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BALADA DEL VAQUERO ENAMORADO...

QUIERO HABLAR SOBRE LA PELÍCULA QUE ME HA GUSTADO COMO NO ME GUSTABA NADA DESDE XENA, LA PRINCESA GUERRERA.

 
 
     
 
Friday 14/November/2008 03:58

PERIODICOS EMBAUCADORES


Hace tiempo una hermosa joven me fue llevada para que me ayudara con el trabajo; pero fuera de bonita era un desastre. Debía hacer mi trabajo y corregir el de ella. Un día, toda vocecita dulce me dijo: “No lo ayudo, ¿verdad?”. A lo que respondí, mala gente como soy: “Ay, nena, a ti te podrían denunciar en Protección al Consumidor, fuiste una oferta engañosa”. Pero al menos era linda. Ahora está en la sub región y creo que gana más que yo.



EL NUEVO PAIS.jpg 

Soy un fanático de los periódicos. Me encanta leer la prensa, aunque me he estado curando un poco. Antes odiaba los Viernes Santos, los 25 de diciembre y los primero de enero porque no había prensa. No tener mis periódicos en las manos era una tortura real. Algo físico que me molestaba. Todo comenzó en la época cuando aún era presidente de la república de Venezuela (antes de caer en la cómica de la república de quinta) el aberrado de Carlos Andrés Pérez. Me interesaban sus delitos, las denuncias de sus tropelías y las de su entorno íntimo. La prensa estaba llena de gente acuciosa, dura, que lo asediaba, lo acorralaba y denunciaba los vicios y excesos de sus allegados. Rafael Poleo, Patricia Poleo, Alfredo Peña, José Vicente Rangel (aunque luego se supo que sólo era una estratagema para encubrir delitos peores), Nelson Bocaranda, Marta Colomina y otros, muchos otros, eran los implacable vigilantes de la cosa pública; pero luego fueron olvidados cuando el payaso que ahora nos desdirige dijo que antes la prensa ni los medios de comunicación atacaban la corrupción. Lo lamentable es que haya quienes lo repiten, como loros, sin detenerse a pensar con sus propias cabezas sobre sí es cierto o no.

 

Me interesa solamente la política, algo de economía y poco más. Nada de horóscopos, modas, sociedad u otros. Los deportes sólo cuando hay unas olimpiadas, un mundial de fútbol, o cuando juegan los Navegantes del Magallanes, del resto, nada. A veces hay periódicos que compro sólo por una firma, leo una columna, un articulista y rechazo el resto. En El Universal, un diario enorme, están Nelson Bocaranda los jueves y Marta Colomina los domingos. Sólo lo compro jueves y domingos. El Nacional, otro periódico grande, lo leo los miércoles por Marianella Salazar y los viernes lo hacía por Ibéyise Pacheco. Ahora, El Nuevo País es el fijo, el diario de todos los días, es el que me gusta. Corto de tamaño y en extensión, condesa y concentra todo lo que hace falta leer para saber qué ocurre en Venezuela y el mundo. Y esa era mi rutina diaria, comprar El Nacional y El Universal eventualmente, y El Nuevo País a diario por sus artículos. Allí estaban Alberto Nolia antes de enloquecer al confundir lo que pasaba con lo que deseaba que pasara; Ibéyise, Marta, Patricia, Rafael, Jurate Rosales; había secciones asombrosas como Harta Política, Tercera Edad, Arroz con Mango y muchas otras. Pero…

 

Y aquí comienza lo malo. Por razones extrañas, nunca suficientemente aclaradas, Ibéyise Pacheco salió de El Nacional, y aunque no se dijo claramente qué había sucedido, al parecer el periódico decidió ‘prescindir’ de ella, eufemismo para indicar que la querían fuera. Eso me molestó, por ella, por mí. Esa mujer está enredada como el quince juicios que el Gobierno mantiene contra ella para callarla, para anularla y de pasó intimidar a otros. La señal enviada por El Nacional no fue buena, y desde ese momento dejé de comprar el periódico; imagino que no les importará (“¿y qué importa ese pendejo?”), pero así fue. Ni lo leo si lo encuentro por ahí. Se me salieron. Ni siquiera que la bella Marianella escriba aún, los salva a mis ojos.

