante lejos de su casa, se empiezan a tener enfermedades antes desconocidas, para citar solo una, el llamado Síndrome de Ulises que cuando le la da a la persona migrante sino lo mata lo deja loco, muchas veces se vuelves inseguro, distraído e introvertido, inicias un lucha interna porque cambias de un momento a otro tus costumbres por otras y a la larga te la pasas solucionando un problema detrás de otro.
Pues bien, llega el momento en que nos planteamos el retorno pero surgen más problemas, los hijos han crecido y ya no quieren volver, se han casado y ya tienes nietos y lo peor de todo es que te das cuenta de que al final no eres ni de aquí ni de allá y sin más remedio le toca seguir aguantando por difícil que sea la situación