Yo lo haría, de hecho me cansaría. Tal vez por eso Dios decidió que no le daría cachos a este burro.
-Pero mi amor, hace calor. –le sonríe.
-¡Acomódate la camisa, carajo! Cuando no te cae agua sucia, te la quitas para secar a un gatito o cubrirle la mano a alguien que sangra… pero ¡siempre terminas quitándotela! –reclama ella, mirando molesta a un grupito de gente joven detenido más allá.- ¡Dejen la veladera y busquen oficio! –y quedan a solas en pleno callejón.
Julio César.