 

El caso de El Nuevo País es más curioso. Con el paso de los años han perdido parte de los articulistas que tenían, los buenos, incluidos Ibéyise, Marta, Alexis Rosas, que ahora es político, y otros. Sin embargo me mantenía fiel a ellos, por algo muy simple, Rafael Poleo escribía cada día, y Patricia lo hacia dos o tres veces a la semana. Con eso me bastaba. Ese hombre tiene un manejo del verbo increíble, así como conocimientos en economía, historia y política que sabe bien como transmitirlos, que hacía de sus columnas una delicia de fina ironía y feroz denuncia. Es más, algunas veces pensé que hasta brujo era, porque muchas de las cosas que vaticinaba que ocurrirían en este campamento minero legado por los libertadores, como dice él, se cumplieron con escalofriante exactitud. Por eso les era fiel.

 

Sin embargo el tiempo pasó y Patricia Poleo tuvo que salir del país, acusada de un sórdido crimen que desnudó en su momento la basura del régimen, el asesinato del fiscal accidental, Danilo Anderson; pero la maniobra no les resultó. Contra ella no hay ninguna prueba que se sostenga por propio pie como no sea por la insistencia del entonces Fiscal General de la República, Isaías Rodríguez, y el presidente Hugo Chávez, y ahora de la nueva Fiscal; no hay acusación formal, ni testigos de nada… pero si regresa al país, va presa. Es cuando comienza lo realmente malo. Compro todavía El Nuevo País, más como una costumbre que otra cosa, porque ya no escribe Rafael Poleo. Nunca. Y no es lo mismo con Patricia afuera.

 

Seguramente el señor Poleo está muy ocupado para elaborar personalmente una columna diaria, pero a mí me molesta el que ya no lo haga. En medio de un momento histórico cuando todo parece perdido, cuando el fantasma de la tiranía cubana intenta cubrir y asustar a todo el país, el señor Poleo hace un discreto mutis que encuentro ofensivo, sobretodo en un hombre que ha demostrado muchas veces valor y capacidad de lucha. ¿Por qué lo hace? Vaya uno a saberlo. No es un hombre medroso ni chillón, imagino que no será por miedo o presiones, pero… aquí estoy yo viviendo una crisis de orfandad informativa; me siento, y sonará absurdo o ridículo, traicionado y abandonado en medio de una trinchera en plena oscuridad.

 

La prensa en Venezuela se ha cubierto de gloria en estos días cuando no hay instituciones o poderes que frenen a un Presidente que se cree dueño de vidas y destinos; hay quienes sostienen que se han apartado de su deber sólo de informar, porque critican todo lo que hace el Gobierno. Ese punto se sostiene en muchas agencias y foros internacionales incluso. Al parecer que un gobierno desee adoctrinar muchachos en los colegios no debe ser informado, discutido ni opinado; igual el que enjuicien y encarcelen gente por dar opiniones, o que se utilice todo el poder del Estado para perseguir al que disienta. Aparentemente eso no es deber de la prensa informarlo, ni comentarlo, según los doctos foristas. Debe ser que el periodismo venezolano es marciano o algo así ya que se aparta tanto de las reglas de otros modos de medios informativos.

 

Pero ahora ocurre esto, hay silencios y abandonos. Lo engatusan a uno con una columna, te acostumbran a ella y luego te dejan colgando de la brocha, como al adicto que le regalan su ‘piedra’y un día el proveedor desapareced sin decir ni adiós. ¡No es justo!

 

Julio César.

 
 
   · autor: jcqt2223  · sección: General  
     
   
 
     
 
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