Mi tren lleva demasiado tiempo detenido en la estación de la tristeza y la insatisfacción, ¿partirá alguna vez? Hoy dije “no puedo, en verdad”, y ahora me pesa. Lo peor es que sabía, de alguna manera sabía que me arrepentiría. Son los muros, siempre están allí aunque no reparemos en ellos porque están hechos de costumbre.
-¿Soy lo que un día esperaste de la vida?
A veces debemos levantar muros tras los cuales ocultarnos para protegernos porque hay momentos cuando el corazón sangra, el alma llora y la vida escapa con cada bocanada de aire, y sabemos que si el mundo lo nota puede lastimarnos aún más. Pero esos muros crecen, endurecen, se eternizan, y lo que un día levantamos contra el dolor puede evitar que nos alcance la felicidad, y esta quedará fuera de nuestras vidas, llamándonos a gritos, desesperada, sin que reparemos en ello. ¿Se puede vivir sin felicidad, sintiéndose vacío, inconcluso, mirando con secreto pesar la dicha ajena? No lo sé; pero ¡qué difícil es saber y reconocer el momento que se vive!
Julio César.